Los populares gobernarían en minoría si PSOE y Podemos no suman

Mariano Rajoy calcula que bastará al PP superar los 140 escaños para volver a ser presidente

Pablo Iglesias, una «estrella en declive»; Pedro Sánchez, una «intermitente»

Mariano Rajoy calcula que bastará al PP superar los 140 escaños para volver a ser presidente
Mariano Rajoy, lider del PP. EP

El podemito Errejón cree posible una unión con el PSOE tras las generales, para ocupar al alimón La Moncloa

Mariano Rajoy tiene un objetivo: obtener 140 diputados en las elecciones generales que todavía no ha convocado pero que prometió celebrar antes de que acabe el año. Ese guarismo de tres cifras es un mantra en La Moncloa.

Por debajo, sabe que sus posibilidades de afrontar un segundo mandato menguan de manera dramática (Albert Rivera ve en Mariano Rajoy un ‘problema’ para que Ciudadanos pacte con el PP).

Los responsables de su campaña electoral han usado la calculadora: si se recupera cerca de un millón de votos de simpatizantes propios, que decidieron quedarse en casa antes que otorgar su papeleta al PP en las pasadas municipales y autonómicas, se puede llegar a esa cifra mágica de 140-150 diputados, suelo que, aunque lejano de la frontera de los 176 asientos parlamentarios de la mayoría absoluta, al PP le permitiría gobernar en minoría con el apoyo puntual de Ciudadanos que, si bien a la baja en las encuestas, sigue gozando de un estimable 11,1% de respaldo popular, según el último CIS (El PP consolida su liderato recuperando casi tres puntos mientras Ciudadanos y Podemos se llevan un batacazo).

Todo, como subraya Mayte Alcaraz en ‘ABC‘ este 13 de agosto de 2015, si la izquierda no logra sumar un número suficiente de actas que conviertan a Pedro Sánchez en presidente del Gobierno. Porque en Moncloa no cabe ninguna duda de que la última oferta de Íñigo Errejón ha puesto en bandeja una posibilidad acariciada en Ferraz: el compromiso de que Podemos unirá sus fuerzas a las del PSOE para desalojar al PP del poder.

Un alto cargo popular lo manifestaba este miércoles así:

«En Ferraz no hay ningún tipo de recelo en pactar con Pablo Iglesias si así Sánchez obtiene votos suficientes para sentarse en Moncloa».

No obstante, el «costalero» preferido para los socialistas, según reconoce en privado uno de sus dirigentes, es la formación de Albert Rivera, para reeditar un pacto de investidura a semejanza del andaluz, con menos coste en imagen para un partido que se llamó socialdemócrata (Ciudadanos insta a PSC y PP a a que le apoyen y formar Gobierno en Cataluña tras el 27-S).

Pero la oferta del número dos de Podemos sonó bien a un líder que, como Pedro Sánchez, se la juega en las urnas a final de año. Por eso fuentes socialistas definen su situación política con esta irónica disyuntiva:

«O será Pedro El Breve, y será removido por sus numerosos enemigos internos, o será Pedro I, convirtiéndose en el tercer presidente socialista español. No hay término medio para él».

El desgaste del populismo

Pero Rajoy fía más su suerte a sus números que a los que coseche la oposición. Dicen en su entorno «que sale a ganar y se encuentra mucho más optimista que hace dos meses, tras el descalabro del 24-M, que nos dejó a todos noqueados». Eso sí, con realismo. Si algo tiene claro el presidente, al igual que su jefe de campaña, Jorge Moragas, es que ni por asomo el PP conseguirá repetir los 186 diputados con los que se pulverizó en 2011 la mayoría absoluta de José María Aznar doce años antes.

Pero si días después de las municipales y autonómicas en Moncloa se daba por seguro que el giro a la izquierda del electorado, movido por el descontento social, podía comprometer seriamente un resultado digno para el centro-derecha a finales de año, el CIS de julio ha arrojado otra foto-fija más esperanzadora, animada por las «alegrías» económicas del Gobierno.

El sentimiento de incertidumbre e inestabilidad que proyectan los gobiernos autonómicos y municipales conformados por alianzas de PSOE y Podemos, con el concurso de nacionalistas radicales, han devuelto bazas al PP.

La volatilidad es tal que en solo tres meses los partidos han sufrido vaivenes de hasta tres puntos.

El propio Rajoy ha recuperado en ese tiempo 2,6 puntos, situándose en un 28,2 % de apoyos. A 3,3 del PSOE y con la estela del radicalismo de Podemos en imparable descenso en intención de voto.

«Más Rajoy»

Los expertos que asesoran a Rajoy tienen claro que el bipartidismo no ha muerto, «pero debe reinventarse». El CIS ha sentenciado que sigue vivo, aunque la marca de los dos principales partidos continúe en un 53%, frente al 80% que siempre sumaron.

Por eso, Moragas y su equipo están aprovechando este mes de agosto para planificar una estrategia que ya ha dado sus primeros pasos: más Rajoy. En la calle, en bicicleta, bañándose en Galicia, haciendo ejercicio, saludando a unos veraneantes y, si es necesario, al teléfono para dar órdenes al ministro del Interior de que compareza y explique su polémico encuentro con Rodrigo Rato.

Y todo vale: las redes sociales desde luego, pero especialmente la televisión generalista.

Por eso, los sábados de agosto se hace guardia en Génova: a media tarde los cargos del PP que participan en las tertulias nocturnas de las cadenas privadas se reúnen para prepararse las intervenciones. Ni un detalle a la improvisación.

Eso sí, a pesar del optimismo los populares no descartan que el escenario futuro puede ser cruel: Rajoy debe ganar para gobernar, pero incluso venciendo, si está por debajo de esa cifra soñada de los 140 escaños, puede irse a la oposición en caso de que la izquierda atesore más fuerza.

Es decir, se plantearía un reparto de poder que, por primera vez en la historia de nuestra democracia, no garantizaría ser presidente del Gobierno de España al candidato más votado.

El antecedente de Aznar

Estos días, en el entorno del Gobierno se estudian escenarios de debilidad aritmética como los que llevaron a Adolfo Suárez a la presidencia y, más próximo, el que acompañó el primer mandato de José María Aznar hace 19 años.

El cuarto presidente español obtuvo entonces una exigua mayoría de 156 escaños que le obligó a tender puentes con Coalición Canaria, Unión Valenciana y Convergencia i Unió.

En aquella tesitura, el socialista Felipe González decidió, pese a la débil bolsa de apoyos de su adversario popular, no obstaculizar la formación de un gobierno del partido ganador en las urnas.

Este 13 de agosto de 2015, en Ferraz nadie garantiza que se siga esa tradición ni mucho menos se descarta un pacto de investidura a varias bandas que no incluya al partido más votado.

Y además, en la baraja del PP los comodines se han reducido. Solo está Ciudadanos; y su líder juega últimamente a exigir la retirada de Rajoy para apoyar al PP. Eso también preocupa.

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