Hacer caer la culpa sobre Arriola parece una chirigota

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A pesar de gobernar por toda España, es una formación arrinconada con gente que comienza a saltar del barco

El sentido del riesgo de Rajoy con la corrupción abre una brecha al PP

Importantes dirigentes del PP están estos días más que preocupados. Las señales que se envían desde La Moncloa son como para estarlo.

«La semana pasada ha sido terrible», reconoce un VIP popular a El Semanal Digital.

El culebrón Gallardón ha evidenciado lo que era un secreto a voces: el malestar de buena parte del Consejo de Ministros, extendido por Génova 13 y por los órganos regionales y provinciales del partido.

Aún peor: telegrafía la idea de que el PP, a día de hoy, a pesar de gobernar por toda España, es una formación arrinconada con gente que comienza a saltar del barco.

La imagen de un poderosísimo presidente (jamás en democracia una formación política ha atesorado tanto poder) a quien se le resbala el timón, cuando aún no se han cumplido los tres años de su mayoría absoluta, es peligrosa. ¿Ha cambiado tan rápidamente el ciclo político?

Haber permitido que el asunto del aborto se gangrene sin «decidir» durante meses, para luego consentir que terminase de la peor forma, con tal escandalera pública, es incompatible con la idea de un presidente del Gobierno que se supone rodeado de una legión de preparados consejeros con todo atado y bien atado.

Hacer recaer la culpa del desaguisado sobre el «asesor» Pedro Arriola, «porque la opinión de la gente va por otro lado», es una cortina de humo para chirigota. Una broma inconciliable con la responsabilidad del liderazgo, tan importante en horas complicadas.

Lo ocurrido, con todo, refleja la personalidad de un jefe del Ejecutivo capaz de diluirse en su propio ambiente: donde, por ejemplo, y pese a no querer ver ni en pintura al número dos del Gabinete de Presidencia, a quien no considera apto para el puesto, prefiere tragar quina cada día con tal de no desairar a su colaborador más cercano, Jorge Moragas.

A la fuga de Gallardón se une, sin solución de continuidad y en la misma semana, otro sonoro hundimiento: el de un buque insignia como la televisión y la radio públicas.

El desastre, por incapacidad, en el que el Partido Popular ha sumido a RTVE acabó con la marcha de su presidente, Leopoldo González-Echenique. Tarde y mal. Y resulta curioso que, mientras dimitía Echenique, la secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez Castro, estuviese viajando a China con Rajoy.

La situación en Prado del Rey es peor que la que encontró el PP cuando llegó al poder, lo que ya es mucho decir.

Pero, siendo un récord haber convertido la radiotelevisión pública en intrascendente para los españoles, e internamente en una macroclínica llena de frustraciones, mayor es todavía el roto político que supone para el partido.

En el cuartel general de la gaviota se propaga, como el pan nuestro de cada día y sin que nadie lo haya cortado, el comentario de que los males de TVE y RNE han sido consentidos desde La Moncloa porque los medios de comunicación se han utilizado, al precio que fuere, para batallas contra compañeros y afines del PP.

Sin duda: todo un torpedo a la buena reputación de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, que tiene una patata caliente en sus manos que la está achicharrando entre sus camaradas. Y no es la primera vez que escribo esto mismo.

Este Gobierno muestra un deterioro preocupante. Han sido tres años muy duros de gestión de la crisis que se lo han llevado por delante. Ha entrado en esa fase en la cual la gente, harta ya de la casa vieja en la que reside, sólo ve desperfectos, goteras y trastos gastados.

O Mariano Rajoy toma conciencia del problema que tiene encima o se topará (tozudamente) con la respuesta que los ciudadanos le han dado a sus últimas «personalísimas» decisiones (léase Juan Manuel Moreno, Miguel Arias Cañete o la «amistosa» dimisión de Alberto Ruiz-Gallardón): es decir, por este camino no vamos a ninguna parte.

Por cierto, a modo de coda: no se puede insistir, como se hizo en la reunión del Parador de Sigüenza con la cúpula nacional del partido, en que, «a partir de ahora, política y más política», para inmediatamente, cuando dimite el ministro más político, sustituirlo por un técnico ajeno a los años de la dura oposición del PP.

 

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Autor

Antonio Martín Beaumont

Antonio Martín Beaumont, politólogo y periodista, es el actual director de ESDiario.com.

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