BENAVIDES Y MALOSPELOS EN LAS CORTES

Manuel Pizarro, de patito feo con Rajoy a mirlo blanco del PP de Madrid

El Ministerio de Hacienda, la Presidencia de la Comunidad de Madrid o el Ayuntamiento de la capital, posibles destinos

Manuel Pizarro, de patito feo con Rajoy a mirlo blanco del PP de Madrid
Manuel Pizarro. EP

Manuel Pizarro, además de ser electoralmente muy importante, ha demostrado ser un gran gestor

Sin ningún género de dudas, Manuel Pizarro es una de las personalidades más valiosas y mejor consideradas en el panorama político español. Todo el mundo reconoce su estatura intelectual, su dimensión humana y su capacidad para gestionar situaciones difíciles.

También se le recuerda por el célebre debate que, hace ya un lustro, mantuvo con el entonces ministro de Economía y Hacienda Pedro Solbes. Su oposición a las posturas, y mentiras, que mantenía Solbes ha quedado en los anales de la historia económica reciente como una muestra del enfrentamiento entre la razón inteligente y el poder irrazonable que es digna de recuerdo. Sus proyectos para atajar la crisis económica, con el paso del tiempo, se han revelado como algo valioso que fue desperdiciado, y desaprovechado, para atender los intereses personales de José Luis Rodríguez Zapatero, que escondió la realidad económica nacional para obtener, como rédito electoral, la Presidencia del Gobierno.

Llegados a este punto, en el panorama nacional, contemplado desde la óptica del Partido Popular, aparecen algunas situaciones electorales que hay que encarar. Y es ante estas situaciones donde aparece, enorme, la figura de Manuel Pizarro como uno de los más firmes valores del PP. Ocurre además que se encuentra libre, como dejándose querer, a la expectativa, y, dicen algunos, sin apetencias ni egoísmos personales, dispuesto a ayudar donde se lo pidan o haga falta.

Pero es que Manuel Pizarro, además de ser electoralmente muy importante, ha demostrado ser un gran gestor. Por eso su concurso es adecuado para varios puestos. Al menos tres son principales, muy importantes; y pudieran ser un destino adecuado para una persona ya convertida en el Mirlo Blanco del PP:

– El Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas. En la actualidad el titular es Cristóbal Montoro, pero éste es una de las opciones que los populares contemplan para convertirlo en su Candidato para presidir la Junta de Andalucía. En este caso, Pizarro se convertiría en el sustituto idóneo para ajustar las cuentas públicas nacionales y equilibrar los Presupuestos propuestos por el Gobierno de Mariano Rajoy. En contra de esta opción alguien ha aducido ya la supuesta desafección entre Pizarro y Rajoy e incluso algunos han querido ver un posible pasado maltrato presidencial a la figura de Pizarro. Sin embargo, las necesidades nacionales son las que son y es lógico esperar que ambos, Rajoy y Pizarro, supediten sus afectos, o desafectos, particulares a los superiores intereses del partido.

– La Presidencia de la Comunidad Autónoma de Madrid, que en la actualidad ocupa Ignacio González tras sustituir a la dimisionaria Esperanza Aguirre. El puesto, dicen los entendidos, requiere más acción política que capacidad de gestión. Y pudiera no satisfacer las nada egoístas aspiraciones de Manuel Pizarro, en contra de las previsiones de algunos (y alguna, ya que parece ser que una de las apetencias no confesas de Esperanza Aguirre es ver a Pizarro convertido en candidato para presidir la Autonomía madrileña). Porque, además, dicen los que le conocen, es poco probable que acepte la disputa del puesto si Ignacio González no renuncia a ser el candidato del PP a la Presidencia de la Comunidad Autónoma. Algo distinto ocurriría si Ignacio González, por los motivos que sea, optara por no concurrir a las elecciones. En este caso las necesidades electorales del PP, que no renunciaría a presidir la Comunidad Autónoma, obligarían a Pizarro a aceptar si se le considerara imprescindible.

– La Alcaldía de Madrid. Nombrado Alberto Ruiz Gallardón, el anterior alcalde, ministro de Justicia, la vara de mando en el Ayuntamiento de Madrid la lleva Ana Botella, esposa del expresidente Aznar y a la que los analistas políticos vaticinan una retirada basada en las encuestas. Queda libre, y sin titular, el puesto de alcalde de Madrid, que tiene una importancia trascendental para las pretensiones electorales del PP. Ocurre además que la situación económica del ayuntamiento de la capital de España es la que es: de una deuda muy considerable, producida por las enormes obras de infraestructura hechas y por los carísimos planes de modernización abordados. En esta situación, lo que parece convenir a los intereses municipales es la toma del mando de un buen gestor. Se reúnen así dos circunstancias que hacen que la figura política de Manuel Pizarro se convierta en un espécimen único para dar solución, y continuidad, a la realidad municipal madrileña. Consecuentemente, si de lo que se trata es de proponer para alcalde de Madrid al mejor de los posibles en las filas populares, parece lógico que él sea el elegido.

Lo anterior presente, y no obstante, frente a la realidad que hoy es Manuel Pizarro, convertido en el mirlo blanco del PP aunque sin equipo dentro del partido, existen las necesidades e intereses generales del partido, las apetencias de otras personas, y los equilibrios entre las distintas facciones populares.

La primera de esas necesidades, sin duda la más importante, a la que se deben supeditar, y se supeditaran, todos los intereses personales y particulares es la necesidad electoral.

El Partido Popular debe tratar de conservar los dos bastiones madrileños (Comunidad Autónoma y Ayuntamiento) y conseguir la Presidencia de la Comunidad Autónoma andaluza. Y a eso supeditará todas y cada una de las apetencias personales de sus afiliados.

Desde esa óptica, se abre un abanico de identidades personales en el que afloran los nombres de las personas que puedan lograr los objetivos electorales principales: Cristóbal Montoro, Ignacio González, Manuel Pizarro y un largo etcétera en el que no es lógico, ni democráticamente inteli-gente prescindir de nadie… Puede que entre ellos, y no muy lejos, se divisen otros dos nombres de mujeres que son muy importantes: Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre.

José Luis Heras Celemín es corresponsal de PD en el Congreso de Diputados.

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