Moncloa y Génova ignoran las recomendaciones de FAES

Las críticas veladas del ‘aznarismo’ a Mariano: pérdida de peso en Europa y errática política económica

Tras seis meses en el Gobierno, el programa de Rajoy se despeña en las cumbres de Navacerrada

El Gobierno de Mariano Rajoy gusta de escenificar fortaleza, tanto en el frente interior, el puramente español, como el exterior, en el ámbito de la Unión Europea. Sin embargo, puede que las cosas no sean tan simples. Desde que se celebrara el Consejo Europeo de finales de junio de 2012, tanto La Moncloa como los ministros de Asuntos Exteriores y de Economía tratan de mostrar los resultados de ese encuentro como un éxito.

En el entorno del propio Ejecutivo y del Partido Popular hay, sin embargo, quienes se muestran muy críticos con el resultado para España del resultado del encuentro en Bruselas y con el papel de nuestro país en la UE. En cuanto a los asuntos puramente nacionales, también hay quienes reclaman un auténtico programas de reformas que afecte desde el Poder Judicial a la estructura del Estado más allá de la falta de decisión que atribuyen al actual presidente del Gobierno.

CRÉDITO DILAPIDADO EN EUROPA

El discurso europeista del Ejecutivo no para de crecer, mientras que su influencia en Europa podría estar decreciendo. Personas conocedoras de los entresijos comunitarios dicen que «ya no pinta nada en Europa». Explican que, tras dos legislaturas de Zapatero en las que España se convirtió en un país insignificante con el que nadie contaba para tomar decisiones, el Gobierno de Rajoy fue recibido con esperanza y se le concedió un gran crédito inicial. Según dicen, el recuerdo del PP de Aznar hacía prever a los socios en la UE que se iniciara una política de reformas profundas y medidas valientes destinadas a mejorar la situación económica. En medio año, según se comenta, se habría dilapidado dicho crédito.

El remate habría sido, cuando se acudía a Bruselas con unas cuentas en estado ruinoso y pidiendo ayuda, el empeño de Rajoy y De Guindos en alienarse con Hollande para reclamar unos eurobonos que «todo el mundo sabe que nunca van a llegar». Se trataría, según las voces críticas dentro del PP, de una pose de cara a la galería para demostrar que «se toca las narices» a Angel Merkel y «que nos puede terminar costando muy caro».

Si las críticas son fuertes en cuanto a la política europea, no lo son menores en cuanto a los asuntos internos españoles. Lejos de haber conseguido aglutinar al PP en un bloque firme defensor de las políticas del Gobierno, el resultado de este medio año de legislatura es una creciente fractura entre fieles a Rajoy y los descontentos con el presidente tanto del Ejecutivo como del partido. Y lo es hasta el punto de que ‘populares’ que en su día tuvieron cierto peso en la estructura de su formación en algunas comunidades autónomas escenificaron su disgusto acudiendo hasta la última conferencia del Campus FAES 2012 y marchándose antes de que el inquilino de La Moncloa clausurara dichas jornadas. De hecho, más allá de las ponencias, los nueve días que ha durado la gran cita político-académica de la fundación de Aznar han sido una buena muestra que la fractura interna de la formación política en la que se apoya el Gobierno.

EL ‘MARIANISMO’ NO CONVENCE

Existen, y abundaban en Navacerrada, quienes apoyan de forma total y absoluta al Gobierno. Estos ‘marianistas’ apoyan la subida de impuestos y una mayor cesión de soberanía a favor de la Unión Europea, esto último en la línea de lo defendido por García-Margallo o De Guindos en sus conferencias. También se oponen de forma radical a una reducción del número de municipios o a medidas radicales destinadas a disminuir la influencia de los partidos políticos en los máximos órganos del Poder Judicial y otras estructuras del Estado.

Mientras, en otros grupos, había voces que se expresaban de forma contraria. Algunos destacados miembros del PP consideran que el número de ayuntamientos, y por tanto de concejales y alcaldes, es excesivo, a lo que se suma la existencia de unas administraciones autonómicas sobredimensionadas. Quienes mantienen esta opinión, lamentan que Rajoy no afronte reformas reales en esta materia y algunos consideran que el actual sistema es insostenible desde un punto de vista económico si no se actúa ya. Esto mismos, además, critican una partitocracia que llegan a definir como «el gran mal de la política española». Algunas de las conferencias, no todas, del Campus FAES han ido en esa línea.

