En la capilla ardiente hubo escenas auténticas, pero otras de una gran hipocresía

El paripé de Alfonso Guerra ante el féretro de Adolfo Suárez abochorna al PSOE

Se lleva la palma en caradura el veterano socialista, autoerigido en portavoz de su partido para "asuntos adolfistas"

El paripé de Alfonso Guerra ante el féretro de Adolfo Suárez abochorna al PSOE
El armón con el ataúd de Adolfo Suárez. PD

O ese José Bono que tanto daño hizo a Adolfo Suárez Illana en la campaña de las elecciones castellano-manchegas de 2003 y que este lunes corrió a abrazarle compungido

El teatro de la política trasladó este lunes su escenario al Salón de los Pasos Perdidos del Congreso.

Allí hubo escenas de emoción auténtica, de la indisimulable; pero también otras muchas de una gran hipocresía. Lágrimas de cocodrilo y besos tan falsos como un euro de madera.

La familia de Adolfo Suárez, que desde el principio se mostró reacia a hacer de la capilla ardiente un acto público y multitudinario, tenía asumido que durante el velatorio habría de hacer de tripas corazón ante según que personajes.

Como ese Artur Mas que sin tener vela en el entierro aprovechó para compararse con el expresidente del Gobierno y hacer campaña por su referéndum.

O ese José Bono que tanto daño hizo a Adolfo Suárez Illana en la campaña de las elecciones castellano-manchegas de 2003 y que este lunes corrió a abrazarle compungido. Como cuenta Ana Isabel Martín en ‘El Semanal Digital’, la frialdad con la que la familia de Adolfo Suárez recibió las condolencias del expresidente de la Cámara Baja no pasó inadvertida a los presentes.

Pero de todos ellos se lleva la palma Alfonso Guerra. Él ejemplifica como ningún otro la actitud cínica de la izquierda en general y del PSOE en particular con la muerte de Suárez, a quien acribillaron en vida por ser «un perfecto inculto procedente de las cloacas del franquismo», según la definición del propio Guerra.

Aunque a quien fuera vicepresidente del Gobierno con Felipe González no le guste que se lo recuerden: el domingo, en el especial de TVE tras la triste noticia, Guerra se las tuvo tiesas con el periodista Fernando Ónega porque el autor de la biografía Puedo prometer y prometo osó recriminarle que ahora se deshaga en halagos hacia Suárez cuando en el pasado le atacó de forma inmisericorde. Golpes bajos incluidos.

Lo siguiente que hizo Guerra tras visitar la capilla ardiente de quien fuera su rival político y abrazar muy diplomático a Suárez Illana fue seguir con su tournée por los medios, porque lleva varios días de entrevista en entrevista.

Desde el Congreso entró en directo para Las mañanas de Cuatro de Jesús Cintora, con más de lo mismo: lo fuera de serie que era Suárez.

El descaro de Guerra, autoerigido en portavoz del PSOE para asuntos adolfistas, fue de lo más comentado en unos atestados pasillos del Congreso, donde la organización se cuidó muy mucho de no mezclar a los políticos con los ciudadanos rasos.

Esos que sí hicieron cola durante horas bajo un cielo enlutado para presentar sus respetos ante el féretro del primer presidente de la democracia, que este martes será enterrado en la Catedral de su querida Ávila.

Faltaron los portavoces de Amaiur y ERC, pero nadie les echó de menos. Sobraron gestos como el de Elena Valenciano, que tuiteó una fotografía junto a Felipe González, Alfredo Pérez Rubalcaba, José Luis Rodríguez Zapatero y la mujer de este último contando cómo González les estaba contando «anécdotas» y «recordando momentos» con Suárez.

Precisamente él, Felipe González, que el domingo en una nota de prensa remitida por el PSOE presumía de la «amistad» con su antecesor en La Moncloa olvidando, como le recordaba un tuitero a Valenciano en respuesta, la «campaña de acoso y derribo».

De la memoria histórica que reivindicaban los socialistas con Zapatero a la memoria selectiva. Lo resumía así la exministra María Antonia Trujillo: «Hoy casi canonización; ayer, pieza a batir».

 

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