El intento de recusación del juez Martínez Tristán no le ha dado más que disgustos al líder del socialismo madrileño

La última «cacicada» de Tomás Gómez lleva el PSM a punto de ebullición

La última "cacicada" de Tomás Gómez lleva el PSM a punto de ebullición
Tomás Gómez. ED

¿Cómo hacerse el haraquiri político en cuatro pasos?

La pregunta se la hace  Ana I. Martín y ella misma se la responde en ‘El Semanal Digital’:

  • Primero, intente recusar a un juez acusándole de parcialidad sin pruebas.
  • Segundo, encabrítese y renuncie a su escaño en el Senado después de que su propio partido (y sin embargo enemigo) haya pactado con el Gobierno que ese juez sea vocal del CGPJ.
  • Tercero, disimule y diga pío pío cuando un tribunal desestima su recusación, que para algo se hace llamar Invictus.
  • Y cuarto, elija a su sustituto en la Cámara Alta por la vía del dedazo después de pedir primarias en su partido hasta para escoger el color de la corbata de su secretario general.

Mal va camino de terminar lo que mal empezó, la espantada de Tomás Gómez del Senado. Heroicidad que, además de dejar al líder del PSM sin un altavoz nacional -y no está precisamente sobrado de ellos a año y medio de las elecciones-, no le supondrá un euro menos para su bolsillo, como ya contó este periódico.

Mal porque ha provocado una marejada en el socialismo madrileño, la enésima, que tiene nombre y apellido: José Quintana, el exalcalde socialista de Fuenlabrada y el hombre al que Gómez ha decidido regalar el escaño que hasta noviembre ocupaba él, uno de los seis que le corresponde designar a la Asamblea de Madrid (y que se reparten en igual proporción, tres y tres, populares y socialistas).

Se suponía que el secretario general del PSM, tan partidario de la democracia interna, sometería a algún tipo de votación el nombre de su sustituto. Pero hete aquí que el jueves pasado reunió al Grupo Parlamentario Socialista en la Asamblea de Madrid para comunicar a sus compañeros que el elegido era Quintana. Sin discusión. Sin votación.

Y claro, a sus críticos, que son muchos, les ha faltado tiempo para recriminarle que no predique con el ejemplo. Esta nueva grieta interna amenaza con constatarse cuando el Pleno de la Asamblea madrileña tenga que votar la designación de Quintana como senador (probablemente este jueves, aunque la decisión depende de la Junta de Portavoces de este martes. Si no se pospondría hasta febrero).

Varios diputados socialistas se han quejado estos días por los pasillos de la Cámara madrileña de la «cacicada» de Gómez. ¿Llegará la sangre al río de la disciplina de voto? Es lo último que le faltaba al líder del PSM, que por si acaso ya ha empezado a dejar caer por ahí que más les conviene a sus compañeros de bancada votar al unísono.

Sea como fuere, el intento de recusación del presidente de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, Gerardo Martínez Tristán, no le ha dado más que disgustos a Tomás Gómez.

Que el juez fuera incluido en el acuerdo PP-PSOE para el CGPJ ya dejo entrever lo poco que se tiene en cuenta la opinión del líder del PSM en Ferraz. Pero es que además el enfado de Rubalcaba y su guardia de corps con Gómez por su espantada del Senado fue de los sonados, otro apunto y guardo para la Dirección del PSOE.

Dicho sea de paso, más de uno puso media sonrisa cuando el pasado martes el TSJM desactivó la ofensiva de Gómez contra el magistrado Martínez Tristán. En el PSOE en general y en el PSM en particular, donde los hay que hablan de «ridículo», sin paños calientes.

Tantas ganas tienen algunos compañeros de quitarse de en medio al secretario general de los socialistas madrileños que por ahí corre el bulo de que Ferraz le habría ofrecido un puesto en la lista de las europeas -con su consiguiente negativa- para alejarlo de Madrid. No hay tal oferta: Rubalcaba querría verlo fuera de juego, no darle una patada hacia arriba.

 

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