En el congreso del PSOE debe haber truenos.

MADRID, 28 (OTR/PRESS)

No va a ser lo mismo el Congreso que la reunión del Comité Federal, pero, pese a todo, cada vez asusta más la falta de democracia interna que practican los partidos. Todos. Y es que la organización social de nuestro sistema se basa en ellos, en los partidos que han ido devorando en nombre de su representatividad o, más bien, amparados en esa coartada no del todo cierta, prácticamente cualquier posibilidad dialéctica no sólo entre los tres poderes sino en las relaciones con los ciudadanos. El poder Legislativo apenas tiene iniciativas en ese sentido y cuando las tiene, difícilmente prosperan frene a un Ejecutivo que o tiene mayoría absoluta (que es lo que nos espera) o negocia con quien esté dispuesto a poner a la venta un puñado de votos. Del secuestro del Poder Judicial, se ha escrito ya casi todo y resulta sencillamente escandalosa la situación del Constitucional y del Supremo, su evidente enfrentamiento y su absolutamente clara politización. Pero es que la pocas organizaciones que deberían estar al margen del poder de los partidos están subvencionadas por estos ya sea como fundaciones, ONG y, naturalmente, unos sindicatos desprestigiados que perderán poder en el momento en que dejen de manejar subvenciones millonarias y extraños amparos laborales de liberados.

Es por eso que el 15-M, en sus orígenes, funcionó entre la gente de bien. Luego, como casi todo movimiento que nace desde abajo, terminó ahogándose en su propia asamblea imposible y será un recuerdo hermoso que tal vez cristalice en algo minoritario, concreto y necesariamente estructurado, o sea, dentro del sistema.

Pero estoy divagando. Pretendía meditar sobre qué podría pasar en el Congreso del PSOE después de que en la reunión del Comité Federal todos asumieran como suya la derrota pero ninguno reconociera el error de fondo; era más fácil hablar de la crisis, de las medidas que hubo que tomar, de algo tan vago como es «la comunicación»* y no. El fracaso del PSOE fue doble: el del Gobierno se debió no a las medidas que tomó tarde y mal sino justamente a las que no tomó cuando era un gabinete alegre y confiado. Y el fracaso del candidato se debió a que él formaba parta de ese gabinete y a que si pretendía girar a la izquierda, ahí estaba ya IU que no indulta a banqueros. El diagnostico, al menos por lo que se ha podido saber, me temo que no ha sido el acertado y una de dos: o en el futuro Congreso se oyen voces como truenos y verdades como puños o todo es paz y una lucha de la señorita pepis entre dos. Si ocurre lo primero, aun queda esperanza; si el «aparato» acalla el desencanto y lo desliza todo hacia la nada, el socialismo y España lo van a pasar muy mal demasiado tiempo.

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