Manuel Morillo Miranda: «Desconexión»

Pedro Sánchez
Pedro Sánchez

Señor Sánchez ¿Por qué no se hace y nos hace un favor y dimite? Por vergüenza torera debería irse, seguramente le consideren ya como el peor gobernante que hemos tenido y que seguramente tendremos, y a las pruebas me remito. Encomendó a Gabilondo la defensa socialista de Madrid, le envió a una derrota política segura contra Ayuso y de paso se deshizo de su camarada Pablo; se ve que es de los de tirar la piedra y esconder la mano, aunque eso suponga pactar con el mismísimo diablo, pero la jugada le salió rana y perdió votos hasta en barrios que consideraba como baluartes, el mismo Vallecas por decir algo.

Con la hostelería y el sentimiento no se juega y continúa erre que erre con intentar penalizar el ocio, así que ya no se han contrariado solo los madrileños sino que el pastel del centralismo está empezando a resquebrajarse en pro de las diferentes comunidades autónomas que no soportan ya el desgobierno existente y que al menos miran por la ciudadanía. Éste es solo un ejemplo de la disconformidad de las CCAA con papá y mamá, pero hay más.

El segundo ejemplo son las vacunas, el cachondeo máximo, de «traca i mocador» como dicen en mi tierra, indefinible y esperpéntico. El ministerio de sanidad aconseja, más bien dicta y sentencia desde su ignorancia, sino no se actuaría de este visible modo; que si te has puesto la primera vacuna de Astra Zeneca, has de firmar un consentimiento para ponerte la segunda dosis de la misma, pero si te pones de primero Astra Zeneca y de segundo Pfizer no debes rellenar ningún documento, ¿No debería ser al revés?

Yo no soy de mezclar alcohol, si bebo cerveza, cerveza y si bebo vino, vino…así, que ¿Por qué tengo que mezclar algo que de por sí ya me tiene  escamado al ser una vacuna de nueva generación?. Pero esto va más allá, antes no había vacunas y ahora ya puedes ir a cualquier hora que te vacunan seguro, esto no es es de mi invención, hay un control descontrolado o un controlado descontrol, como se le quiera llamar, y el «protoloco» sigue fallando.

También se pensaban que habría otra ola, y no de calor precisamente, para seguir teniendo a la gente en vilo y con falta de libertad, pero con el fin del ilegal estado de alarma la ciudadanía está empezando a salir de su provocado letargo y quiere pedir responsabilidades por la inanición gubernamental, y esto sí que será una ola ascendente sin fin, sobre todo cuando a muchas personas se les acaben sus expedientes de regulación de empleo, temporales o no; entonces es cuando el lobo será lobo y no cordero como hasta ahora.

Y desde luego no ayudan decisiones como la de cambiar la tarificación de la factura de la luz, eso provocará tensiones a medio o largo plazo entre la vecindad y mucha gente no creo que esté dispuesta a ponerse a planchar de madrugada o poner lavadoras como si se fueran de «after, ya los veo bebiendo cubatas al son de la lavadora, !qué temazo! parece de chiste pero no lo es. Las noches son para dormir, no para discutir con vecinos, con tu propia familia ni para tender ropa; son multitud de «memes» los que corren como la espuma sobre este tema, y eso nos dice una cosa, que el españolito no ha perdido ni perderá un ápice de su retranca irónica que nos caracteriza: la inventiva picaresca.

Si algo nos caracteriza es que le solemos y podemos sacar punta a todo, desde los primigenios juglares y trovadores, pasando por lo quijotesco, hasta llegar al esperpento y lo digital, nuestro humor ha prevalecido y prevalece hasta en los momentos más duros de nuestra historia.

Por otro lado, me parece que vive usted en un mundo paralelo, no sé cómo se puede preocupar por como será la «España del 2050» en vez de intentar subsanar los problemas que ahora nos acucian, desde su poltrona no atisba a observar la que nos está cayendo, y no de agua. Un buen gobierno se preocupa y ocupa del presente y no del futuro, como decía aquél gran hombre que ya no está: «Puedo prometer y prometo»; las promesas se tienen que cumplir sin finalidad, la misma promesa es su fin y no hay medio, es mejor no prometer nada que mucho, pero en política ya se sabe.

Por no hablar de que se debe sentir como el «Fausto» de Goethe al haber vendido su alma y no poder recuperarla, por lo menos en esta legislatura, y el precio a pagar está siendo muy alto, incluso hasta llegar al enfrentamiento con la jurisprudencia. Se habrá dado cuenta de que esa lucha es como la del Quijote contra los molinos, siempre tienes las de perder.

En fin, quien fuera por un rato un lúcido Max Estrella en «Luces de Bohemia».

Manuel Morillo Miranda

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