La doble moral de la dirección de Podemos queda en evidencia con el ‘caso Monedero’

La ‘casta’ alternativa: Pablo Iglesias, Tania Sánchez, Errejón, Monedero… y otros mangantes

Contra lo que pretenden Pablo Iglesias y otros dirigentes de Podemos, no es ninguna anécdota que el profesor Juan Carlos Monedero se haya embolsado 425.000 euros a través de una empresa interpuesta, con la que eludió la gestión y el cobro en su universidad de un trabajo para los Gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua -como es el procedimiento habitual utilizado por sus colegas para llevar a cabo otros trabajos y proyectos de investigación-.

Los dirigentes de un partido que tildan de corruptos a los demás han de ser escrupulosos con el manejo del dinero y el respeto a las normas, lo mismo -por cierto- que con el modo de presentar el currículo académico: dos centros académicos de Alemania y México negaron este 28 de enero de 2015 tener constancia de la vinculación reclamada por el profesor español.

No se pagan 425.000 euros a cualquiera por un proyecto de investigación en la universidad (Monedero escamoteó a Hacienda 68.000 euros en impuestos con su sociedad).

Y es un abuso intolerable presentar como un gesto patriótico que Monedero pague impuestos en España, lo mismo que hacen habitualmente millones de ciudadanos. Claro, peor habría sido la rufianada de llevárselo a un paraíso fiscal (Las facturas de Monedero y las mamandurrias de Errejón no son más que «anécdotas» sin importancia para Podemos ).

Subraya a propósito de todo esto ‘El País’ en un editorial devastador que, a medias entre enternecedor y falaz queda el argumento de que Monedero emplea el dinero para construir «una sociedad más libre«, cuando parece que financia el programa televisivo La Tuerka (En la Venezuela chavista, el ‘paraíso’ de Pablo Iglesias, Errejón y Monedero, asesinan a 68 personas al día).

Y aunque tienen todo el derecho a apoyar a los medios de comunicación que les convengan, equiparar la construcción de un partido a la causa de la libertad recuerda el estilo de Jordi Pujol, que en algunos momentos ha pretendido justificar importantes irregularidades, o se ha declarado víctima de persecuciones sin cuento, alegando la causa de la libertad de Cataluña.

Envolverse en estas nobles banderas para justificar trapisondas, corruptelas y corrupciones es propio de gente rancia y atrasada, no de los demócratas europeos en pleno siglo XXI (La caradura de Tania Sánchez busca lavar su cara en El Intermedio y Gonzo se la parte).

No es fácil predecir un resultado electoral brillante a quienes reproducen algunos de los rasgos más característicos de esas minorías que escapan a las normas por cualquier intersticio o truco legal.

Y que dan explicaciones confusas cuando se sienten pillados o las aplazan todo lo posible. Tampoco basta con esperar a que la Universidad Complutense complete su «información reservada» sobre Monedero: es él quien tiene que explicarse.

La regeneración de la democracia no consiste en quitar a partidos que han albergado a grandes corruptos para sustituirlos por otros de fachada resplandeciente y oscura trastienda (Inda no se traga los cuentos de Monedero: «¿Y este Pinocho nos puede gobernar?»).

Así no se genera confianza en la honorabilidad de los administradores del dinero público, al contrario, se perpetúa la doble moral (El manifiesto que Monedero escribió para Chávez donde escupe a la propiedad privada).

Empieza a ser irritante que pidan a la ciudadanía que les lleve en volandas al Gobierno del Estado, presentándose como campeones de una España limpia, y tapar así todas las explicaciones pendientes.

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