Al partido de Iglesias, Monedero y Errejon se les está haciendo muy largo el camino hasta las elecciones

¿Pierde fuelle Pablo Iglesias y se desinfla Podemos? Es la tendencia que comienzan a marcar los sondeos

El 'caso Monedero', la beca de Errejón, las peripecias de Tania Sánchez, la denuncia-novela de Manos Limpias, Chavez, Maduro, Castro, los vídeos de YouTube...

Todo esto podría estar generando cierto rechazo tanto en las bases de izquierdas como en aquellos que se acercaban a un discurso diferente y rompedor

Es más que evidente que Podemos apuesta casi todo a una sóla carta: las elecciones generales de finales de 2015.

El problema, el drama para Pablo Iglesias, Juan Carlos Monedero, Iñigo Errejón y los demás, es que pueden llegar a la cita con las urnas sin fuelle, desgastados por tantos meses de exposición televisiva y con bastantes menos posibilidades de las que tenían las pasadas Navidades.

Todos en el partido de  Iglesias sabían y saben que el periplo es largo y cuesta arriba. Pero nadie avisó a los podemiotas de que la ola electoral puede romper en la orilla (El FMI no cree que el auge de Podemos o Ciudadanos dañe la confianza en España).

Para noviembre, que es cuando se supone que Mariano Rajoy convocará, puede que la playa de la ‘recuperación‘ esté llena de veraneantes y aunque se ha convertido en un mantra que la economía no basta para ganar elecciones, es evidente que una mejora recorta drásticamente las opciones de Podemos.

Subraya Carlos Mier en ‘El Economista‘ este 18 de abril de 2015, sin fiarse en absoluto de las encuestas, que se observa una curva descendente en las expectativas de los que se postulan para reventar el sistema.

Podemos se «desinfla» en los mismos platós televisivos que llevarona la formación casi a la gloria y en los titulares, los mismos que paradójicamente les ensalzaban a diario, se augura ya el reventón.

El momento es casi todo en política y Podemos baja. Aunque aún aguanta y basta ver los sondeos, empieza a notar el aliento del pelotón del bipartidismo -y de un incómodo e inesperado maillot naranja- después de una escapada en solitario por las cumbres de la demoscopia.

Tras la última encuesta de El País, a principios de esta semana y en espera del próximo CIS Campeador, las tertulias dicen que hay liga. Porque al Pablismo le está pasando un poco lo que al Cholismo en la final de Champions del año pasado y en la política también existen cabezazos en el minuto 93, como el que pegó el madridista Sergio Ramos.

¿Morir de ‘éxito’? Desgaste de líderes

A comienzos de 2014, todo eran carantoñas. Las caras, limpias. Los discursos, encendidos y certeros. Los ceños, correctamente fruncidos y enfocados hacia las necesidades de un electorado desencantado -por utilizar un eufemismo suave-.

Llegaron las Elecciones Europeas de mayo y cinco sorprendentes escaños dieron razones sobradas para comenzar a batir las alas.

Daba la sensación de que, con el eco lejano del 15-M y dadas las circunstancias, al final sí que se podía. Quién lo iba a decir.

Pero, ciñéndonos siempre a la evolución que reflejan las encuestas, puede que la novedad y la ilusión, esa hija ingenua que la sigue a todas partes, se olvidaran de cerrar una puerta por la que comenzó a colarse la cada vez más fría corriente de la sospecha («Podemos no tendrá mayor recorrido, pero alguna cornada chavista puede dar a la sociedad española»).

Por exceso de confianza o por menosprecio a unos rivales políticos en horas bajas pero con mucha ‘mili‘ en la chepa, Iglesias, Monedero, Errejón y los demás prebostes de la nueva política renovadora -y estudiadamente agresiva en la retórica- poblaron las pantallas y las columnas de los grandes conglomerados televisivos de la «casta».

Quizás pensaron que el gran capital iba a ser meretriz y poner la cama solo porque la crisis económica agitara el tarro del cabreo ante la corrupción política e institucional generalizada y eso diera unas audiencias maravillosas («Frente a los San Podemos, estamos los Hacemos»).

