Con los rescoldos de Sosa Wagner por apagar, la líder de UPyD tiene declarado un incendio de mayor virulencia

El dilema de Rosa Díez: cómo impedir que Podemos arruine su trabajo de años

Y no se adivinan bomberos suficientes para cambiar las tornas

«Gracias a nuestra aparición, muchos ciudadanos han descubierto que no tienen por qué resignarse a dejar las cosas como están; o a votar a quienes les han defraudado, a quienes le han demostrado que no merecen su confianza».

«Los españoles saben que la crisis es responsabilidad de los políticos y de los poderes económicos y financieros».

«Los ciudadanos creen que sus representantes se han convertido en una clase que defiende intereses propios, ajenos -cuando no contradictorios- con el interés general».

«Los ciudadanos son plenamente conscientes de que en España es necesario un partido que ponga freno a los desmanes de quienes se sienten cómodos sin que nada cambie».

La autoría de tales arengas podría provenir perfectamente de Pablo Iglesias pero en realidad salieron de Rosa Díez en 2009. Entonces, jugó fuerte e hizo suya en exclusiva la baza de acabar con los vicios del bipartidismo y hasta llamaba a combatir con urgencia las prácticas de los políticos convertidos -ojo- en «casta».

UPyD enfocó sus iniciativas a lanzar guiños al personal de a pie (reducir coches oficiales, diversas prebendas, dar publicidad a sueldos de los políticos, a las cuentas…).

De igual manera renunciaron al reparto del Consejo General del Poder Judicial perpetrado por PP y PSOE en compañía de IU, CiU y PNV o declararon la guerra a los consejeros de Bankia.

Pero visto el desarrollo de los acontecimientos, no pocos dirán que el tiro ha salido por la culata.

La dama deberá desplegar ejercicios de persuasión más convincentes. El público ha detectado que el problema de Unión, Progreso y Democracia es, en buena parte, la propia Rosa Díez.

A la postre, lleva aferrada a la moqueta como percebe a la roca desde tiempo inmemorial. Lo cual es como echarle una soga al cuello y le resta credibilidad y auctoritas.

Los españoles la siguen viendo como parte del sistema y su fondo de pensiones como ex eurodiputada tampoco ayudó a su imagen.

Los tiempos cambian y Díez, al menos hasta ayer, ha eludido percatarse. La cuestión, oigan, no es baladí. La decepción afecta a los dos grandes partidos del espectro parlamentario.

Eso es verdad. Sin embargo, la parroquia magenta está demostrándose incapaz de capitalizarla en expectativas de voto.

La irrupción del outsider Iglesias ha descuadrado todo el tablero político. Podemos con un mensaje muy basado en la regeneración aguó la fiesta a UPyD.

De hecho, la desplazó como quinta fuerza más votada en las europeas, cuando su aspiración natural era ser la cuarta. Es lo que hay.

Para Rosa Díez se presentan tiempos convulsos, más allá incluso de la controversia generada en torno a una posible coalición con Ciudadanos. El juego de filias y fobias internas aún puede mover muchas cosas. Por algunos no va a quedar.

 

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