Fiesta en Moncloa.

MADRID, 24 (OTR/PRESS)

Dejémonos de juegos florales y de maniobras versallescas, lo que ha hecho Zapatero con Trinidad Jiménez es inventar el paracaidismo de baja altura, (así en lugar de quedar como una estrella fugaz que desciende sobre Madrid parece que da un salto grácil). Eso que Tomás Gómez llama, no sin un toque de tierno boy-scout: «fiesta del socialismo» es una faena en toda regla para el que lleva tres años al frente del socialismo madrileño* hasta que a Zapatero le ha dado la gana cambiar e pieza.

El concepto de «fiesta democrática» se entiende mejor sí se aplica en otros territorios alejados de la política: imagine usted que después de varios años en su puesto de trabajo aparece otro candidato a ocupar su silla, ojito derecho del jefe, y que usted se muestra encantado de la pugna porque saldrá ganando la empresa, (y a usted le mandan a la calle con una sonrisa y dos palmaditas en las espalda).

Esa es la «fiesta» según Zapatero. Hay gente que se divierte en una bronca de bar del oeste viendo cómo vuelan las sillas por el aire, todo es cuestión de situar los escrúpulos al otro lado de la barra dónde no llegan los botellazos.

Y esa «fiesta» de agosto nos ha tenido muy ocupados y distraídos de otros asuntos tales como la reforma laboral, o la inmediata huelga convocada por los sindicatos. Es más, a medida que avance septiembre ya se encargará el presidente del Gobierno en animar la «fiesta» para que se hable todo lo posible de Trinidad Jiménez y de Tomás Gómez, (al que sin querer desde Moncloa le han hecho la campaña de promoción de su vida que podría resumirse en tres años discretos y un verano a toda página).

Sí Gómez gana las primarias tiene abierto el camino hacia la Moncloa pisando cáscaras de enemigos desperdigados por el suelo. En otro caso, si ganara Trinidad Jiménez, quedaría claro que a Zapatero Madrid le interesa sólo en función de una campaña de imagen, y poco más. La actual Ministra de Sanidad no ha participado en un solo acto político en Madrid desde que abandonó la oposición en la alcaldía. Es un vacile al electorado en grado sumo.

La pelea de gladiadores satisface el aburrimiento del César en las tardes del estío. En sus paseos por los yacimientos de Atapuerca reflexiona acerca de los enemigos del hombre, y entre ellos la desidia del señorito que ahora sí, ahora no, pone y quita candidatos. Gómez podría decir a Zapatero: «¡ Ave, los que van a votar, te saludan!».

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