La arenga de un devoto votante de IU que tiene al 'bandolero' Gordillo como referente

El vídeo donde el ‘casto’ Pablo Iglesias se confiesa marxista y fullero de la «izquierda guay»

El discurso en Sevilla el pasado año del ahora líder de Podemos, y que formaba parte de un acto para financiar al movimiento okupa, tiene algo más que miga

Pablo Iglesias no se andaba con tantos tapujos hace apenas un año. Su reticencia a confesar sus tendencias comunistas -ahora quizás aduzca que antaño solo levantaba el puño para espantar a los fachas, o para estamparlo en la cara de «gentuza» de clase más baja a la suya-, se veía vencida con la emoción del momento: como el que tuvo el 7 de diciembre de 2013 en un acto celebrado en Sevilla.

Se montó para financiar económicamente a los okupas del festival solidario de la Corrala Utopía, y donde se entronizaba a Ada Colau como diosa del buen hacer y las mejores formas.

No en balde reconoció haber «llorado» cuando la mentada llamó criminal en el Congreso, el 5 de febrero de 2013, -y durante la Comisión de Economía-, al Vicesecretario General de la Asociación española de la Banca, Javier Rodríguez Pellitero.

Recuerda además al ‘bandolero’ de Marinaleda, Sánchez Gordillo, al que columbra -entre otros como a Cañamero- en un paisaje compuesto por «gente decente».

Lo saca todo ello del baúl de los recuerdos Antonio Marroco en ‘ABC’, quien pone así sobre el tapete de los juicios justos al antiguo militante de las Juventudes Comunistas, a través del vídeo de una arenga ante las masas con el puente del Alamillo de fondo.

LOS DETALLES

El debate debía girar en torno a ‘La ruptura del pacto constitucional: ellos rompen, nosotros respondemos’, aunque el líder de Podemos se fue por las ramas como es habitual.

Le acompañaban por entonces la citada portavoz de la Plataforma Antidesahucios, el dirigente del SAT, Diego Cañamero, y la histórica dirigente del PCE, Nines Maestro.

IZQUIERDA ‘GUAY’

Insistió en la necesidad de articular una herramienta política que agrupara a la izquierda radical, reconocía haber estado en las Juventudes Comunistas cuando era «pequeñito» y se autopresentaba como

«el que tiene que buscarse la vida para poder financiar la Tuerka y darle caña a los fachas en la tele»,

confesando abiertamente su vena marxista.

Afirmaba estar «hasta las narices» del «glamour de los movimientos sociales» y de la existencia de dos izquierdas: la «responsable» encarnada por los poderes fácticos, y la «izquierda guay», que es con quien todos se quieren hacer la foto:

«La gente se quiere hacer fotos conmigo y no puedes ponerte en plan imbécil diciendo que los marxistas no nos hacemos fotos porque hemos leído los «Grundrisse». Por eso te haces la foto y piensas, esto debería servir para algo.»

Lamentaba que no se hubiera invitado a defender a la Corrala Utopía a dirigentes de Izquierda Unida como Cayo Lara, Diego Valderas o José Luis Centella:

«Sobre todo valorando que muchos de los que estáis aquí les habéis votado; yo les he votado»,

para, acto seguido, dejar claro la necesidad de  

«dejar de ser la izquierda alternativa; la que está a la izquierda, de la izquierda, de la izquierda para pasar a utilizar todos los instrumentos que tengamos, como el que tenemos ahora de cierta presencia pública, para ponerlos a operar y jugar políticamente»,

y todo con el objetivo,

de «enseñarle los dientes al enemigo y hacer que sientan, otra vez, un poquito de miedo».

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