PODEMOS, BAJO LA LUPA CRÍTICA

Los hombres y trucos de Pablo Iglesias, el «liquidador» de Rubalcaba

Hace furor en las urnas y en los platós pero tras él hay un entramado que no ha nacido por generación espontánea

Los hombres y trucos de Pablo Iglesias, el "liquidador" de Rubalcaba
Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias, rodeados de las caras de Morales, Correa, Lenin y Chávez. PD

Hasta la noche del 25 de mayo de 2014 Pablo Iglesias era otro más de los candidatos tertulianos que optaban a hacerse con un escaño en el Parlamento Europeo. Sin embargo, ese día su historia personal, y la de su partido, Podemos, dio un giro sustancial.

Las palabras de Pedro Arriola, eterno gurú heredado del PP, asegurando que la llegada de los «frikis» era conocida por «quien tenía que saberlo lo sabía», esto es, su cliente Mariano Rajoy, sonaron a excusas de mal pagador a toro pasado.

Lo cierto es que los cinco escaños de Podemos no los vio nadie. Ni siquiera algunos de quienes comparten plató con él.

#Podemos. Deconstruyendo a Pablo Iglesias es, como reconoce su coordinador, John Müller, fruto de esa rapidez por analizar un fenómeno más complejo de lo que parece a simple vista.

Para ello, Müller ha contado con un equipo de periodistas, expertos en comunicación política y economistas que se han puesto a la labor.

Tal vez las páginas dedicadas a la Economía sean las que más cojean de toda la obra. El análisis de Juan Ramón Rallo peca de longitud aunque haya que reconocerle el mérito de querer combatir las ideas, no a los hombres.

Y en cuanto al de Lorenzo Bernaldo de Quirós, se pierde entre acusaciones de «resentimiento», acusaciones de coincidir con la «extrema derecha» por sus críticas al «capitalismo democrático» y diez páginas de un ejercicio de pura ucronía en base a un programa económico de una formación política sin poder. Al menos por ahora.

Y eso sin olvidar que en España los programas suelen acabar en la papelera. A las pruebas hay que remitirse.

Por eso la obra coordinada por Müller tiene su lado más interesante en aquello que analiza hechos, no futuribles. Es el coordinador, por cierto, quien tiene la vista de recordar cómo uno de los recursos dialécticos de Iglesias, el de la «casta», procede de la derecha y era usado por el experiodista de Intereconomía Enrique de Diego, que acuñó el término en su libro Casta parasitaria de 2008.

O las similitudes entre el «por ahora» de Hugo Chávez tras rendir el golpe de Estado de 1992 y las del «por ahora» del líder de Podemos en la noche del 25-M.

Pero, ¿quiénes son y de dónde viene el núcleo duro de un partido que, como señala Fran Carrillo, sólo conocía un siete por ciento frente al cincuenta por ciento de conocimiento de Iglesias?

Los «hombres» detrás de él son Juan Carlos Monedero e Iñigo Errejón, los más conocidos. Pero también Carolina Bescansa, Guillermo Errejón, Ariel Jerez, Miguel Urbán o Jorge Moruno. Son la discreta segunda fila de la dirigencia de un partido de lo más atípico.

Tanto, que el logotipo del mismo es la cara de Iglesias, «el primer político que de verdad profesionalizó las tertulias televisivas» tras curtirse en programas «marginales», pasar a la segunda división de la TDT y dar el salto a los grandes canales a los que acude, por ejemplo el sábado noche, tras salir a correr escuchando música para relajarse antes de la batalla.

Para el rostro de Podemos esa labor es, ante todo, parte de una militancia y un altavoz impagable para unas ideas que comenzaron a larvarse en la Facultad de Políticas de la Complutense a través de la asociación Contrapoder, que, según Pablo Rodríguez Suanzes, se ha constituido en la «casta hegemónica» ideológica de ese centro de estudios.

Pese a todo, el periodista de El Mundo considera a Iglesias un buen profesor, abierto a la crítica y a la participación y «duro con quien cree que sólo por acudir y soltar eslóganes de izquierdas va a ser aprobado».

Un rompedor, a su modo, ya que su forma de actuación y su campaña han conseguido llegar a un electorado más allá de la izquierda, lo que ha levantado sarpullidos incluso dentro de la formación, donde los troskistas de Izquierda Anticapitalista, que le ofrecieron una «estructura mínima» al principio -según le confiesa Jorge Verstrynge a Marisa Gallero-, se han convertido en un quebradero de cabeza.

Parte del secreto de ese éxito, al margen de su discurso, se basa en las redes sociales, donde quince personas se dedican en cuerpo y alma a ellas. «Cada usuario se sentía importante», señala Carrillo sobre el modo de operar en Twitter de Iglesias, dando importancia a la interactividad, a las respuestas a los usuarios, frente a unos perfiles de Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba que carecen «de chispa». ¡Toma nota, Colibrí!

Esteban Hernández pone como ejemplo de capacidad de atracción el del músico Nacho Vegas, un apoyo «residual» pero «altamente simbólico» porque significaba que un idolo de los hipsters, descreidos y consumistas, consideraba Podemos una opción «atractiva para sectores que hasta entonces habían dado la espalda a la política» en gran parte por su novedad.

Algo que desaprovecharon UpyD y Vox al colocar a unos candidatos que hicieron que se viera a ambbas formaciones como «parte minoritaria de lo institucional».

Un crecimiento que, como analiza Anna Grau, «ha merecido un nivel de crítica y de ataque desde las huestes conservadores que, quieras que no, les ha bañado en visibilidad». Y quien sabe si no ha contribuido a producir votantes potenciales.

Lo que está claro es que todavía queda mucho por ver respecto al fenómeno Podemos-Iglesias.

 

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