En un momento de desmovilización total, cuando se supone que el presidente debería recurrir a la caballería de su formación

El olvido del Gobierno Rajoy a los ‘pura cepa’ del PP le da problemas

Hay quien sostiene indignado que ser 'popular de toda la vida' se ha convertido en casi un estigma.

Cuando Isabel García Tejerina empezó a despuntar en los mentideros populares como más que probable sucesora de Miguel Arias Cañete pedí referencias sobre ella a un compañero suyo de Gobierno habitualmente bien informado y recibí este SMS:

«Su handicap es su desvinculación con el PP pero eso a los ojos de algunos es casi un mérito».

El autor del mensaje lo clavó en pocas palabras. En un momento de suma desmotivación y desmovilización de las bases populares, cuando se supone que Mariano Rajoy debería recurrir a la caballería del partido, resulta que ser un pura cepa se ha convertido en casi un estigma.

Con la elección de García Tejerina como titular de Agricultura, la cuarta outsider del Consejo de Ministros -se une a Luis de Guindos, José Ignacio Wert y Pedro Morenés-, el presidente manda a los suyos el mensaje de que la política es secundaria para él. Como si fuera un tecnócrata de toda la vida.

Y además ahora, justo cuando la parroquia popular, incluidos algunos de sus más destacados feligreses, le pedían a gritos una remodelación de más calado aprovechando la cercanía de las temidas -para el PP y también para el PSOE- elecciones europeas.

Una que supusiera meter una marcha más, y política, al Ejecutivo. Porque si no el Gobierno puede griparse, como un motor. Si es que no lo está ya, el 25 de mayo saldremos de dudas. Dice el presidente que con movilizar a su electorado de siempre lo tienen hecho. Desde luego no va a ser fácil.

Es curioso. Rajoy siempre ha insistido en la importancia del partido en su proyecto en La Moncloa pero el organigrama de su Gobierno dice otra cosa. A los cuatro ministros sin carrera en el PP se une otra cifra: lo mismo pasa con 14 de los 27 cargos con rango de secretario de Estado, la mitad.

Pongámosles nombres. Fernando Román (Justicia), Pedro Argüelles (Defensa), Miguel Ferre (Hacienda), Marta Fernández Currás (Presupuestos), Francisco Martínez Vázquez (Seguridad), Rafael Catalá (Fomento), Montserrat Gomendio (Educación, Formación Profesiona y Universidades), Miguel Cardenal (Consejo Superior de Deportes), Alberto Nadal (Energía), Federico Ramos (Medio Ambiente), Fernando Jiménez Latorre, (Economía y Apoyo a la Empresa), Carmen Vela, (Investigación, Desarrollo e Innovación), Gonzalo de Benito (Asuntos Exteriores) y Jesús Manuel Gracia (Cooperación Internacional y para Iberoamérica).

En algunos ministerios la estirpe popular ha quedado reducida al mínimo, como pasa con José María Lassalle en el de Educación y con Jaime García Legaz en el de Economía. Y ello ha creado un mar de fondo en el PP en tiempos de por sí complicados que el ascenso de García Tejerina no ha hecho sino empeorar.

El precedente de Aznar

Así que no es de extrañar que mientras el PSOE pasea a José Luis Rodríguez Zapatero, el presidente del paro, el PP veta a José María Aznar, el del llamado «milagro económico español». Ahora que el presidente de honor de los populares vuelve a estar de actualidad retrocedamos en el tiempo hasta situarnos en su primer Gobierno.

¿Qué hizo Aznar para resolver los problemas de imagen de su Ejecutivo? Política. En julio de 1998 destituyó a Miguel Ángel Rodríguez como portavoz y colocó en su lugar al ministro Josep Piqué, un piquito de oro con un perfil más moderado, el que a Aznar le interesaba en aquel momento.

En enero del año siguiente, en vísperas del XIII Congreso del PP, realizó cambios estratégicos en el Gobierno y el partido para abrazar el centrismo.

Relevó a Esperanza Aguirre por Mariano Rajoy en Educación porque los nacionalistas se entendían mejor con él; dejó a Javier Arenas sin cartera y lo envió a la formación para sustituir a Francisco Álvarez Cascos como secretario general; y fichó a Ángel Acebes para el Consejo de Ministros.

Y sí, poco más de un año después ganó por mayoría absoluta. El problema de Rajoy, a decir de algunos de sus correligionarios, es que los árboles de La Moncloa le han hecho perder la perspectiva política.

No vio problema en que el primer acto de Cañete como candidato fuera en la mesa del Consejo de Ministros. Ni en que su precampaña arrancara oficialmente el viernes, cuando aún llevaba la cartera de ministro.

Este lunes fue el remate: al presidente le entraron las prisas y de forma insólita se publicaron dos BOEs en un mismo día para comunicar su cese y el nombramiento de su sucesora.

Así las cosas, ya puede desgañitarse Mariano Rajoy pidiendo implicación a los suyos.

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