SOLUCIONES DRACONIANAS

El destape de Pedro Sánchez abre un escenario alentador para Génova

La mecha prendida en Madrid por el propio líder del PSOE arroja luz sobre eventuales alianzas de futuro. En el PP han firmado el acuse de recibo

El destape de Pedro Sánchez abre un escenario alentador para Génova
Tomás Gómez y Pedro Sánchez. PD

La semana suele arrancar en la sede socialista de Ferraz con una reunión de la Ejecutiva o, en su defecto, de la Permanente. Sin embargo, Pedro Sánchez ha obviado este lunes convocar uno u otro órgano y lo ha sustituido por un comité electoral para diseñar la estrategia a seguir.

«Muerto el perro, se acabó la rabia», debe de pensar el líder socialista una vez descabalgado Tomás Gómez del PSM. O no.

La dirección del PSOE busca ahora que Gómez renuncie a todos sus puestos en el partido. Si bien del deseo a la realidad siempre hay un trecho.

Pero las claves del golpe de mano contra Gómez no se agotan en Madrid, por supuesto. Tienen una evidente lectura nacional a la que no es ajena la orografía electoral de las encuestas.

Hablamos de Podemos, por supuesto, cuyo crecimiento tiene al PSOE casi paralizado por el miedo.

Ya el primer Comité Federal de la era iniciada por Pedro Sánchez fue más conflictivo de lo previsto. Porque la estrategia antipodemista se le atragantó al nuevo secretario general del PSOE.

Sánchez esbozó entonces las líneas de su mandato. Entre ellas, combatir a Pablo Iglesias y desenmascarar a Podemos como fuerza de izquierda radical, además de hacer visibles las diferencias de toda la vida con el centro derecha.

Luego, en distintas entrevistas, Pedro Sánchez dio un paso más y rechazó los pactos con Podemos a la vez que censuraba su populismo al estilo de «la Venezuela de Hugo Chávez o las cartillas de racionamiento».

Sin embargo, Tomás Gómez y otros dirigentes socialistas han sido reacios a descartar de antemano acuerdos o coaliciones con la formación de Iglesias.

De hecho, el que fue hasta el miércoles líder del PSM jamás desechó entenderse con Podemos si era preciso a la hora de desalojar del poder al PP. Las malas perspectivas electorales de Gómez seguramente le hacían prever que tendría que entenderse en muchas localidades de Madrid con Iglesias.

Si ya estaba tensa la cosa, por el camino se metió por medio la inesperada «cena de la traición» (como la denominan en el cuartel general socialista) de José Luis Rodríguez Zapatero, José Bono y Emiliano García-Page con Pablo Iglesias e Íñigo Errejón.

Tal encuentro de significados socialistas con el líder populista que le arrebata el espacio electoral al PSOE, celebrado «con nocturnidad y alevosía», fue percibido por Sánchez y su gente como «una declaración de intenciones del zapaterismo en la marcha hacia la configuración de una nueva izquierda española».

No quedaba otra, por tanto, que actuar. A grandes males soluciones draconianas. Sánchez debía dar el golpe de gracia que por tiempo se le había pedido. A los partidarios de dar la batalla frontal a Podemos «por ser una fuerza que perjudica la salud democrática», entre ellos Alfredo Pérez Rubalcaba y el buque insignia del progresismo, el periódico El País, le salían todas las figuras en el reparto de cartas.

Únicamente faltaba marcar la fecha en el calendario. ¿Cuándo? En el momento en que Susana Díaz, la poderosísima sultana socialista del sur, no tuviese más remedio que guardar silencio. Coincidiendo con que la presidenta de Andalucía había anticipado sus elecciones. «¿Cómo va a meterse Susana en una guerra interna cuando las urnas la esperan?», remachan quienes conocen los intríngulis.

En medio de todo este embrollo, claro, Pedro Sánchez sacrifica la idea de las primarias y de la participación de la militancia, probablemente la más fresca de las banderas que ha esgrimido hasta ahora. No tiene más remedio que hacerlo si desea recolocar a su partido en Madrid en la moderación que representa Ángel Gabilondo.

De momento, quien sí contempla con agrado el golpe de mano de Sánchez para Madrid es el PP. «Si el PSOE quiere resurgir de sus cenizas debe frenar antes el ascenso de Podemos», se señala desde Génova 13.

Con todo, en el Partido Popular cada día se ve con mayor escepticismo que la autodestrucción en la que ha caído su adversario clásico tenga vuelta atrás. «Al final, se van a dividir: unos caerán en brazos de Podemos y otros, los más moderados, se refugiarán en el puerto seguro del PP», señala un destacado marinero genovés.

De ahí que muchos VIP populares hayan visto con tan buenos ojos a la nueva dirección socialista en Madrid. Se destaca lo positivo que es tener enfrente a la hora de dialogar personas políticamente «sensatas, de corte moderado», como Rafael Simancas o Jaime Lissavetzky.

En el alto mando del PP, tal como pintan ahora mismo las encuestas, no se descarta en absoluto que el candidato del PSOE, Antonio Miguel Carmona, pueda sentarse en el Ayuntamiento de la capital de España como teniente de Alcalde de Esperanza Aguirre.

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