El desplome de la popularidad del presidente de Gobierno

ZP se la pega en las encuestas

Se ha extendido la idea de que improvisa y no tiene criterio

La pitada del domingo a Carme Chacón en Badajoz tenía como destinatario a Zapatero. Fue un anticipo de lo que el lunes servirían las encuestas. El presidente del Gobierno se la pega en todas. Todas dicen que si las elecciones se celebraran mañana las ganaría el Partido Popular rozando la mayoría absoluta; también consignan que Mariano Rajoy supera a ZP en aceptación popular.

Es la primera vez en seis años. En términos políticos, lo más significativo de las encuestas es que los lectores otorgan a Rajoy más crédito que a Zapatero a la hora responder a la pregunta: «Quién cree que está más capacitado para sacar al país de la crisis económica?» Ese es a mi entender el dato relevante para interpretar el por qué del desplome de la popularidad de Zapatero.

Los ciudadanos han interiorizado que el presidente del Gobierno y su equipo ministerial han fracasado a la hora de encarar los problemas que apareja la recesión económica y que cualquiera -empezando por el líder conservador-, lo haría mejor que él. Sin duda, el anuncio de la congelación de las pensiones y el tijeretazo a los sueldos de los funcionarios han sido elementos determinantes para cuajar un repudio tan generalizado, pero, hay algo más. Un desplome en las encuestas de esta magnitud no es obra de un solo factor.

Es el resumen de percepciones diversas. Por ejemplo, se ha extendido entre la gente la idea de que Zapatero improvisa y no tiene criterio; los continuos bandazos y rectificaciones del equipo económico del Gobierno trasladan a la sociedad la idea de que estamos en manos de un político que en cuestiones económicas toca de oído; que le faltan algo más que aquellas tres tardes a las que se refería el ex ministro Jordi Sevilla. Está claro que si mañana hubiera elecciones las perdería ZP; pero ya se sabe que las encuestas son la foto fija de un día, el retrato de un cabreo, un auto de fe sin consecuencias políticas inmediatas.

Faltan dos años para las elecciones y, en política, dos años, son una eternidad. Quizá por eso, Rajoy parece haber hecho suyo aquel «Festina lente» -apresúrate despacio-, que fue lema de Octavio antes de ser Augusto.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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