La falta de ticket en Madrid convierte Génova en un polvorín

El silencio de Rajoy sobre Ignacio González pone en pie de guerra al PP de Madrid

Comisario Enrique García Castaño: «Yo pedí la cita a Ignacio González»

El silencio de Rajoy sobre Ignacio González pone en pie de guerra al PP de Madrid
Esperanza Aguirre y Mariano Rajoy. EP

Uno de los comisarios que se reunió con el presidente de Madrid aclara al diario ABC cómo fue su comentado encuentro

La «tropa» del PP de Madrid, como la bautizó Mariano Rajoy tras el pulso entre Gallardón y Aguirre, está en guerra. La estructura regional más poderosa del partido (cuenta con 100.000 afiliados y, hasta hoy, un granero seguro de votos), ha visto caer todos los cortafuegos políticos que le permitían sobrevivir como un partido dentro de otro partido, muchas veces con discursos no del todo compatibles.

Medio año con una jefa, Esperanza Aguirre, que se creía en retirada pero postulándose a alcaldesa; con un presidente, Ignacio González, dispuesto a invocar su buena gestión económica para seguir pero hostigado por conspiraciones que él identifica como «fuego amigo»; y un jefe del Gobierno aplazando la decisión más trascendente de la legislatura -la elección del ticket para la capital de España- ha elevado a cataclismo una vieja falla que todos barruntaban peligrosa.

Explica Mayte Alcaraz en ‘ABC‘, este 6 de marzo de 2015 que la guerra de acusaciones entre cargos madrileños, en busca de los responsables de las filtraciones y los dossieres que están enturbiando la espera, era ayer un clamor que no parece que vaya a ser mitigado por una decisión expeditiva del presidente.

«Los nombres se conocerán en su momento», respondió en Toledo, tras ser preguntado por enésima vez. Y su momento parece que no ha llegado.

Todo lo contrario: los miembros del comité electoral se reunirán próximamente para ratificar a los aspirantes de Valencia, Alberto Fabra, y Murcia, Pedro Antonio Sánchez. Pero ni una palabra de Madrid, donde los populares gobiernan desde 1991 pero los sondeos son claramente desfavorables por la irrupción de Ciudadanos y del populismo.

Todos los que conocen al presidente coinciden: Rajoy había apostado ya por Aguirre -distintas fuentes apuntan a que se lo anunció el pasado sábado en Moncloa- y dudaba entre González y la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes, para la Comunidad. En el bien entendido de que con ninguno de los tres se alcanzaba la mayoría absoluta, la baza de la expresidenta le parecía la más segura para recuperar el voto tradicional en la capital.

Pero es habitual en él que, aunque dictamine algo, lo anuncie al límite por si ocurre algo: un movimiento del contrario, un escándalo o una investigación judicial. Y la providencia parece haberse aliado contra él: Pedro Sánchez ha mejorado las expectativas socialistas colocando a Ángel Gabilondo en su cartel y un goteo de casos que parecían ya olvidados han debilitado las opciones de González para aspirar a la Comunidad.

Desde el espionaje entre políticos y la presunta compra de jueces, hasta el caso de su ático en Estepona (que compró a finales de 2012 y que, pese a ser investigado, no ha registrado novedad judicial alguna). Por no hablar del cruce de denuncias sobre chantajes y presiones entre el dirigente popular y el comisario de Policía José Villarejo Pérez.

Una pira política a la que se arroja, por parte de los enemigos de Aguirre y González, más combustible ligado a la gestión del PP de Madrid: la apertura ayer de juicio en el caso Gürtel, con decenas de responsables municipales y autonómicos en el banquillo, y el avance en la investigación de la red Púnica, que tiene en la cárcel al número 2 de esta formación, Francisco Granados.

Moncloa, muy preocupada

La guerra de nervios, pues, es total mientras Cifuentes sigue mantiendo un perfil bajo a pesar de que crece en las quinielas, sin descartar a Lucía Figar o a Elvira Rodríguez. Y Rajoy no da muestras, en puertas de su viaje el domingo a Guatemala, de que vaya a designar candidatos mientras el ruido no cese. En su entorno dicen que «no va a elegir a nadie porque lo decidan las portadas».

Pero eso sí, en Moncloa están preocupados por la repercusión en las urnas de lo que está ocurriendo en la planta primera de Génova, cuando el Ejecutivo debería estar rentabilizando sus datos económicos y su apuesta por la regeneración.

Ya tuvo que lidiar en 2006 con las peleas entre Gallardón y Aguirre pero ahora, sostiene un parlamentario, «no nos jugamos vanidades, sino ser o no ser». El vendaval tampoco ha dejado indemne la relación entre los antaño amigos, tibia por la distinta suerte que puedan correr.

No obstante, públicamente Aguirre cerró filas el miércoles con González, como había hecho Cospedal.

Este oscuro panorama ha terminado por convencer a Rajoy de que hay que esperar a después de los comicios andaluces (22 de marzo). Las fuentes consultadas aseguran que Moncloa ha estudiado todos los escenarios para evitar que un hipotético descarte del dirigente regional motive «males mayores», a ochenta días de las urnas.

En el caso de que se opte por dejar fuera de la carrera a González, el presidente es partidario de llevar la decisión más allá del 19 de marzo, último jueves del periodo de sesiones en la Asamblea. «Aunque el responsable de la Comunidad lo es hasta que se celebran elecciones, la falta de actividad parlamentaria minimizaría el desaire a un presidente obligado a irse», sostienen.

No obstante, tampoco falta quien se inclina por que Rajoy pueda desafiar las presiones y mantener al inquilino de Sol: «Tiene -indican esas fuentes- una muy buena imagen de Ignacio, a la que ha contribuido Cospedal, buena amiga de González». Todo está abierto. Es lo que tiene el manejo de los tiempos de Rajoy.

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