Vuelve el cordón sanitario

La jugada del PSOE y Podemos para quitar alcaldías al PP en despachos

Los pactos que se barruntan tras las elecciones de mayo 2014 entre una izquierda fragmentada alejarán aún más de la política a los ciudadanos y no mejorarán la gobernabilidad

Bienvenida sea la reflexión anunciada en julio 2014 por Mariano Rajoy sobre temas como la reforma de la Ley Electoral, para que sea alcalde quien encabece la lista más votada, o la disminución del número de aforados.

Resulta escandaloso observar esos pactos, casi siempre oscuros y además post electorales, que abren la puerta a acuerdos entre grupos minoritarios dispares ideológicamente para repartirse el botín municipal: con tanta frecuencia, la concejalía de Urbanismo.

Tampoco es demasiado presentable que su única amalgama sea cerrar el paso al adversario ideológico aunque haya sido el más apoyado por los ciudadanos. Y es que desde 1979 las izquierdas de este país, de todos los colores, con programas muy distantes, no han hecho ascos a la hora de formar un «cordón sanitario» frente a los candidatos del centro derecha.

Además, en un momento en el que existe un amplio consenso sobre la urgencia de estrechar la distancia de los políticos con la gente corriente, pocas cosas hay que escandalicen más a los ciudadanos que violentar su decisión mayoritaria expresada en las urnas.

Eso sí, abierto ese melón, veremos hasta dónde se extiende. ¿Una medida sólo para Ayuntamientos? ¿Y por qué no lo ampliamos más y se aplica también en las comunidades autónomas? ¿O para elegir al presidente del Gobierno?

Al final del trayecto -ya se verá-, el debate se centrará en si es mejor nuestro actual sistema de democracia representativa o, por el contrario, deberíamos abrazar fórmulas de democracia directa. 

Democracia directa o elección por representantes

Y, por ello, no deberíamos olvidar que España se sustenta en un sistema que designa a sus gobernantes a través de representantes. Por lo que cualquier cambio en sus leyes electorales, dando pasos hacia sistemas de elección directa por ciudadanos, debería ser meditado de forma prudente.

Pongamos un ejemplo de la política cotidiana para entender mejor otros aspectos a los que avocan los cambios.

Se acusa en muchas ocasiones a Mariano Rajoy de lo poco dado que es a comparecer en ruedas de prensa para explicarse. Se compara, esa actitud «ramona» del presidente, con la contraria de Barack Obama, que todas las semanas se pone frente a los periodistas para hablar de lo divino y de lo humano.

Lo que no suele decirse es que el mandatario americano sólo acude una vez al año a explicarse frente el Congreso de los Estados Unidos. Sin embargo, el español, cada lunes se sienta en su escaño de la Cámara Baja para contestar las preguntas de los representantes del pueblo español.

No es verdad que Rajoy no rinda cuentas por no dar más ruedas de prensa. Las rinde en el Congreso.

La forma de someterse a control de Obama y Rajoy definen perfectamente las diferencias de dos sistemas diferentes: la elección de presidente mediante representantes en España y la directa de los ciudadanos de Estados Unidos.

Aquí, el jefe del Gobierno es designado por las Cortes, previamente elegidas por los españoles. Lógico, por tanto, que se someta al control de diputados.

Sin embargo, el presidente Obama es elegido directamente por los estadounidenses en las urnas. Y, naturalmente, es a su pueblo, a través de los medios de comunicación, ante quien se explica de continuo.

Un fenómeno que aumentará

Es cierto que ahora mismo, sobre todo por la enorme proporción de votos que obtuvo el PP en las pasadas elecciones municipales, no llegan casi ni al diez por ciento los ayuntamientos de grandes ciudades donde no gobierna la lista más votada.

Ahora bien, la crisis, y sobre todo las «amargas» medidas que el Gobierno de Rajoy ha debido adoptar para gestionarla, han hecho crecer el voto de izquierda. Esto se ha visto bien en las elecciones europeas. También lo apuntan todos los sondeos.

