Benavides y Malospelos en Las Cortes

Los clanes del PP entierran el hacha de guerra: menos ‘cospes’ y más Cospedal

Por una vez, merecía la pena salir del Congreso, bajar por la Carrera de San Jerónimo, atravesar la Plaza de Neptuno e ir a desayunar al hotel Ritz. Allí, y presentada por el presidente del Gobierno en la tribuna política Nueva Economía Fórum, iba a hablar María Dolores de Cospedal, Presidenta de Castilla la Mancha y Secretaria General del PP.

Las últimas apariciones públicas de la mujer habían suscitado la atención, también la controversia y comentarios, por motivos diversos: Las cuentas del PP. La relación del partido con los que llevaban esas cuentas. Las formas con las que el PP, por medio de ella, trataba de exponer, o no exponer, ése y otros asuntos. Motivos de actualidad diversa. Y la misma situación política de la mujer en sus responsabilidades autonómicas y partidistas.

A priori, el hecho de que el Presidente del Gobierno se prestara a presentar en tan singular foro a su Secretaria General ya era un motivo de atención. De alguna forma, el acto, ya de por sí, implicaba un apoyo explícito del Presidente a su teórica número dos en el partido.

En boca de Rajoy, el gesto, matizado con la expresión solemne de que «no están los tiempos para palabras huecas», era debido a dos motivos que no admitían réplica: Ella había pedido ser presentada por el Presidente del Gobierno y del PP. Y él, de buen grado y muy gustoso, había accedido a ello por un motivo que concretó al final de su oratoria: «Porque nunca me dijo que no».

Pero también existían otros motivos de interés: Comprobar la cohesión entre las gentes del partido. Y descubrir los posibles cospes contra la mujer, esos «cortes, de hacha o azuela, que se hacen a trechos en una pieza gruesa de madera, para facilitar su desbaste», y cuya definición, tomada del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, aparecía como un símil ajustado a una realidad política del momento y a la mujer que como pieza gruesa, aunque no de madera, iba a ocupar la tribuna.

Al llegar allí, estaban todos, o casi todos, los que cuentan o aspiran a seguir contando en el PP. Los habituales métodos de convocatoria que se usan en el Partido Popular, sin distingos entre grupos y camarillas, habían reunido a quienes, a la convocatoria de controlar la sed y el hambre matutinas, se disponían al «acompañamiento» con sus mejores sonrisas y en una terapia de grupo no exenta de gestos amistosos.

Los teóricos cariños, afectos y calores populares, que debían flotar etéreos por los techos del Ritz para ánimo de la señora de Cospedal, al llegar al suelo, se percibían menos consistentes, algunos incluso «como filos de navajas, melladas o no, que cada uno lleva escondida entre los dientes y con la sonrisa puesta», al decir de uno de los miembros de la canallesca.

En la tribuna, la oradora, puesta en pie, inició su discurso con un cierto nerviosismo y entre dos dualidades que le son propias y que resultan importantes. Una, de la que dijo ser consciente: Su condición de presidenta castellano manchega acompañando a su enorme y confesa vocación política. Y otra, que puede que no llegara a percibir: Su tentación continua de optar entre la lectura de un texto escrito, medido y ponderado, o confiarse en su capacidad para exponer conceptos y sentimientos y comunicárselos a la audiencia.

Con el paso de los minutos, se vio que la mujer, para hablar de su vocación y ocupación, había optado por la lectura del texto y que, más tranquila, empezaba a dejar a la vista algunos de los tics que tiene y que definen una personalidad y una forma de ser únicas: Cabeza inclinada hacia la izquierda, que levanta a intervalos, hacia la derecha, acompañada por el movimiento de los pelos ordenados.

Mano derecha cerrada, muy cerrada, casi hermética, mientras mueve la izquierda hacia el cuello, como sujetándolo. Y unos destapes discontinuos del oído izquierdo, con un movimiento hacia atrás del cabello, como si apeteciera ampliar algunas de las informaciones sensoriales que le llegan.

De los temas que se esperaban (Corrupción, Bárcenas, Cataluña, Fractura del PSOE, etc.)… Todos, aunque medidos, sin estridencias y con una sola afirmación que pareció no improvisada y que sobresalió sobre las demás, al afirmar que, como Alicia Sánchez Camacho, ella también confiaría su seguridad personal a la Policía Nacional en lugar de cedérsela a la autonómica de Los Mossos d´Esquadra catalanes.

Como añadido, algo importante: Con la presencia de María Dolores de Cospedal en el Ritz, se pusieron de manifiesto dos posiciones y disposiciones individuales, de Rajoy y Cospedal, que son importantes, que les define a los dos, que marcan sus habilidades y sus situaciones personales, y que merecen reseñarse.

La primera corresponde al Presidente del Gobierno y ocurrió al comenzar el acto, en el momento en el que el portavoz de Nueva Economía intentaba ceder el turno de palabra a Rajoy. Éste, antes de presentar a la oradora, esperó a que cesaran las conversaciones, a que se apagara el guirigay, y a que «cada uno estuviera en su sitio y a lo suyo».

Después, cuando el auditorio estuvo acorde con la situación, echó una mirada a la historia del día (11 – M) con un recuerdo de respeto al pasado, marcó el tema, y dejó a la mujer en situación.

La segunda corresponde a María Dolores de Cospedal que, sintiendo el COSPE, con mayúsculas, de una situación convertida en azuela desbastadora, asumió la realidad del partido y de España, sintió el hachazo de la conveniencia política en sus aspiraciones personales, y aceptó una propuesta de futuro, quizá voluntaria o no, que trasmitió, sin estridencias y mostrando una posición conformista a una audiencia que no lo esperaba: Su disposición para seguir aspirando a representar al PP en las próximas elecciones autonómicas a Castilla La Mancha.

Con ello, y cada uno a lo suyo, terminó el desayuno en el Ritz en el que Mariano Rajoy apoyó a la Secretaria General de su partido y ésta, puede que motu proprio, renunció a la aspiración (que se le suponía) para entrar a formar parte del Gobierno de la Nación y aceptó seguir a lo que está, a lo suyo y con lo suyo.

Unos metros más allá, o más acá porque en estática y en política con excepción de algunos principios lo demás es relativo, el grueso del partido, con las sonrisas puestas, algunas auténticas y otras no tanto, acabaron el desayuno y tomaron nota de que el Presidente Rajoy seguía apoyando a la Secretaria General del PP, de la disposición dócil y obediente de María Dolores de Cospedal a sus dictados, y del COSPE que salió del Ritz.

José Luis Heras Celemín es corresponsal de Periodista Digital en el Congreso.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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