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Meritxell Batet, la presidenta socialista del Congreso, recibe a una delegación iraní y pide a las diputadas no tocar ni mirar de cerca a los hombres

Meritxell Batet, la presidenta socialista del Congreso, recibe a una delegación iraní y pide a las diputadas no tocar ni mirar de cerca a los hombres
Meritxell Batet. PD

«El feminismo nos lo hemos currado en la genealogía del pensamiento progresista, del pensamiento socialista«, dijo recientemente, alzando la voz en actitud altiva, la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Carmen Calvo.

O sea, que el feminismo se gestó en el seno del socialismo a lo largo de sus años de historia.

La altanera aseveración de Calvo rezumaba ese poso de soberbia intelectual que caracteriza a un partido que ha tratado siempre de patrimonializar ideológicamente todas las conquistas sociales.

Pero como la mentira tiene las patas muy cortas y la hipocresía termina por salir a flote, las palabras de Calvo resuenan hoy como un eco al conocerse que el Congreso de los Diputados que preside la socialista Meritxell Batet se ha puesto de hinojos ante el machismo teocrático iraní.

El servicio de protocolo de la Cámara Baja recomendó a sus señorías que se «abstengan de dar la mano ni tocar a los iraníes» que asistieron este 3 de septiembre de 2019 a una reunión en las Cortes españolas.

Meritxell Batet y Pedro Sánchez (PSOE).

Y aún más, a las mujeres diputadas se les instaba a «no mirar a los ojos desde lejos» a los miembros de la delegación enviada por Teherán.

Cabe esperar que, en un rapto de honestidad intelectual, la vicepresidenta Carmen Calvo exprese su indignación por lo ocurrido este marters en el Congreso y sea consecuente con la «genealogía del pensamiento socialista».

Todo el arrojo verbal que demostró hace un mes para erigirse en guardiana de las esencias feministas debería brotar hoy para denunciar el intolerable acto de sumisión machista vivido en la sede de la soberanía nacional.

Y, sin embargo, todo apunta a que el socialismo español guardará un vergonzante silencio. Las palabras de Calvo se estrellarán, una vez más, contra el muro de su propia hipocresía.

Tampoco, claro está, Pablo Iglesias morderá la mano que en su día le dio de comer.

Sometida sin pudor al régimen iraní, la izquierda se ha acostumbrado a cabalgar sus contradicciones. Está por ver la respuesta de las asociaciones feministas radicales.

Se admiten apuestas.

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Autor

Francisco Lorenson

Polifacético y innovador reportero, lleva años trabajando en el sector y aprendiendo de algunas de las personas más inteligentes del negocio.

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