INADMISIBLE

Iglesias manda un aviso liberticida a periodistas críticos vía Inda

La actitud del líder de Podemos el sábado en "La Sexta Noche", criticada incluso por muchos de sus simpatizantes, supuso el cruce de una línea roja fundamental en un Estado de Derecho

Iglesias manda un aviso liberticida a periodistas críticos vía Inda

Lo que empezó hace meses en el plató de La Sexta Noche como una de tantas rivalidades entre un político y un periodista se ha acabado convirtiendo en una campaña de persecución que continúa en las redes sociales con el linchamiento público.

La actitud que Pablo Iglesias tuvo el sábado pasado con Eduardo Inda, al que en repetidas ocasiones faltó al respeto llamándole Don Pantuflo, es el reflejo de no entender el papel de un político en la sociedad actual donde, sin duda, debe ser escrutado por los medios de comunicación y someterse a la crítica, por acerada sea, de la opinión pública y de los periodistas.

Parece como si Iglesias olvidase que matando al mensajero en realidad sólo se desacredita a sí mismo. Porque al periodismo le corresponde el papel de control y denuncia, esencia de un Estado de Derecho. Uno como el español, no como el venezolano, donde el Gobierno silencia medios incómodos cerrándolos.

«Demostró el líder de Podemos que hacerle una interviú a él es algo similar a Entrevista con el vampiro. Hay que acudir a tan peligrosa y amenazante cita con el maletín repleto de crucifijos, cabezas de ajo y por si acaso, con un pin de la banderita de España», se quejaba el lunes el Teletridente en El Mundo, periódico para el que Inda trabajó hasta hace semanas.

Iglesias lanza la primera andanada y su ejército de ciberpodemistas las siguientes. Estos días circulan por las redes infinidad de montajes con el único afán de destruir la imagen de un periodista de acreditada profesionalidad, o sea alguien parece haber dado la orden de la muerte civil de Eduardo Inda.

Hoy es Inda, pero entrando en esa dinámica cualquiera puede ser el objetivo de su radicalismo liberticida. Podemos decreta una «fatwa» para perseguir a periodistas, contaban a comienzos de enero nuestros compañeros de Periodista Digital.

En dicho artículo se especificaba con todo lujo de detalles la estrategia puesta en marcha por algunos dirigentes del partido de Pablo Iglesias contra su director, Alfonso Rojo o el de El Semanal Digital, Antonio Martín Beaumont, por ser considerados «periodistas hostiles».

Increíble en una democracia consolidada como la española donde sus ciudadanos, no hace tantos años, pelearon hasta instalar un régimen de respeto de las libertades, muy principalmente la de expresión y opinión, pilares de cualquier sistema democrático que se precie.

«Todo vale, según confirma -casi ufano- uno de los gurús que inspira el movimiento. Se busca información contra ellos, sean medias verdades, mentiras o bulos con apariencia verosímil para luego venderlos a la opinión pública (…). Quieren machacar la reputación del periodista puesto en la diana, mostrándose principalmente activos el tiempo que dura los programas en los que aparecen en televisión», explicaba el diario de Rojo.

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