TOCADO Y HUNDIDO

Legaz recurrió a intermediarios para intentar calmar la ira de Nicolás

El secretario de Estado intenta recuperarse del "shock" que le ha supuesto su delicada relación. Naturalmente, buscó embridar al jovenzuelo. Sin éxito

Legaz recurrió a intermediarios para intentar calmar la ira de Nicolás
Jaime García-Legaz. PD

Las andanzas de Francisco Nicolás Gómez Iglesias siguen dando qué hablar y probablemente aún le queda jugo por exprimir. Toda la historia del chaval evidencia la debilidad de Jaime García-Legaz y de otros ante el peloteo, la adulación y las apariencias. El bullicio ha tenido la gracia – maldita la gracia – de poner al descubierto resbalones de poderosos ante un oportunista.

Las increíbles y destartaladas fabulaciones del llamado pequeño Nicolás (sus frentes judiciales abiertos con La Moncloa o el CNI) ofrecen malas perspectivas de irse de rositas. La única guillotina afilada ha sido sobre la cabeza del secretario de Estado de Comercio. La estrecha relación entre ambos ha puesto a Jaime García-Legaz en una situación muy precaria.

La pituitaria de García-Legaz pareció alertarle acerca del peligro que corría la imagen de su oficina y la suya propia si el jovenzuelo chapoteaba en detalles sobre visitas a su despacho, las obscenas intermediaciones, el cruce de mensajes, las dudas sembradas a todo pasto… Tanto es así que, en base a fuentes solventes, el secretario de Estado buscó evitar el «calvario» mandando un recado de cercanía al muchacho. Fue un simple guiño y lo hizo indirectamente, a través de abogados, a los letrados de un desencantado Fran con la falta de apoyo de García-Legaz.

Ya fue tarde para embridar al mocetón. Ahí queda la larga serie de whatsapps a los que accedió El Mundo y de los que se desprende que Jaime García-Legaz estuvo influido por Francisco Nicolás en operaciones empresariales. El propio Gómez Iglesias hundió la daga al desvelar el cobro de comisiones gracias a la intervención del secretario de Estado. «Las empresas deben estar en contacto con las Instituciones, y éstas tienen que facilitar dichas relaciones», sostuvo definiéndose como «comisionista o conseguidor». «Era dinero totalmente lícito», aseguró.

Nada de lo filtrado hasta ahora prueba la comisión de un delito de tráfico de influencias, pero sí ha desprestigiado la Secretaría de Estado de Comercio que ha aparecido como una suerte de lobby al servicio de un veinteañero. La confianza en Francisco Nicolás propició que García-Legaz se inmiscuyera abiertamente en toda suerte de fregados empresariales. El pueblo llano ya ha sacado sus propias conclusiones y ha mandado a galeras al subalterno de Luís de Guindos. Y ello sin necesidad de hacer referencia a su vida privada que privada es siempre.

Jaime García-Legaz ha tratado de nadar entre dos aguas. Pero el resultado ha sido desastroso. La política es también gestos, imagen y comportamientos personales. Conviene no despistarse en este punto. Para intentar neutralizar el daño, el secretario de Estado se ha metamorfoseado en comunicado, hasta media docena ha lanzado en quince días. Eso es gestionar el culebrón con torpeza y casi tan malo como la falta de criterio para elegir amistades que ha demostrado García-Legaz.

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