Por lo menos la Junta Electoral de Asturias se mojó, se metió en harina jurídica y le argumentó a Álvarez Cascos el motivo por el cual desestimaba su recurso.
Álvarez Cascos solicitaba que se anulasen los 332 de la CERA que no habían pasado por el tamiz garantista de las embajadas o consulados correspondientes. Y el pasado 28 de marzo, la JEA enviaba a corrales el recurso de FORO con un argumento que, por lo menos, se puede contrastar en los textos legales:
«tras la última reforma legal, la Junta tiene competencias para admitir los sufragios sin que pasen por la embajada»
FORO no tira la toalla ante este primer contratiempo y recurre a la instancia superior de la Junta Electoral Central. Aduce las mismas razones, obtiene al final el mismo resultado adverso a sus intereses, pero se le debe quedar la misma cara de tonto que a cualquier español profano ante la resolución de un organismo de rango superior.
La Junta electoral Central, en su sabiduría, justifica su desestimación del recurso en unos términos que, al margen de la interpretación de los expertos juristas, les puede parecer un insulto a la inteligencia a los comunes de los mortales:
-Considera desproporcionada la petición de nulidad de FORO, que se basa en la supuesta irregularidad de 332 votos, cuando el total de los sufragios era de 2.863 y había 2.531 que habían cumplido todos los requisitos legales.
A ver, recapitulemos. ¿Qué quieren decir con esto unos señores magistrados tan reputados? ¿Qué van a colar los 332 votos sobre los que flotan dudas de irregularidad? ¿Qué no van a detenerse a deliberar sobre la legalidad o ilegalidad de esos votos de la discordia? ¿Qué en las urnas no importa que se mezclen manzanas sanas con manzanas podridas?
El alto tribunal electoral no aclara ninguna de estas incógnitas. Sencillamente se limita a dar el proceso electoral de Asturias por cerrado, con una consideración que puede herir la sensibilidad de un demócrata meticuloso: «
«No es posible saber a ciencia cierta cuántos de esos 332 votos irregulares corresponden a la circunscripción occidental»
En esta explicación, que podríamos considerar técnica, acojonan dos expresiones que dejan al descubierto dos debilidades que a los ciudadanos les debe costar comprender en una institución que vela por el derecho a unas elecciones libres, limpias y garantizadas.
«No es posible saber a ciencia cierta», transmite impotencia o ineficacia en un órgano jurídico de tanta responsabilidad. Y «votos irregulares», deja la duda de si sólo es una licencia para definir a los sufragios bajo sospecha, o la confesión de que, en efecto, los asumen como votos que no han cumplido los requisitos.
Los juristas, que digan lo que quieran. Incluso el candidato de UPyD en Asturias, en cuyas manos encomiendan su futuro los bloques de centro-izquierda y de centro-derecha asturianos, se ha definido en su condición de abogado y pronostica poco futuro para Álvarez Cascos en su pulso con las instancias jurídicas.
Pero, la simple aplicación del sentido común, incita a pensar que el actual Presidente en funciones del Principado de Asturias peregrinará con su causa (por ahora perdida), hasta las mismísimas puertas del Tribunal Constitucional.
Unas elecciones, como la mujer del César, no sólo deben ser intachables, además tienen que parecerlo.


