LA RELACIÓN ENTRE FELIPE VI Y LA PEQUEÑA DE LA FAMILIA, ROTA

El Rey quita a su hermana Cristina la mitad de su escolta dejándola con sus vergüenzas al aire

A día de hoy custodian al matrimonio Urdangarin y a sus cuatro hijos, en el barrio ginebrino de Florisant, tres agentes que se turnan

El Rey quita a su hermana Cristina la mitad de su escolta dejándola con sus vergüenzas al aire
Iñaki Urdangarin y la Infanta Cristina. EP

La decisión de las tres jueces de la sección primera de la Audiencia de Palma de permitir a Iñaki Urdangarin fichar cada mes en Ginebra no obliga a los exduques de Palma a mudarse a España de momento, como llegaron a temerse.

Según da cuenta Ana Isabel Martín en ‘ESdiario’, la Infanta Cristina debe de estar encantada, puesto que cuanto más lejos esté de su hermano y su cuñada, mejor. Porque, se mire por donde se mire, la relación entre Felipe VI y la pequeña de la familia está rota.

A tal punto ha llegado la situación que el Monarca ha reducido a lo mínimo el personal de Seguridad asignado a Doña Cristina y su familia con cargo a la Casa de Su Majestad el Rey, donde trabajan en torno a 400 policías y guardias civiles bajo estrictas órdenes de confidencialidad, comandados por el coronel de la Benemérita José María Corona Barriuso. Son herméticos.

Según ha sabido ‘ESdiario’ de fuentes de Casa Real, a día de hoy custodian al matrimonio Urdangarin y a sus cuatro hijos en el barrio ginebrino de Florisant tres agentes que se turnan, mientras que hasta hace poco eran el doble. Aun así habrá muchos que piensen que siguen siendo demasiados.

En cualquier caso, cuando la Infanta y su familia se mudaron a Washington en 2009, Zarzuela les asignó un dispositivo formado por seis agentes. Ese número se mantuvo cuando tres años después volvieron a Barcelona y también cuando de ahí los Urdangarin se trasladaron a Suiza. Todo bajo el reinado de su padre, Juan Carlos I.

Con su hermano ha topado

Pero con Felipe VI, que lo primero que hizo fue tacharla de la Familia Real -ahora lo son sólo él, su mujer y sus dos hijas-, la Infanta privilegios. Y ésta es una prueba más. Aunque no tiene motivos para quejarse precisamente, puesto que es cuanto menos cuestionable que siga teniendo personal de seguridad pagado con fondos públicos.

El Mundo calculó hace algunos años que cada uno de los escoltas destinados a su protección venía a costar unos 50.000 euros anuales a las arcas españolas, sin contar dietas, alojamiento y viajes. Así que a día de hoy la suma de tres seguramente no bajará de 200.000 euros.

A pesar del mobbing de su hermano, Doña Cristina ni tuvo ni tiene la más mínima intención de renunciar a sus derechos sucesorios. Como tampoco el Rey tiene intención alguna de rehabilitar a su hermana, tal y como desveló ESdiario la semana pasada.

Y, aunque tener apostada a la prensa española a las puertas de su casa suiza casi permanentemente es un incordio, siempre será mejor que volver a España, a juzgar por los insultos que el jueves recibió Urdangarin a su llegada a los juzgados de Palma.

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