Se equivocaban. Lo que ha ocurrido es que la lupa deformante se ha posado sobre el partido de los círculos, y cuando pega el sol quema que da gusto.

El ‘caso Monedero’, la beca de Errejón, las peripecias de Tania Sánchez, la denuncia-novela de Manos Limpias, Chavez, Maduro, Castro, los vídeos de YouTube con ‘novias’ del pasado, los tertulianos beligerantes, las empresas de sus primos y hasta los antiguos alumnos a los que suspendían han ido construyendo la sensación más temida para un partido político: el hastío de los electores.

Porque si bien es cierto que los primeros ataques reforzaron la idea de que la maquinaria se ponía en marcha por efecto del temor a lo desconocido, el desgaste mediático ha acabado por hacer mella. Lo poco agradaba, puede que lo mucho esté empezando a cansar.

Los equilibrismos de la centralidad y un inesperado compañero de pupitre

Analizando la evolución del discurso de los líderes de Podemos, se aprecia a las claras ese deseo confesable y confesado de abarcar «la centralidad del tablero» para ganar las elecciones generales.

Por el camino, se ha pasado del izquierdismo fagocitador de IU a querer encarnar los valores de la «socialdemocracia nórdica» con el fin de horadar el flanco del PSOE y de paso sacudirse los espectros venezolanos (con incluso una reunión secreta con dos vacas sagradas del socialismo que casualmente no comulgan en exceso con la figura del nuevo comandante en jefe Pedro Sánchez).

Además, en su particular viaje al centro del mundo, Iglesias ha quiñado el ojo a los creyentes -con los frecuentes halagos al Papa Francisco- e incluso al mismísimo Rey Felipe VI, siempre desde la perspectiva del diálogo todavía aparentemente republicano pero con regalos mediáticos entre sonrisas y conversaciones genéricas de recepción oficial.

Todo esto podría estar generando cierto rechazo tanto en las bases de izquierdas como en aquellos que se acercaban a un discurso diferente y rompedor.

En el plano económico, Podemos ha ‘retrocedido‘ también de la renta básica real al subsidio condicionado, con dos economistas de cabecera (Torres y Navarro) que apadrinaron la propuesta del partido pero a los que ya no se les ha vuelto a ver el pelo por el frente.

Y, sobre todo, hay que tener en cuenta la aparición de un compañero de pupitre inesperado. Una némesis bien afeitada que levanta la mano muy educadamente para pedir turno de palabra y que propone un cambio «sensato» con la seguridad que otorga ser el líder más valorado sondeo tras sondeo.

Y es que el ‘efecto Rivera’, quizás más adecuado a tiempos de cara a tocar techo en las generales, parece la principal razón del descenso demoscópico, dibujando un mapa electoral en el que podría constatarse el cambio de eje izquierda-derecha por una dinámica nuevo-viejo. Un tetrapartidismo en el que podrían darse extraños compañeros de cama (Pablo Iglesias pierde el control y se pone rojo de ira contra Albert Rivera).

Todo o nada

Por último, puede que esa necesidad de ganar en todos sitios y a toda costa también esté generando una sensación de miedo a la derrota y de examen permanente que no genera excesiva confianza.

Tras las elecciones andaluzas, los 15 diputados de Teresa Rodríguez, todo un hito para un partido de nueva creación, parecían un desastre electoral en toda regla, a juzgar por las caras y las declaraciones de los dirigentes de Madrid el día después.

La idea de que solo hay una oportunidad y de que «el único momento es ahora» produce un sentido de emergencia que no está agradando a algunas agrupaciones regionales y municipales.

De hecho, muchas de ellas comienzan a plantear más independencia de la organización central del partido, lo que está provocando tensiones tal vez innecesarias que podrían pasar factura electoral.

Demoscópicamente hablando, la carrera de Podemos hacia el poder parece haber entrado en una fase de contracción, quién sabe si para preparar el ‘sprint’ final a Moncloa o para acabar entregando la cuchara al sempiterno bipartidismo.

Las elecciones autonómicas de mayo serán una prueba de fuego para dilucidar si las encuestas son tramposas y el verdadero partido se juega el misma día de las elecciones. Voto a tal.

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