El líderl del PSOE trata de engatusar a Pablo Iglesias con un 'Gobierno del cambio'

Pedro Sánchez ‘suplica’ a Podemos que le de sus votos para poder ser presidente

En el discurso del candidato, de casi 90 minutos, la palabra más repetida ha sido "cambio"

Pedro Sánchez 'suplica' a Podemos que le de sus votos para poder ser presidente
Pedro Sánchez. EP

No le llega la camisa al cuello y se nota: Pedro Sánchez ha abandonado este martes, 1 de marzo de 2016, la tribuna del Congreso sin ofrecer la supresión de las Diputaciones, uno de los cinco puntos irrenunciables que recogían tanto su pacto con Ciudadanos como la copia oficial de su discurso como candidato a la investidura.

Esa medida había provocado fuertes fricciones internas en el PSOE.

«No le doy mayor importancia. Está en el acuerdo. Está firmado. Tiene su lógica. Entiendo que ha sido casi como arrancar una muela [aceptar ese cambio para el PSOE]», ha valorado Juan Carlos Girauta, portavoz parlamentario de Ciudadanos, partido que ha hecho de esta promesa una de sus banderas, al considerar que acabar con estos organismos liberaría 5.000 millones de euros para financiar políticas sociales.

Si ese ‘lapsus‘ fuera lo único, tendría un pase, pero lo de Sánchez va mucho más allá.

En la tribuna del Congreso y durante 96 soporíferos minutos, trufando sus frases con metáforas culinarias y leyendo todo, el aspirante socialista se hartó de pedir apoyo a un «Gobierno del cambio y del diálogo» que saque a España de la situación de bloqueo y, sobre todo, que rectifique las consecuencias de la etapa del PP en el Ejecutivo.

Su mensaje va dirigido especialmente a Podemos, para que propicie un cambio político en España.

El miércoles por la mañana intervendrán todos los portavoces, pero ya avanzaron este martes su rechazo a la candidatura del socialista. Para el partido de Pablo Iglesias el mensaje de Sánchez sigue siendo insuficiente y, además, debe romper con Ciudadanos para negociar el apoyo de Podemos.

El líder del PSOE acudió al debate de investidura con el acuerdo firmado con Ciudadanos, insuficiente para ser elegido presidente. Por eso convocó reiteradamente a todos, salvo al PP, al acuerdo y la cesión:

«Estamos obligados al diálogo. Es imperativo moral, y también una necesidad funcional. Así lo han decidido los españoles. Exigen arriesgarse a un diálogo del que ninguno saldrá igual que cuando lo inició».

Su empeño es vano por el momento porque solo tiene asegurado los votos del PSOE y de Ciudadanos. Es decir, 130 a favor, 219 en contra y la abstención de Coalición Canaria.

Con esos votos no superará la mayoría absoluta que se requerirá en la votación de la noche del miércoles, ni la mayoría simple del viernes. Si fuera así, sería la primera investidura frustrada de la historia constitucional, pero desde este miércoles empezará a correr el plazo de dos meses para que se repitan las elecciones el 26 de junio si no se ha elegido un presidente el 2 de mayo.

Hasta el viernes puede negociar para ampliar su acuerdo, aunque dio a entender que todo lo fía a la llamada a elegir entre Rajoy y él, y no ofreció novedad alguna a su izquierda, salvo que las reserve para las réplicas de hoy.

Por eso, su mensaje repetido en varias ocasiones iba dirigido especialmente a Podemos, que con sus 65 diputados puede propiciar el fin del Gobierno del PP.

«Dieciocho millones de españoles y españolas votaron por la no continuidad del actual Gobierno. Dieciocho millones de españoles esperan un Gobierno distinto, que repare las consecuencias de los errores que se han cometido y abra camino a otras, y mejores, políticas».

TODO LEIDO

Durante 96 minutos leyó un discurso reiterativo en el que la palabra más presente fue «cambio» y en el que se presentó como única opción para sacar a España de la situación creada por los resultados electorales del 20 de diciembre. Solo el PSOE, según su explicación, es capaz de aglutinar un Gobierno de cambio en España con cesión de todos.

