Las claves sobre el 'susto' del PP

«He votado a Podemos para joderles bien»

Entre unos y otros han puesto en pie a un Frankenstein, ahora fuera de control, que amenaza a las siglas tradicionales con comérselas por los pies

"He votado a Podemos para joderles bien"

La rabia de una generación -sobre todo la de los nacidos a finales de los 70 y principios de los 80

En España, al contrario de lo que ocurre en Francia, donde el Frente Nacional de Le Pen obtiene sumas significativas de votos, no había partidos «ultras» más allá del independentismo radical.

Pues bien, ahora tenemos un ultrismo representativo en todo el país.

Podemos es un populismo ideado desde postulados izquierdistas al que beneficia la indignación con una clase política percibida como «casta» alejada de la gente corriente.

Una amalgama de propuestas recogidas por unos cabreados que quieren «fastidiar bien» al sistema y que van desde mareas de indignados hasta jóvenes licenciados con pocas perspectivas.

Iglesias, además, ha logrado aprovecharse del desconcierto de la izquierda tradicional con la aparición en 2011 del Movimiento 15-M, que ha desorientado sobre todo a un PSOE incapaz de aclararse sobre si la oposición debe hacerla desde las instituciones, o bien desde las calles y plazas de la mano de la protesta.

Luego, intrigas palaciegas, con el apoyo de medios con gran predicamento en el electorado de izquierda (unos buscando un antídoto para que el descontento con el PSOE no siguiera engordando a IU, otros para restar el suficiente voto joven a Rubalcaba como para jubilarle, y los de enfrente para introducir una cuña que dividiera más la izquierda), han puesto en pie a un Frankenstein, ahora fuera de control, que amenaza a las siglas tradicionales con comérselas por los pies.

Ni izquierdas ni derechas

La estrategia de Podemos, como movimiento populista típico, va a consistir ahora en intentar conducir el debate político a través de la provocación.

Con todo, Pablo Iglesias es un problema primordialmente de la izquierda, que o bien lo resuelve la izquierda tradicional o bien se lo resolverá él a ella.

Miren si no al PSOE, que pese a sustituir a su líder sigue en horas bajas. Ya se sabe que las crisis de los partidos las abren y las cierran los ciudadanos con sus votos.

O la situación de Cayo Lara en IU, donde, aun sin dimitir, ha tenido que ceder al joven Alberto Garzón, surgido del 15-M, el control de la federación de izquierdas liderada por el comunismo.

La influencia de los jóvenes

En las elecciones del 25-M muchas cosas han sido distintas, no cabe la menor duda. Empezando por el peso que ha tenido la juventud esta vez para marcar el voto de las familias.

Todo un fenómeno para analizar detenidamente. Porque la influencia que los hijos han ejercido sobre los padres, hasta llevarles a votar opciones que jamás hubiesen pensado, ha sido formidable.

Ello explica en cierta medida el millonario respaldo a un partido como Podemos, que representa primordialmente un voto de castigo radical.

Buena parte de los jóvenes españoles están muy movilizados. Las redes sociales les mantienen constantemente informados sobre la política y en permanente intercambio de opiniones.

Me advirtió hace unos días el alcalde de Jun, José Antonio Rodríguez Salas (uno de los mayores expertos de redes sociales y procesos electorales), sobre el diferente camino, en cuanto a estructuras organizativas, que siguen PP y PSOE si los comparamos con Podemos.

Mientras ambos partidos tradicionales buscan tener sedes «físicas» abiertas en muchísimos pueblos del país, Podemos, más joven, prefiere crear «nubes» de influencia en Twitter bien repartidas por la geografía española.

De hecho, si se observa un mapa de temperatura de Twitter, no hay prácticamente localidad donde los de Pablo Iglesias no tengan «Círculo Podemos».

La política moderna del siglo XX contra la postmodernista del siglo XXI.

Un cóctel explosivo

Pero volvamos a la rabia de una generación -sobre todo la de los nacidos a finales de los 70 y principios de los 80- que ha visto cómo su formación no le ha servido para conseguir un trabajo, independizarse de sus progenitores y crear su propio núcleo familiar.

El cóctel es explosivo. Porque, además, esa juventud, con deseos de darle un serio correctivo a los partidos «culpables» de su fracaso, arrastra a unos padres que ven con dolor cómo sus hijos se consumen en casa día tras día.

Son los hogares con jóvenes universitarios sin empleo, o que, incluso trabajando, ganan menos que cuando comenzaron su vida laboral, o que se buscan la vida en trabajos temporales, por horas, con salarios de miseria. Es un drama para los hijos… y frustrante para los padres.

«Antonio, he votado a Podemos para joderles bien», me señaló un buen amigo, afiliado al PP, con quien me crucé a las puertas de un colegio electoral en Villaviciosa de Odón, quinta población de mayor renta per capita de España.

Le entendí: dos hijos, licenciados, uno en paro y el otro reponedor de mercancías por horas en Hipercor, son razones de peso para tan drástico cambio de chaqueta electoral.

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Autor

Antonio Martín Beaumont

Antonio Martín Beaumont, politólogo y periodista, es el actual director de ESDiario.com.

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