Aunque no es menos cierto que el voto de izquierda está fraccionado como nunca se había visto en España. Fundamentalmente por la descomposición del PSOE y por la irrupción en el panorama del populismo de ultra izquierda de Podemos.

Este fenómeno, novedoso, va a propiciar que tras las elecciones municipales de 2015 asistamos a un mayor número de pactos de todo el arco iris de la izquierda (PSOE, Podemos, IU, Equo, ERC, Bildu, nacionalistas gallegos) con el único objetivo de cerrar el acceso al bastón de mando de las alcaldías a cualquier político del PP que no haya alcanzado la mayoría absoluta.

Las elecciones de mayo vaticinan infinidad de pactos de las formaciones de izquierda contra el PP.

Esto, claro, alejará aún más de la política a los ciudadanos. Además, tampoco mejorará la gobernabilidad de los ayuntamientos, dada la fragilidad de los pactos, demasiadas veces irracionales cuando el objetivo sólo es cerrar el paso a una formación política adversaria.

La irrupción de la ultra izquierda populista

Lo que sí llama la atención es la doble vara de medir que hay en España a la hora de diseñar los pactos. Veamos otros de los aspectos.

¿Se imaginan qué pasaría si quien hubiese irrumpido con fuerza en el panorama electoral el pasado 25 de mayo fuese una formación ultraderechista?

Ahora estaríamos escuchando voces «progresistas» para que, «por higiene democrática», nadie pactase con ella. Sería una fuerza política condenada a la marginación, tal como le ocurre en Francia al Frente Nacional de Marine Le Pen.

Pues bien, en la otra ribera del río, sin embargo, no hay tales remilgos. ¿Alguien ha escuchado estos días alguna voz en el PSOE que alerte de los peligros para el sistema democrático de pactar con la ultra izquierda populista de Podemos? Ni se escuchará.

Más aún: si el PSOE necesita los votos de Pablo Iglesias para alcanzar cualquier ayuntamiento o comunidad autónoma el próximo año, no se dude: con la nariz tapada o sin mayores escrúpulos, pactará con ellos.

En realidad -merece la pena recordarlo-, eso buscó siempre el zapaterismo: propiciar un «Frente Popular» de toda la izquierda que taponase el acceso al poder del PP por muchos años. El pacto del Tinell de Cataluña, pero trasladado a toda España.

El escándalo de los 10.000

¿Y qué decir de un sistema que permite que haya diez mil personas aforadas en nuestro país?

Pues que hay que ponerse manos a la obra de inmediato para que no haya tanto «privilegiado» ante los tribunales. Es un tipo de monumento que nos recuerda a diario la desigualdad de los españoles ante la ley.

Así que si tal tributo a la desigualdad existe por la desconfianza hacia jueces con «fama» ganada a pulso por sus malas praxis, procédase entonces a la reforma de la Justicia.

Pero no se blinde a unos pocos favorecidos del sistema frente a los jueces inapropiados, dejando a su suerte a los ciudadanos de a pie que a diario chocan con ellos en las salas de los juzgados.

Hablando de privilegiados, he visto personalmente cómo un importante diputado, tras una reunión en el Hotel Palace, tomaba el coche oficial estacionado a la puerta para cruzar la calle, no demasiado ancha, que lo separa del Congreso de los Diputados.

¿Una simple anécdota? El problema de verdad consiste en que buena parte de la clase política española considera -estúpidamente- que los «privilegios» que disfrutan van unidos a la representación que les otorgan los españoles.

Más todavía: creen que necesitan mostrar esas regalías como trofeos del poder que detentan. Y ya se sabe: se acaba pensando como se vive.

 

Te puede interesar

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Antonio Martín Beaumont

Antonio Martín Beaumont, politólogo y periodista, es el actual director de ESDiario.com.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído