PARADOJAS DE LA POLÍTICA

La táctica de Rajoy hace un nuevo boquete en la bancada de Sánchez

El PP concluye el 2014 con un certero ejemplo de disciplina. Una exhibición de unidad que ha servido para evidenciar, aún más si cabe, la disidencia en el PSOE

La táctica de Rajoy hace un nuevo boquete en la bancada de Sánchez
Pedro Sánchez y Mariano Rajoy.

Martes 16 de diciembre. Faltan 3 minutos para las 11.00 horas cuando Rafael Hernando recibe la confirmación de Mariano Rajoy: Es el elegido, el nuevo portavoz del Grupo Popular. A esa hora, los diputados del PP, y un puñado de ministros, ya pululan por los pasillos del Congreso. Todos ellos contaban los minutos para a las 11:30 apiñarse en la sala donde, convocados por el presidente del Gobierno, conocerían oficialmente el nombre del sucesor de Alfonso Alonso.

Atrás quedaban casi dos semanas de interinidad en el liderazgo parlamentario a cargo del respetado José Antonio Bermúdez de Castro. Es cierto que llegó a cundir entre los parlamentarios la sensación de que el «jefe» haría cambios de calado, que incluso podrían afectar a más cargos que la propia portavocía. Una hipótesis alimentada por el mutismo del propio Rajoy. Esa circunstancia desató los rumores. «¿Y si Mariano Rajoy tiene un tapado?», llegó a especularse en cenáculos populares.

Señalar a ese hipotético «tapado» era tan certero para las huestes del PP como disparar un tiro al aire y esperar con los brazos abiertos a cobrar la pieza. Lo que sí ocurrió durante la espera fue un cierre de filas en toda regla que ha mostrado un grupo bien engrasado. También fue una demostración de consideración y de lealtad a Bermúdez de Castro. Esta exhibición de unidad sirvió además para escenificar la distancia entre el Gobierno y la Oposición.

La paradoja engendrada por Rajoy ha sido la de colocar en una tesitura más a Pedro Sánchez. El secretario general socialista se merece el beneficio de la duda -¡faltaría más!-, pero su crédito se resiente bajo el peso de un pasado que nubla su discurso y siembra dudas consistentes. Esa losa se ha hecho más pesada si cabe ante la fortaleza interna del Grupo Popular. «¡Qué envidia de ellos!», pudo oírse a más de dos y de tres diputados del PSOE.

Muchos se han asustado estos días pensando lo que hubiera acontecido en sus filas si durante 15 días hubieran tenido vacante el puesto de portavoz de un grupo socialista en el que campan los dispuestos a cuartear con las termitas de la crítica la apuesta política de Sánchez. De unos se sabe más, menos de otros. Unos son acallados, jaleados otros. Unos dan que pensar, otros que sospechar. Los riesgos hubieran sido que cundiese la imagen de desbandada y abandono del líder. No cabe duda de que Pedro Sánchez aún debe recibir mucho fuego amigo.

Dicho lo cual, un apunte final. Las próximas citas con las urnas, a lo largo de 2015, van a ser todo menos un paseo para el PP. Mariano Rajoy necesitaba un portavoz parlamentario duro como el pedernal. Quienes le conocen, aseguran que Rafa Hernando resulta adecuado para tal fin.

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