Critica la perpetuación en los cargos, pero es candidata única y sólo manda ella

El lado oscuro de Rosa Díez, la líder de UPyD a la que mima la derecha mediática

El partido magenta prohibirá a sus miembros recibir sobresueldos y regalos y obligará a dimitir a los imputados

El lado oscuro de Rosa Díez, la líder de UPyD a la que mima la derecha mediática
Rosa Díez. EP

Rosa Díez fue reelegida este sábado con el 92,8% del respaldo de la militancia, un apoyo casi 15 puntos más holgado que el que consiguió hace cuatro años

Dimisiones, bajada en las afiliaciones, rencor hacia aliados potenciales como Rivera, perpetuación en el cargo, desmanes hacia Savater y disensiones silenciadas. Es la otra cara de UPyD, que Rosa Díez dirige con mano de hierro, ha quedado en evidencia en su II Congreso Nacional.

Rosa Díez fue reelegida este sábado con el 92,8% del respaldo de la militancia, un apoyo casi 15 puntos más holgado que el que consiguió hace cuatro años. Al frente de la candidatura a la que se ha presentado en solitario, logró 1.210 votos a favor, mientras que hubo 86 votos en blanco y siete nulos.

Hace cuatro años, en el congreso fundacional, Rosa Díez logró el 78,24% del respaldo de los afiliados, pero en aquella ocasión sí tuvo una candidatura rival con la que medir sus fuerzas, la que encabezaba Valia Merino al frente de una lista crítica que cosechó casi el 20% de la militancia.

Como explica Miguel Ángel Orellana en ESD, de esta manera, Rosa Díez se consolida al frente de un partido que ella califica de «distinto«.

Y tal vez lo sea, pero no en cuanto al culto al líder ni en la profesionalización del mando: aunque ella misma critica la perpetuación en los cargos y la transformación de la actividad política en un oficio remunerado, lo cierto es que no hay ejemplo más longevo de permanencia en política que el suyo: si cumple los dos cuatrienios que le quedan por delante, habrá cubierto casi cuatro décadas en distintos puestos políticos, más que ninguno de sus homólogos en ningún partido.

No es la única paradoja magenta, aunque la balsa de aceite interna que reflejan las votaciones congresuales y el funcionamiento rutinario del partido lo disimulan a la perfección: ni siquiera hay contestación pública a la ruptura de un Gobierno en Asturias ni a la sensación de que, allá donde UPyD decide un gobierno, a los tres días se produce una ruptura de la estabilidad.

Argumentada y quizá razonable, pero en todo caso abonada a la zozobra. La otra realidad de UPyD, que este diario reconstruye con testimonios de militantes de la organización y la documentación interna del partido, sugiere algunos males y tendencias que, a medio plazo, pueden cambiar la imagen algo infantil de partido sin fisuras y lleno de voluntarios desprendidos que la propia Díez proyecta y sus seguidores repiten en cualquier lugar de España.

Bajada de militancia

En 2011 UPyD tenía 6.634 militantes; en septiembre de este año la cifra ha bajado a 6.165. Aún más, desde su eclosión en 2009, la formación apenas ha subido en 191 afiliados.

La maquinaria interna añade a esta estadística las de simpatizantes para hinchar el resultado, pero lo cierto es el cómputo global refleja un parón, cuando no una cuesta abajo en este epígrafe. A muchos delegados les inquieta el fenómeno, que Rosa Díez resolvió con una reflexión pública en pleno Congreso ciertamente llamativa ante quienes le preguntaron preocupados: así UPyD, dijo, se libraba de tener en su fila a «indeseables».

Sin aplauso para Savater

Fernando Savater dijo en voz alta lo que bastantes delegados y simpatizantes de UPyD piensan a menudo: que UPyD debe acercarse a otros partidos similares, en referencia al incipiente Movimiento Ciudadano de Albert Rivera; y reclamó que los «personalismos» no debían impedir ese acercamiento.

La crítica a Rosa Díez no fue nada indirecta, pero el aplauso de los reunidos fue mayúsculo y casi unánime. Sólo la aludida guardó silencio y se negó a secundar la ovación, en un gesto que evidencia su disgusto por la frase y, aún más, por su contenido: si en el pasado despreció una alianza con Rivera, ahora nada indica que eso vaya a cambiar.

