La fundadora de las sectas y el iluminado de la Moncloa

Vidas paralelas: Mary Baker y ZP

Mentalidades primitivas y negadores de la realidad

Las doctrinas de Mary Baker y de Zapatero tienen ciertas similitudes: accesibilidad, pertenencia sin sacrificios, aprovechamiento de otras doctrin

Cuentan que Zapatero no está en sus mejores momentos. Buena parte de sus quimeras, construcciones mentales y montajes de poder se están viniendo abajo, lo que parece afectarle a la autoestima.

Incluso la parte más consciente de su partido relativamente ajena a su secta está muy preocupada por el futuro y se desharía de él como de un peligroso heresiarca sino ello no pusiera en peligro todo el tinglado construido afanosamente a lo largo de la Monarquía.

La singular personalidad de Zapatero puede que termine en el limbo de la inanidad pero es posible que sea estudiada en el futuro por expertos en mitos y fundadores de sectas o religiones positivas. Si ganó unas elecciones aprovechando de modo inmisericorde el trauma, desolación y desconcierto producidos por los salvajes atentados del 11 M, no es menos cierto que renovó su mandato ganando las siguientes sin atentados, salvo uno notorio contra la verdad, negando la realidad de la crisis devastadora que asola España y aprovechando la debilidad de la oposición.

Pero ahora que Zapatero va a tener contacto con la religiosidad norteamericana al ser invitado por Obama a asistir a una oración comanditaria tan propia de ese joven pueblo, acaso tal experiencia pueda ilustrarle acerca de sus fallos y carencias o contradicciones. Pues el talón de Aquiles de la secta progre fundada por él se encuentra en la negación de lo numinoso trascendente, cosa que probablemente será lo más original que pueda aportar a la historia de las sectas.

Fundar y desarrollar una secta atea no es fácil, pero menos aún mantenerla. Privada del recurso a lo numinoso o metafísico, las sonrisas, el talante o la continua reelaboración «teológica» difundida desde sus púlpitos mediáticos no pueden sostener su tinglado cuando falla todo lo demás, incluida la mantenencia como decían nuestros clásicos.

Así, por ejemplo, forman parte de sus sucesivos (y fallidos) dogmas el cambio del clima climático, la alianza de civilizaciones, la memoria histórica, la emocionante sensación de ser progre solidario con todas las víctimas del mundo mundial del malvado capitalismo, con el gusto bienhechor de darse cuenta que se es progre entre esas lágrimas fervorosas que nos distinguen de la insensible derecha extrema, que ser progre es estar contra el Mal, que nunca ha de alcanzarnos porque para eso vela el gobierno matriarcal desde su lucecita de Palacio con su oportuna subvención ad hoc.

MARY BAKER, VIDAS PARALELAS

Pero ciertos rasgos de la personalidad de Zapatero recuerdan a los de una notable fundadora de sectas, la Mary Baker de Christian Science, (antes moral science).

Aparente fracasada mosquita muerta, enfermiza, de muy rudimentaria formación y capacidad intelectual, estaba dotada sin embargo de un gran tesón y fuerza interna dedicados a la consecución de un fin monotemático y fijo: destacar, ser famosa y ganar poder y dinero.

Su ascensión desde la oscura miseria al estrellato y el éxito de fama y dinero constituye todo un hito del ejercicio de la voluntad sin frenos morales y del comportamiento de las sociedades de masas. Un milagro, si vale la expresión, no muy lejano del logrado por Zapatero con su peripecia política, en especial, al lograr su reelección.

Ambas personalidades de reminiscencias herméticas son producto de su fe en sí mismas, sin importarles el ridículo o la negación de la evidencia, en la idea de su supuesta superioridad moral y personal sobre los demás. Y que basta desear algo para que ocurra o negarlo mentalmente para que no suceda. Del Universo como realidad sólo mental modificable directa y simplemente con el pensamiento. Mary Baker negaba la realidad de la enfermedad, la decrepitud e incluso la muerte. Zapatero niega la crisis nacional, institucional y económica, y la propia capacidad de devastación de su feliz gobernación.

