El veterano líder socialista presta su último e inapreciable servicio a España

La delicada misión que el Rey Juan Carlos dejó en manos del fiel Rubalcaba

El descarrilamiento del PSOE hacia posiciones extremistas asustó al todavía secretario general

La delicada misión que el Rey Juan Carlos dejó en manos del fiel Rubalcaba
Alfredo Pérez Rubalcaba y el Rey Juan Carlos. CR

La posibilidad de un dislate llevó al secretario general del PSOE a rendir un último servicio a la Corona

Desde mucho antes de este histórico 2 de junio de 2014 los ambientes políticos por cuyas cañerías discurre la realpolitik apostaban con insistencia por una abdicación de Don Juan Carlos.

En este orden de cosas, los resultados europeos alentaron algunos de los peores fantasmas de La Zarzuela.

El escenario abierto fue interpretado en Palacio como un riesgo futuro para la estabilidad de las instituciones, con la propia Monarquía al frente. El Rey debía dar paso ya a sangre (azul) nueva.

Don Juan Carlos pudo tomar la decisión de abdicar coincidiendo con su 76 aniversario el pasado 5 enero. Durante estos meses habría negociado con Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba el momento y la forma de hacerlo. De igual manera, habría preparado el relevo con su hijo Don Felipe.

Sin embargo, no fue hasta el pasado jueves cuando en una cita en La Zarzuela en la que participaron el Monarca, el Príncipe, el presidente del Gobierno, el secretario general del PSOE y el jefe de la Casa del Rey, Rafael Spottorno, se decidió abrir el melón de la sucesión.

A la postre, Don Juan Carlos se ha ido poniendo en manos tanto del PP como del PSOE.

Y ahí era sobre todo necesario que Rubalcaba embridase los vendavales de imposible encaje en la Constitución de muchos de sus cuadros dirigentes, sobre todo de los más jóvenes embarcados en un radicalismo fuera de cualquier lógica en unas siglas llamadas a ser alternancia de Gobierno.

Así, Alfredo Pérez Rubalcaba se veía forzado a transmitir a los suyos en Ferraz que, «sin perder su histórico espíritu republicano», «los socialistas apoyan esta Monarquía sin lugar a dudas».

Ese mismo deber patriótico, o algo parecido, habría llevado a Rubalcaba a mantenerse al frente del PSOE durante los distintos pasos a seguir hasta su relevo en Congreso extraordinario. Menos de dos meses.

Lo fácil para él hubiera sido dejar los bártulos en manos de una gestora, pero, según filtra su asustado entorno, el partido podía sentirse tentado a caer en una descalificación total del sistema.

Y así fue como Alfredo Pérez Rubalcaba optó por rendir un último servicio a Don Juan Carlos.

 

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