TARDE Y A MEDIAS

El reproche que le hizo Soraya a Rajoy en privado, harta de Mato

La continuidad de la exministra de Sanidad como diputada rasa mantiene abierta la vía de agua en el PP, aunque sea menor. Su número dos llevaba tiempo advirtiendo al presidente

El reproche que le hizo Soraya a Rajoy en privado, harta de Mato
Soraya Sáenz de Santamaría y Ana Mato. EP

La retirada del sillón azul que hasta el miércoles ocupaba Ana Mato en el hemiciclo es un punto y aparte, pero no un punto y final.

Porque en el mismo momento en que anunció su dimisión su entorno se apresuró a aclarar que seguirá como diputada con el permiso -al menos de momento- de Mariano Rajoy.

No obstante, la presión sobre él continúa, porque varios portavoces de la oposición aprovecharon el Pleno sobre medidas contra la corrupción para exigir al presidente que obligue a su ya exministra de Sanidad a renunciar a su escaño. Hubo quien incluso pidió que sea expulsada del PP.

Claro que las exigencias que venían del mismo PSOE que en ese momento tenía sentado en sus filas al diputado Manuel Chaves no eran muy a tener en cuenta. Ya se lo dijo Rajoy a Pedro Sánchez: «Su voluntad de acabar tiene un límite claro, Despeñaperros», en alusión a donde comienzan los dominios de Susana Díaz.

Entre los populares no faltan quienes comparten esa opinión de que Mato no debería seguir en el Congreso para no provocar más desgaste al Gobierno y al partido. Por más que no esté imputada ni sea responsable civil subsidiaria, y por más que el auto de Pablo Ruz considere implícitamente que desconocía los delitos que presuntamente cometió su entonces marido, Jesús Sepúlveda.

Argumentos, los tres, que utilizó Rajoy para defender a Mato durante su turno de réplica, que no en el discurso inicial. Aunque mucho más enérgico estuvo el portavoz del PP en el Congreso, Alfonso Alonso. Éste reivindicó «la dignidad de quien siendo inocente renuncia a su cargo de ministra por respeto a la función que ejerce», señaló entre aplausos de la bancada popular.

Tal vez esa dignidad la haga recapacitar y acabe abandonando también su escaño si encuentra alguna forma de vida que no sea contraria al régimen de incompatibilidades para altos cargos. Cuentan que con motivo de las europeas el partido intentó tentarla con un puesto en la lista electoral, pero ni valoró la oferta.

Sea como fuere, los hay en el PP -y muchos- que sabían que el caso de Ana Mato iba a acabar estallándole en las manos a quien le entregó la cartera de Sanidad cuando ya tenía el estigma de la Gürtel. Y quienes llevan tiempo advirtiendo a Rajoy de que lo mejor era poner la venda y cesarla antes de que el juez Ruz hiciera una herida como la del auto del miércoles.

Hablamos de Soraya Sáenz de Santamaría. Que es, junto con la secretaria de Estado de Comunicación, Carmen Martínez Castro, y Pedro Arriola, una de las pocas que puede permitirse dar un consejo de tanta trascendencia al presidente.

Durante muchos meses Rajoy hizo oídos sordos a las advertencias de su vicepresidenta para que relevara a la ministra de Sanidad antes de que fuera demasiado tarde. Por Gürtel y por su gestión. De hecho cuando estalló la crisis del ébola y Sáenz de Santamaría enmendó la plana a Mato y se puso al frente, la número dos del Ejecutivo le reprochó a Rajoy en una conversación: «Ya te lo había dicho yo». Nunca sintonizaron.

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