Estábamos esperando ver quién iba a ser el primer partido en tratar de romper la decorosa actuación que , en general, están teniendo todos en esta crisis del ébola, venciendo las tentaciones -que son muchas- de convertir el caso de la auxiliar en un nuevo «nunca mais». Había apuestas.
Dejando a un lado a personajes como Ada Colau y Gaspar Llamazares porque sería demasiado fácil el juego, había quien pensaba que el PSOE -como en caso Cañete- sería incapaz de reprimir sus ansias populistas. Pero no, esta vez el comportamiento de Pedro Sánchez no ha estado a la altura de tertuliano de Sálvame sino de hombre de Estado.
Así que se especulaba con la posibilidad de que el primero en abrir fuego fuera un nacionalista o quizás una Rosa Díez recién levantada de una mala siesta. Pero tampoco. El ganador era mucho más obvio: Pablo Iglesias y Podemos, Podemos y Pablo Iglesias; monta tanto, tanto monta.
Pablemos y sus huestes han sido los primeros en sacar la navaja con la que intentar sacar una buena tajada política del ébola. Han olido la sangre y como tiburones se han arrojado sobre la presa. En primer lugar las eurodiputadas Teresa Rodríguez y Lola Sánchez pidieron la dimisión de la ministra Ana Mato y del presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, por cometer un «atentado contra la salud pública» y «ser los principales responsables de los recortes sanitarios».
El líder mesiánico, por su parte, ha presentado la pregunta que formulará en la próxima sesión del Parlamento Europeo y que reza -con perdón- así: «¿Va a permitir la UE que el desmantelamiento de la Sanidad pública vulnere los derechos fundamentales de todo ciudadano y trabajador a contar con los requisitos básicos en la atención sanitaria?».
Las acusaciones de unos y otros vinculan directamente el contagio de ébola con los recortes presupuestarios en Sanidad que, al parecer, tienen la culpa de que la auxiliar se descuidará o incumpliera los protocolos. Tal es el desmantelamiento de la Sanidad pública en nuestro país que es lógico que la enferma se viera obligada también a ocultar a su médico de cabecera que había atendido al misionero fallecido.
Ya sabemos que Podemos encuentra su caldo de cultivo perfecto en la desgracia y la desesperación -cuanto peor, mejor-, se alimenta de populismo y crece ofreciendo soluciones mágicas que la gente necesita creer. De hecho, ellos mismos reconocieron en un documento interno que la recuperación económica es una amenaza para sus aspiraciones.
En realidad Podemos es un virus que amenaza con matar la democracia. Y como tal se comporta: se contagia con facilidad, invade el sistema, se aprovecha del mismo para intentar hacerse con el control y, en última instancia, acabar con él.
