Benavides y Malospelos en Las Cortes

El tono de las diputadas socialistas con el reloj averiado

El tono de las diputadas socialistas con el reloj averiado
Soraya Rodríguez. EP

La Sesión de Control al Gobierno estaba siendo de todo menos aburrida. El reloj luminoso, que controlado desde la Presidencia regula el turno de palabra, se había averiado y el cómputo de los tiempos se hacía «a ojo de buen cubero».

En uno de los escaños de la quinta fila, se levantó una mujer morena y esbelta, embutida en un traje oscuro y con blusa clara, para formularle una pregunta al ministro de turno, en este caso el de Educación.

Acabó la pregunta y siguió otra, hecha por otra mujer, también morena y esbelta, y, como la anterior, con cara de lista y ajena a la figura a la que los maledicientes de la «canallesca» conocen como «barbi pepesoci».

Las dos tenían una cosa en común: el tono de voz, que me hizo ir a «maese Google» y al «Doctor diccionario RAE» para preguntarles por la expresión «tono de voz»:

Proviene del latín tonus, que se deriva de un vocablo griego que significa «tensión» – me dijo uno.

Número de vibraciones por segundo que caracteriza a cada sonido, por el cual es más o menos agudo o grave – me aclaró el otro. , que además me remitió a otra expresión: «subir el tono» que significa «hacerse más fuerte o violento.

Para entonces una tercera mujer, de unas características físicas distintas a las anteriores pero con el mismo tono de voz, se estaba dirigiendo al siguiente ministro: La ministra de Empleo y Seguridad Social Fátima Báñez.

Mientras tanto, un operario, posiblemente electricista u oficial experto en averías, accionaba cerca de los pantalones del Presidente del Congreso incapaz de arreglar el reloj.

Y entonces oí el comentario de alguien: unos estudiantes que estaban en la Tribuna de Invitados de al lado y que con la sencillez propia de las mentes abiertas definía lo que estaba oyendo:

– «Estas señoras parece que están enfadadas» -dijo uno.

– Sí, están enfadadas.- aceptó el otro.

Y a mí me dio por recordar los tonos de Soraya (la portavoz socialista intentando la mordacidad), de la rubia y bellísima Elena Valenciano echando la bronca y de tantas otras buscando el conflicto. Y me asaltaron las dudas:

¿Realmente es que estas mujeres están enfadas o es que hacen como si lo estuvieran? ¿No será que busquen montar la bronca para que nos enfademos los demás? ¿O es que simplemente pretenden echarnos una cordial regañina, de esas cariñosas con las que las bondadosas matronas reconvienen a sus retoños?

Entonces recordé una expresión del falible, más que inefable, José Luis Rodríguez Zapatero, que Dios conserve por muchos años contando nubes, a micrófono cerrado y a Iñaki Gabilondo ante los micrófonos de la SER:

A los socialistas nos beneficia que haya tensión

Y casi, casi, que entendí el tono de las bellas mujeres socialistas. Habría mucho que objetar, pero por aquello de la libertad de expresión, la licitud de todas las posturas y el derecho de cada uno a cometer y empecinarse en sus propios errores, sólo me atreví a un par de objeciones:

El mal tono agria el carácter

– Las regañinas, dichas con vehemencia, deforman la cara, hacen que aparezcan arrugas en la comisura de los labios y son proclives al nacimiento de patas de gallo en los aledaños de los ojos que no son estéticos ni favorecen a las bellas mujeres.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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