El alcalde de Oporto, con un par, hace un llamamiento para que los políticos gobiernen sin cobardía

Una OTAN para defenderse de los ataques económicos y financieros

La mano negra que mece la cuna de Occidente diseña el exterminio de las clases medias

Llama a la épica, la ética y la estética política como terapia para recuperar los gobiernos del pueblo

Irán cayendo uno tras otro, como los diez negritos de Agatha Christie. El asesinato en serie de los Estados y de sus pueblos se ha decidido en una tabla redonda clandestina, en un Camelot obsesionado con encontrar y conservar el santo grial del capitalismo en estado puro.

Imposible saber quién hace el papel de Rey Arturo manejando la afilada e implacable «Excalibur» de los mercados y las agencias de calificación. Pero ni siquiera los socios del selecto club Forbes deben tener acceso a tan siniestras sesiones sobre la «solución final»

En algún Berghof camuflado y protegido, como aquel refugio de Montaña de Hitler, algún Fürher ha decidido el holocausto limpio, lento y seguro de las razas inferiores, de las molestas clases medias que empezaban a joder como mosquitos humanos, volando en low cost, invadiendo paraísos exclusivos, moviéndose por el planeta como una plaga de langostas humanas perturbando el sosiego de los dioses.

Están diseñando el fin del mundo para miles de millones de seres humanos. Rescatan a los Estados para transformarlos en campos de exterminio. Mantienen a sus dirigentes como incautos carceleros encargados de los BOES, de los Consejos de Ministros, de las medidas y los decretos que actúan como cámaras de gas que van asfixiando, con una precisión y una productividad inesperada, a decenas de miles de cobayas humanos con los que llevan décadas, siglos, experimentado derechos, libertades, constituciones y espejismos democráticos.

Les llamamos países rescatados, pero son ghettos sociológicos

¿A que parece un guión de ciencia ficción extraído de un texto inédito de Orwell o unas notas de Huxley? Nos negamos a aceptar la existencia de éste siniestro paisaje con figuras Pero Grecia es ya es un Ghetto sociológico al que los europeos contemplan con resignación, con miedo al contagio y con el reproche colectivo y discriminante a los helenos. Y en Portugal, ahí al lado, se mueven por las calles cientos de miles de machos y hembras de nuestra especie sin saber hacia dónde, con la incertidumbre como una espada de Damocles sobre sus cabezas y al filo de la navaja de la pobreza irreversible.

Irlanda es todavía zona de nadie, amparada por la sombra cada vez menos alargada de EE UU. España está en la fase de un pueblo bajo sospecha, marcado ya como problema de la economía mundial e indicios de caso perdido a corto o medio espacio de tiempo. Italia es una bota geográfica con agujeros en las suelas. Y un Estado tras otro, en el sibilino Camelot del capitalismo inaccesible, será condenando a muerte por un invisible César implacable que irá colocando el pulgar hacia abajo.

La teoría de la conspiración versus la soberbia de los sabios

A los que les parezca una ridícula teoría de la conspiración universal, les habrá entrado la risa floja y alimentarán sus autoestimas pensando en lo inteligentes que son entre tantos idiotas. Pero la historia de la humanidad, con sus bruscos cambios de rumbo ante las narices de los más sagaces espectadores, acaba demostrando que los que presumen de inteligentes están mostrando la virtud de la que carecen.

El acalde de Oporto apela a la valentía de los dirigentes occidentales

El alcalde Oporto, quizá la cabeza más lúcida de un Portugal intervenido, desesperado y resignado, declaraba el otro día, en una emisora de televisión, que ha llegado el momento en el que los políticos, los primeros ministros, los Jefes de Estado, dejen de ser marionetas en una democracia convertida en una trágico-comedia de teatro.

Que tienen que convertirse en «escudos humanos» de los ciudadanos. Que la democracia se ha quedado estancada por su cobardía, por su apego al poder, por la mediocridad del partidismo como portador de valores eternos, y si permiten que se quede varada en la historia y lanzan el grito funesto de ¡sálvese el que pueda!, el menos malo de los sistemas políticos, como lo bautizó Churchill, corre serio peligro de desintegrarse.

Rui Río, como se llama el magnífico alcalde de la ciudad en la que desemboca el río Duero, anima a los dirigentes políticos de la tierra a combatir de nuevo contra los dragones que escupen fuego, primas de riesgo, intereses mortales, virus bursátiles y calificaciones destructoras por la boca. Llama a la épica, la ética y la estética política como terapia para recuperar los gobiernos del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Hemos conocido imperios que imponían su «pax romana», monarquías absolutas que emanaban directamente de Dios, guerras fanáticas de 100 años, dictadores que cada día decidían sobre la vida o la muerte de miles de seres humanos, revoluciones pendientes, cracs del 29, guerras mundiales, muros de Berlín, guerras del petróleo, cambios de regímenes, manos negras obsesionadas con mecer la cuna de la humanidad.

Y se pregunta, al final de su reflexión, éste político valiente que habita en un país amedrentado por el viaje colectivo hacia la pobreza y aferrado al clavo ardiendo de una clase dirigente que está siendo dirigida: ¿de verdad la humanidad no está capacitada para cambiar esto?

«No me lo creo…»

En cuanto empiecen a no creérselo las Merkel, los Cameron, los Hollande, los Monti, los Rajoy, los Obama, y decidan organizar una OTAN económica y financiera, la humanidad podrá volver a ganar otra batalla que ahora parece perdida.

El maldito Euro, la prima de riesgo, los intereses por deuda, el pánico, no les deja ver el bosque donde permanecen agazapados los terroristas de guante blanco, ¡malditos bastardos!, que quieren poner a occidente, su civilización, su cultura, sus Principios de los Derechos Humanos, de rodillas ante ellos.

 

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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