ECHANDO UNA MANO

El cruce de SMS entre Felipe VI y Sánchez trae de cabeza a la Infanta

A los problemas del ejercicio de la oposición, el secretario general del PSOE ha hecho suyo un envite de la importancia de Doña Cristina y los derechos dinásticos

El cruce de SMS entre Felipe VI y Sánchez trae de cabeza a la Infanta
Felipe VI y Pedro Sánchez Telecinco

Medio año de buenas intenciones y mejores resultados. Balance de Felipe VI en su ascenso al trono. Un tiempo marcado por la crisis económica y la corrupción y su capacidad devoradora de Instituciones. La popularidad de la actual Familia Real ha recuperado cotas apacibles. Pero, el Monarca tiene por delante un año complejo con la opinión pública soliviantada, las elecciones a la vuelta de la esquina y, por supuesto, con su hermana Cristina sentada en el banquillo.

El Rey apostó por la ejemplaridad de la Corona. Por eso, una de sus medidas fue excluir a Doña Cristina de actos oficiales y reducir la Familia Real, que ya no incluye a sus hermanas. Pero esa labor se resquebraja ante las corruptelas de Iñaki urdangarín y su esposa. Una pesada hipoteca dejada en herencia por Don Juan Carlos a su hijo. Dicen que el Rey emérito hubiera demorado su abdicación hasta conocer el fallo del caso Nóos. No fue posible. Toca a Felipe VI encarar el desenlace de un escándalo que empaña, como ningún otro, la imagen de la Monarquía.

Tal vez por eso Don Juan Carlos ha buscado desprender a su hijo de tal pesada carga. Tres años atrás, aún en el Trono, el Monarca ya envió a Estados Unidos a dos emisarios. El objetivo: hablar con Doña Cristina, que por entonces aún residía en ese país, para pedirle que renunciara a sus derechos dinásticos por el bien de la Corona. Así lo ha contado el periodista Fernando Ónega en el libro Juan Carlos I. El hombre que pudo reinar. Después hubo más emisarios.

Don Juan Carlos asumió la responsabilidad de padre de hablar con su hija en el intento salvar a Felipe VI de la quema de unas circunstancias acontecidas en una etapa anterior a su reinado. Tanto es así que el Rey saliente continuó presionando a la Infanta en vísperas de Navidades. De hecho, en los ambientes políticos por cuyas cañerías discurre la realpolitik, llegaron a dispararse los vaticinios sobre el abandono de Doña Cristina por propia iniciativa de su posición en la línea de sucesión. Era el regalo que el Rey emérito quiso ofrecer en bandeja a su sucesor para el discurso de Nochebuena. Sin embargo, el gesto nunca llegó.

Así las cosas, Felipe VI no pudo sacar pecho en su repetida promesa de ejemplaridad y hubo de conformarse con dejar dos mensajes textuales a la necesidad de combatir las malas prácticas. Una: «Debemos cortar de la corrupción de raíz y sin contemplaciones». Otra: «Las conductas que se alejan del comportamiento de un servidor público provocan, con toda razón, indignación». A buen entendedor, pocas palabras.

A día de hoy, lo único claro es que las espadas están en alto. El Monarca ha llegado a tirar del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que ha demostrado una gran disposición a dejarse en esa gatera algunas plumas. El cruce de SMS entre ambos jóvenes se ha traducido en un aumento del apremio de los socialistas sobre la imperturbable Cristina para lograr su renuncia. El propio Sánchez ya fijó la opinión del partido al asegurar antes de que fuera procesada que la Infanta debía renunciar a la línea de sucesión.

En cualquier caso, las peticiones -vengan de dónde vengan- son retóricas porque la decisión sólo le corresponde a la Infanta. En las actuales circunstancias, debe valorar de nuevo la oportunidad de hacerse a un lado, como gesto inequívoco y expiatorio hacia la ciudadanía.

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