Figuras emblemáticas del PSC y CiU unidas por la corrupción

Trincolandia o el cáncer de la corrupción

La mangancia de los políticos empieza a ahogar la democracia en España

La trama de Cataluña tiene la peculiaridad de que la corrupción es transversal: afecta tanto al PSC como a CiU.

La corrupción salpica toda la geografía española, como una fiebre contagiosa de la que no se libra ninguna comunidad ni ningún partido político.

El viernes pasado, era detenido el alcalde de El Ejido, anteayer, el alcalde y tres concejales de Castro de Rei (Lugo) y este martes, siete personas relacionadas con una trama de blanqueo de dinero y especulación inmobiliaria en Santa Coloma de Gramanet y otros municipios de Barcelona.

Entre los detenidos, destacan dos viejas glorias de CiU, Macià Alavedra y Lluís Prenafeta, importantes colaboradores de Pujol y hombres clave en el Gobierno de Cataluña en los 80.

Otro de los implicados es Bertomeu Muñoz, alcalde del emblemático feudo de Santa Coloma desde 2002 y miembro del Comité Federal del PSOE.

La trama de Cataluña tiene la peculiaridad de que la corrupción es transversal: afecta tanto al PSC como a CiU.

Queda de manifiesto que, por encima de las ideologías, la corrupción puede unir a alcaldes, concejales, empresarios y conseguidores sin escrúpulos, dispuestos a cualquier cosa con tal de enriquecerse.

UN FENOMENO APESTOSO Y TRASVERSAL

La operación de la Audiencia Nacional en tres ayuntamientos de Barcelona vuelve a poner de manifiesto que el de la corrupción en las entidades locales no es un fenómeno anecdótico o marginal, propio de un reducido número de oportunistas que se valen de la política para enriquecerse con negocios turbios.

Se trata de un fenómeno peligrosamente extendido y demostrativo de que los mecanismos de control, inspección y supervisión son insuficientes ante los desmanes de cargos políticos que convierten el servicio público en una excusa perversa para un enriquecimiento fácil y rápido.

No transcurre una semana sin que salten a la luz pública investigaciones policiales o de la Fiscalía que alarman a la opinión pública por la facilidad y la impunidad con la que se manejan el dinero, las influencias y el nepotismo en algunas esferas del poder.

EL PODRIDO OASIS CATALAN

Este martes fueron detenidos Maciá Alavedra, ex consejero de Economía de la Generalitat de Cataluña con Jordi Pujol; el ex dirigente también de CiU Lluis Prenafeta; el alcalde socialista de Santa Coloma de Gramanet,Bertomeu Muñoz, y el ex diputado del PSC Luis García, entre otros militantes socialistas.

Todos ellos acumulan en su dudosa hoja de servicios a la política investigaciones pasadas por casos de corrupción -en Cataluña nadie ha olvidado aún la famosa expresión del «tres por ciento»-, a las que ahora se suman nuevas acusaciones por irregularidades en la adjudicación de obras y servicios vinculados a la construcción.

El rosario de delitos sobre la mesa es, lamentablemente, de sobra conocido para la ciudadanía: tráfico de influencias, blanqueo de capitales, cohecho…

SIN RESPUESTA ADECUADA

Sin embargo, la respuesta institucional al fenómeno de la corrupción ya no puede ser sólo policial, judicial y política, con la depuración -más o menos rápida, y más o menos eficaz- de responsabilidades, con destituciones o expulsiones de un partido político.

Son exigibles una profunda regeneración ética en los partidos y una actitud ejemplarizante porque el escaso crédito de que gozan todas las formaciones políticas entre cada vez más ciudadanos desliza a todo el sistema por una frustrante pendiente.

La corrupción es un fenómeno que no discrimina en función de adscripciones ideológicas, sino que corrompe el sistema político sobre el que se sustenta la propia democracia, provocando efectos demoledores en una opinión pública que tiende a estigmatizar sin matices a la clase dirigente.

EL MODELO ITALIANO

Se corre el riesgo de que ese desapego de la sociedad hacia sus gobernantes se extienda a medida que los casos de corrupción se generalizan en medio de un ambiente de indignación.

Es lo que ocurrió en Italia, donde los escándalos que afectaron sin distinción a los partidos tradicionales provocaron el derrumbe del sistema, lo que favoreció la aparición de formaciones de corte populista sustentadas en la figura de personas concretas al margen de la estructuras de poder de las formaciones clásicas.

Nada hay más nocivo que ese sentimiento colectivo que se traduce en la expresión «todos los políticos son iguales», porque refleja que la desconfianza se ha instalado en los resortes más íntimos de la sociedad.

 

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