MÁS MADERA

Un whatsapp de Susana Díaz a Pedro Sánchez evidenció su nula sintonía

La ruptura entre ambos parece consumada. El secretario general del PSOE va de disgusto en disgusto en un laberinto del que no consigue salir. Su liderazgo está en un serio brete

Un whatsapp de Susana Díaz a Pedro Sánchez evidenció su nula sintonía
Pedro Sánchez y Susana Díaz. PD

eóricamente, el pasado fin de semana debía ser decisivo en el PSOE. Sin embargo, el cónclave autonómico estuvo lejos de servir para relanzar el partido. Es natural, los socialistas propalan la imagen de unas siglas ensimismadas, ocupados sus dirigentes en el manejo de la navaja; fuerza, por tanto, dividida por las luchas intestinas. Imagen, en fin, de formación ocupada en peleas de poder internas y alejada de la calle. Preocupante horizonte en año cargado de citas con las urnas.

Detrás de Pedro Sánchez está una falta de capacidad para salir del laberinto al que compañeros de partido le empujan. Aparece prisionero más allá de lo admisible quien debería centrarse en el interés general. Las últimas veces que el secretario general ha crispado el gesto y la voz han sido ante la jaula de grillos, todos conspirando, todos jurando en arameo contra el secretario general.

A Sánchez, según cuentan las malas lenguas, le entró el bajón al saber del apresurado abandono con lágrimas en los ojos de la jefa de la Delegación de los socialistas españoles en el Parlamento Europeo, Iratxe García, de la cena con periodistas desplazados a Bruselas para cubrir su visita. Y es que Emiliano García-Page no sólo acusó a la Ejecutiva de reaccionar de forma desmedida ante su cita con José Luis Rodríguez Zapatero, José Bono y Pablo Iglesias, sino que escupió sapos y culebras contra el propio Pedro Sánchez y hasta llegó a augurarle un negro futuro.

Pero el enredo permanente en el que se ha convertido el PSOE tiene su epicentro en Susana Díaz. Una inoportuna gripe, unida al embarazo, impidió a la presidenta de la Junta de Andalucía reencontrarse con el secretario general que había reformulado su agenda para estar en la inauguración de la convención de Valencia. Al parecer, Díaz ni se molestó en llamar a Sánchez para comunicar el cambio de planes. La baronesa andaluza se limitó a tirar de Whatsapp y el secretario general tampoco descolgó el teléfono. Sí lo hizo Díaz con otros, como la presidenta del PSOE, Micaela Navarro, para trasladar de viva voz que causaba baja por enfermedad.

Alguien podrá argumentar que se eleva una anécdota a categoría. Cierto. Pero ese echar mano de Díaz del Whatsapp para comunicarse con Sánchez refleja mejor el estado de su relación que mil sesudas reflexiones. Un hecho notorio que pone de manifiesto que las diferencias entre ambos pueden ser imposibles de reconducir. Letal. En el PSOE postrado en la UVI muchos desisten: La ruptura parece consumada y clanes, familias y corrientes pugnan por establecer equilibrios.

La tarea rebasa con mucho a Pedro Sánchez que ya puede asumir lo que dijo de sí mismo Maquiavelo: «El poder sólo me trajo desgracia».

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