Remarcó esa idea con la recurrente expresión «se puede hacer la próxima semana», para subrayar la posibilidad de empezar a aprobar inmediatamente las iniciativas que desmontarían las medidas de Rajoy.

En su análisis volvió a descartar la posibilidad de un acuerdo de gran coalición con el PP, hizo una enmienda a la totalidad del mandato de Mariano Rajoy y, a continuación, dejó claro que no es posible matemáticamente un acuerdo de izquierdas, a pesar de que «a muchos votantes socialistas nada les gustaría más que un Gobierno que aglutinara a las principales fuerzas de izquierda».

La única fórmula que puede conformar una mayoría, según explicó, es el acuerdo transversal de los partidos que quieren un cambio y esta idea la remachó casi una docena de veces. «¿Queremos un cambio de Gobierno basado en el acuerdo, sí o no?», se preguntó retóricamente Sánchez.

El líder de los socialistas apeló a su responsabilidad para asumir el encargo del Rey, agradeció al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, su voluntad de acuerdo e hizo un relato pormenorizado del acuerdo firmado con el partido naranja.

Sin mencionarlo expresamente, convocó a Podemos a un acuerdo de mínimos con cesión de todos los grupos -mientras Pablo Iglesias y sus diputados respondían con aplausos irónicos a los elogios a Albert Rivera- e hizo al líder de este partido alguna alusión inequívoca: «El Gobierno del cambio se modela a partir del acuerdo, no del asalto».


Rechazo de Iglesias

También lanzó guiños a Podemos en forma de propuestas, como un plan de emergencia para 750.000 familias, entre otras.

Todas esas medidas, subrayó, podrían ponerse en marcha la próxima semana si Podemos permitiera su investidura, absteniéndose. Hasta este miércoles por la mañana los grupos no fijarán sus posiciones, aunque Iglesias ya avanzó que votará en contra.

«Hay una amplia mayoría que defiende, desde diferentes sensibilidades, un cambio de Gobierno, un cambio de las políticas que se han impuesto y un cambio en las formas de gobernar».

Reiteradamente, el aspirante enfrentó la opción del PP con la del llamado Gobierno del cambio:

«Existe un amplio acuerdo sobre los cambios que queremos en materia de regeneración democrática, reconstrucción del Estado del bienestar, reactivación y modernización económica, creación de empleo con derechos y lucha contra la dualidad del mercado laboral, o el combate sin cuartel contra la corrupción. Solo hay dos opciones. Nos quedamos parados o nos ponemos en marcha».

No dejó claro qué tipo de Gobierno propone, si en solitario o en coalición. Se limitó a asegurar:

«Los diputados y diputadas del Partido Socialista sabemos que no tenemos una mayoría parlamentaria suficiente para gobernar en solitario. Un Gobierno no partidista, no con una visión unitaria y parcial de la realidad, un Gobierno apoyado desde diferentes fuerzas, con diferentes ideologías, pero que compartan la idea de convivir en un amplio territorio común».

Para justificar su decisión de presentarse a la investidura sin un acuerdo que le permita gobernar, Sánchez aseguró que pretendía «dejar clara la firme voluntad de trabajar por un cambio de la política española», resolver «el bloqueo de la situación política a la que la falta de responsabilidad del señor Rajoy nos había llevado» y respetar el encargo del Rey.

Sánchez incluyó una referencia a Cataluña, sin admitir el referéndum de autodeterminación, pero sí la opción de intentar una reforma constitucional y un acuerdo sobre el documento que el entonces presidente de la Generalitat Artur Mas entregó a Mariano Rajoy con 23 peticiones en julio de 2014. El ahora presidente en funciones ni contestó entonces a esa petición. Para DL y ERC la oferta es muy insuficiente.

Es decir, tampoco consiguió Sánchez moverles hacia el acuerdo.

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