Las doctrinas de Mary Baker y de Zapatero tienen ciertas similitudes: accesibilidad, pertenencia sin sacrificios, aprovechamiento de otras doctrinas o movimientos importantes anteriores.

Es sabido que cuanto más primitiva, rudimentaria y fácil de entender por las mentalidades primitivas sea una idea más rápida y ampliamente es asumida por la masa de población no propensa al raciocinio propio personal. La buena nueva zapateríl es asequible por todo el mundo, en especial, los consumidores de telebasura, las víctimas de la LOGSE y del pertinaz socialismo.

En su inanidad moral niega la importancia de las colas crecientes en el INEM, o el que sus oficinas se vean más repletas que el camarote de los hermanos Marx. Sólo cuando se empiece a hacerse patente el toco mocho de las pensiones, unas semanas después de la presentación de otra criaturita zapateril, la cínicamente llamada economía sostenible, y como tantos sus adeptos como la gente libre se vea obligada a ser explotada más tiempo para obtener una incierta pensión, acaso la gente se desencante, se salga de la órbita de la secta e intente recuperar una cierta normalidad.

Cuando a la Baker le salía una cosa al revés sostenía que había sido víctima de influjos de mesmerismo maligno. Cuando la realidad da un revolcón al risueño presidente del Gobierno de Su Majestad la causa está en capitalismo, el neoliberalismo, el Vaticano o la derecha extrema.

Pero salvo las consecuencias del caos generalizado, que se ya irán viendo, la doctrina del prohombre de Valladolid no exige el más mínimo sacrificio a sus adeptos. No hay ayunos ni cilicios ni responsabilidad alguna moral o de conciencia. Además o en lugar de «paria de la tierra» como decía antaño la Internacional, se puede ser buena gente pero también oligarca, banquero, monopolista, agiotista, trincador de subvenciones, pícaro, descuidero de la propiedad ajena, colaborador de ETA o niña pera, sin que eso represente obstáculo alguno para el discipulado.

Si Mary Baker se benefició en el desarrollo de su movimiento el sentimiento más o menos vago o difuso de cierto cristianismo propio de la sociedad norteamericana, Zapatero, eliminando sin escrúpulos a otros posibles líderes o competidores, ha aprovechado para desarrollar su secta los viejos prestigios o prejuicios del socialismo clásico entre gentes sin preparación intelectual o crítica, o a las que el rencor u odio social acumulado durante generaciones, les hace difícil reconocer cuales son sus verdaderos intereses actuales y obrar (o votar) en consecuencia.

Pero la diferencia principal ya se ha apuntado. Mientras que en toda religión trascendente hay una referencia a lo numinoso a lo metafísico manantial espiritual, además del sistema axiológico, teológico o dogmático accesible a la razón, en el caso del profeta vallisoletano la realidad desmiente una y otra vez sus planteamientos. Ni hay posibilidad alguna de aliarse consecuentemente con tiranos, déspotas y fanáticos religiosos, ni hay brotes verdes salvo en la vara florida de San José.

Y al ser el pseudo-laicismo zapateril, (el verdadero laicismo es más bien lo contrario), un movimiento materialista, no trascendente, pese a esos rasgos ecologistas (pseudo misticismo), de fraternidad universal (alianza de civilizaciones) o de solidaridad (pseudo caridad) tan superficiales, deformados o ingenuos, resulta más difícil de mantener, especialmente cuando se agotan los presupuestos, se recurre al toco mocho de las pensiones y la entropía aumenta. Pero, otra diferencia importante, mientras la secta de Mary Baker es voluntaria, el Estado donde ZP vivaquea es obligatorio mientras no se renuncie a la ciudadanía española. Un Estado, la Monarquía, contra la Nación.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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