Incluso se comenta que el desprecio a Ciutadans llega hasta el extremo de que el departamento de comunicación magenta ´prohíbe´ a los suyos toda relación con Rivera y su entorno en las redes sociales.

Más desprecios

De lo anterior da muestra otro ejemplo sonoro que Díez reveló, sin dar nombres, pero sin dejar lugar a equívoco: el ex senador socialista por Granada Luis Salvador milita desde la semana pasada en Ciutadans, pero quiso hacerlo primero en UPyD. Descontento con el PSOE, quiso quedar a comer con Rosa Díez para, se supone, ingresar en sus filas.

La respuesta de Díez no pudo ser más desabrida, tal y como ella misma desveló en público: «Yo sólo como con amigos».

Pese a eso, se reunió con el conocido político del mismo origen que ella y, pese a constatar sus coincidencias, le desechó con una frase que de nuevo fue despectiva hacia Rivera sin citarle:

«Por eso ha acabado en otro partido nuevo que se está creando en España».

Lista oficialista, mando férreo

UPyD presume de ser el único partido donde cualquier militante puede competir en igualdad de condiciones con sus principales dirigentes. La realidad, sin embargo, es bien distinta.

Aunque técnicamente no hay listas oficiales para componer el Consejo Político Nacional (el ´Parlamento´ interno magenta, con 110 miembros), en la práctica sí hay una que el ´aparato´ ha distribuido disimuladamente entre sus files para garantizarse hasta 82 puestos en el órgano: la estrategia choca frontalmente con la supuesta apuesta por las listas abiertas, que lo son sobre el papel pero no en el desarrollo real del partido.

Esta sensación la ahonda la existencia de una única candidatura al Consejo de Dirección, compuesta por sólo dos decenas de personas, auténtico cuartel general de las esencias del partido.

Ni habrá alternativa ni tampoco renovación: los mismos nombres que la formaron hace cuatro años, salvo cambios mínimos que pudieran llegar, seguirán al frente del partido, sin ningún nombre nuevo pero con una incógnita que preocupa al aparato: una escasa participación de los militantes de toda España (pueden votar sin ser delegados, desde su sede provincial) que rompa la propaganda de que, en UPyD, todos están deseando contribuir y movilizarse.

De hasta qué punto esto inquieta y de cómo se recurre a viejos métodos criticados en terceros, da cuenta una anécdota muy criticada por algunos delegados: el mailing que se ha hecho a los 6.000 afiliados para que no ´olviden´ votar…a Rosa Díez.

Dos listas

«No somos un partido búlgaro», claman los dirigentes más célebres de UPyD para desmarcarse de otros partidos de férrea disciplina donde todo está resuelto antes de votarse.

Aquí también, salvo en un ámbito: hay dos listas para dirigir la Comisión de Garantías, algo así como el Tribunal Supremo de los conflictos internos de UPyD. La mera existencia de dos opciones ya ha inquietado a Díez y su guardia pretoriana, a pesar de que en ambos casos están formadas por militantes nada sospechosos de deslealtad a nadie. Ninguna puede ser calificada de crítica, pues, pero ni eso ha sido suficiente para aminorar el recelo de los ´jefes´.

El hecho es que la segunda candidatura está formada por Mariano Palacios (concejal en Madrid), Mariano Martínez Liberali y Pilar Barriendos: si lograran imponerse a la oficial (compuesta por Carmina Madrigal, Rafael Calduch y Félix Ortix), el Consejo de Dirección (esto es, Rosa Díez), vería incumplido su declarado plan de controlar el partido de arriba abajo.

Una dimisión sonada

De cómo se maneja UPyD internamente da cuenta un hecho significativo que, sin embargo, ha pasado desapercibido: la sorprendente dimisión, sólo 15 días antes del Congreso, de Luis Gutiérrez Soto, de todos sus cargos en la Comisión Electoral y en el Consejo Político.

El afectado ha guardado un escrupuloso silencio, pero su marcha es interpretada como la metáfora de todo lo descrito anteriormente: una presión extrema par que todo salga según un guión preestablecido, y la marginación o el abandono de quien, simplemente, se limite a respetar el espíritu fundacional de UPyD.

Al parecer, Díez y su equipo de confianza no toleran nada bien que muchos de sus compañeros sean más devotos del concepto magenta que de quienes lo encabezan, aún a costa tal vez de los principios que decían defender.

 

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