La fractura entre un sector y otro llega incluso a la conformación de las candidaturas electorales. Entre los ‘marianistas’ domina la firme defensa del actual sistema de listas cerradas decididas desde la cúpula de los partidos. Entre los críticos, tanto quienes ostentan algún caro como quienes no, crece la defensa de un modelo de listas abiertas como el vigente en otros países en los que el elector pueda elegir quienes entre los que figuran merece sus apoyo. Algunos llegan a sostener que si el PP no apoya una reforma en este sentido se debe a que Rajoy correría el riesgo de obtener menos votos que otros candidatos ‘populares’ por Madrid o, incluso, «es que no saldría elegido».

DIFÍCILES RELACIONES ENTRE PP Y FAES

Las dos intervenciones de Aznar en el Campus FAES, la de inauguración y la presentación del presidente del Gobierno en la sesión de clausura, han sido mucho menos críticas con Génova que cuando el PP estaba en la oposición. Resultó llamativo para muchos que el ex jefe de Gobierno no hablara en ninguna de ambas ocasiones sobre las víctimas del terrorismo ni usara términos como «libertad».

Dio la impresión de querer no querer hacer patente un distanciamiento con su sucesor al frente de las filas populares que, sin embargo, sí se palpaba entre algunos asistentes a los cursos que se mostraban abiertamente ‘aznaristas’. Y como las ausencia en ocasiones son tan significativas como las presencias, cabe destacar una.

En la clausura a cargo de Rajoy, que conversó en privado con Aznar durante una larga media hora que hizo retrasar el inicio de su intervención, no le acompañaba quien se ha convertido en su sombra desde que accediera al liderazgo del PP, y más desde que llegara a La Moncloa, y está considerado como auténtico ‘número dos’ del Gobierno, Jorge Moragas. No hay prácticamente acto público en el que el presidente del Gobierno no esté acompañado de su director de Gabinete. Sin embargo, el catalán no hizo presencia ningún día en Navacerrada.

Es una ausencia especialmente significativa, máxime cuando Moragas fue durante mucho tiempo un colaborador cercano de Aznar, incluyendo en la propia FAES. La relación entre ambos, sin embargo, puede haberse erosionado, hasta el punto de que el ‘fontanero en jefe’ llegó en 2011 a llamar al orden en público al ex jefe del Ejecutivo por sus críticas a Rajoy.

¿PRESIONES A RAJOY EN FORMA DE CONFERENCIAS?

Por mucho que Rajoy y otros dirigentes populares hayan elogiado el papel de FAES como «centro de pensamiento» y generador de ideas del PP, y que Aznar haya evitado en sus intervenciones tocar temas molestos para la cúpula de Génova, la relación entre ambas estructuras no es tan idílica como quieren hacer ver.

Es cierto que en el último Campus de la fundación han participado varios ministros, y que otros ponentes han acudido a defender posturas del Gobierno, pero algunas conferencias han sido una auténtica declaración de oposición a la acción del Ejecutivo. Arthur Laffer, uno de los economistas más influyentes en durante las últimas décadas del siglo XX, defendió la bajada de impuestos, mientras que el catedrático Tomás Ramón Fernandez defendió una reducción de la estructura administrativa y criticó la existencia de las diputaciones provinciales, siempre defendidas por Rajoy. Hay quienes han visto en estos y otros ponentes un intento por parte de FAES de presionar para que se hagan unas profundas reformas que no se están llevando a cabo.

Y otra asignatura pendiente que salía en los corrillos es la ‘des-zapaterización’ del Estado. Era un lamento repetido, por los no ‘marianistas’, que en numerosos ministerios y otros organismos dependientes de la Administración, como fundaciones o empresas públicas, sigan ocupando puestos de alta responsabilidad personas nombradas por el Gobierno de Zapatero. Algunos incluso recuerdan que cuando el último presidente socialista llegó al poder se ‘depuró’ incluso a altos cargos nombrados por el Ejecutivo de Felipe González que no habían sido destituidos por el de Aznar. Hasta en eso ven los críticos debilidad en el Gobierno de Rajoy.

 

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Autor

Antonio Chinchetru

Licenciado en Periodismo y tiene la acreditación de suficiencia investigadora (actual DEA) en Sociología y Opinión Pública

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