CARTA AL PRESIDENTE MARIANO RAJOY

Naranjo: «Por más que le dieran tres televisiones, Floriano no sabría qué hacer con ellas»

Si tanto le importan sus ideas no será capaz de sacrificarlas por vanidad personal. Igual cree que esto es recuperable

Naranjo: "Por más que le dieran tres televisiones, Floriano no sabría qué hacer con ellas"
24M Rajoy

Los portavoces del PP se comportan como si les hubieran pillado con la pala de excavar fosas comunes en las manos

Intuyo que a usted no le parece justo nada de lo que está pasando y que se siente un poco como ese socorrista que, tras salvar a una señora de ahogarse, recibe el reproche de sus hijos por haberle rozado una teta.

No le veo tan pecho lobo como para que la gente visualice la metáfora, pero sospecho que usted al menos sí lo hace: como dice hasta la saciedad, con alguna razón, cuando llegó a La Moncloa España iba a ser rescatada (dije y digo que, tal vez, hubiera sido mejor vista la resistencia patria a reformarse, la tendencia de su Gobierno a llamar reforma al recorte y la apuesta infantil de resto por decirle al ciudadano lo que quiere oír en lugar de lo que puede hacer), la prima de riesgo estaba hecha una tía-abuela y, creo recordar, José Luis Moreno iba a volver a TVE.

De todos esos peligros, sólo el último se confirmó, y no es mal balance para tres años viniendo de donde veníamos: de un presidente cuya mendaz visión de las cosas animó como nada el nacimiento de Podemos -ese partido conservador que considera progresista decirle a un joven que no tiene futuro en lugar de animarle a descubrirlo- y que se dedicó a conducir a su país con la destreza del capitán del Titanic.

El problema, lo tengo dicho y escrito en un sinfín de artículos y tertulias donde la frase hizo fortuna -no van a ser ustedes y los humoristas los únicos que recurran a eslóganes-, es que una vez a pique el trasatlántico, usted se dedicó a rescatar… al iceberg.

Me explico: había dos caminos posibles para empezar a cuadrar las cuentas y un tercero, el que está triunfando, que en realidad conduce al precipicio. Ya sabe, hacer como si la viabilidad del Estado de Bienestar dependiera de los principios y valores de quien gobierna y no de las existencias del país que lo sostiene: si todo se arreglara por ley, y con un poco de poesía, ya estábamos tardando en enviar a prestigiosos juristas y emotivos rapsodas al Tercer Mundo para arreglar en tres minutos la hambruna, las plagas y las guerras por decreto ley o, mejor, imponiendo por Constitución en Somalia o Afganistán Los Estatutos del Hombre de Thiago de Mello y por himno cualquier temita de Isma Serrano, con un par de Prozac a mano para que no se nos vaya la ídem, mundo cruel.

Pero entre los dos caminos realistas, usted optó por el peor de los posibles: sí, ha logrado ir pagando la deuda y con ello mejorar la financiación del Estado y por tanto el sostenimiento de casi todo; pero lo ha hecho por el inaudito camino de incrementar el gasto en la Administración mientras reducía sus prestaciones, aumentaba la presión fiscal, fundía a las pymes y a las clases medias y auspiciaba el terrible mensaje de terceros según el cual encima éstas tenían la culpa: quién demonios va a crear un puesto de trabajo en este país si ustedes agotan el crédito en sí mismos, succionan al empresario medio con más pasión de la que pone Falete en un self service y auspician que el beneficario potencial de su esfuerzo -el parado o el empleado- compre la estúpida idea de que su patrón juega en la misma división que la «casta» de las multinacionales o los golfos tipo Blesa o Díaz Ferrán.

Añádale a eso la corrupción, que no es privativa del PP pero al PP se le perdona peor: sí, Andalucía es a este mal lo que los Lakers a la NBA, pero Susana Díaz no hace peinetas en el aeropuerto al volver de esquiar ni remite whatsapp solidarios a Griñán o Chaves. Esto no va de que sea justo o no; va de que al final todos somos lo que piensan de nosotros aunque sea injusto y falto de matices: y usted es el señor que pedía paciencia y ofrecía calor a un tipo con aspecto de consiglieri de Tony Soprano.

Era, y perdóneme mi tendencia a las metáforas torpes, como si en el mejor de los casos un policía le hiciera una mamada a un violador para que tuviera ocupada su arma: nadie creería que está evitando un delito.

Un último punto al respecto de su currículo: quizá no le quedaba más remedio, pero ha blandeado en el fin del terrorismo, obviando que una cosa es valorar que ya no maten y otra agradecérselo; no ha sido claro con Cataluña; ha meneado el debate del aborto para luego abortarlo -bien hecho, ¿pero entonces por qué no se quedó quieto desde el principio?- y no ha tenido un relato alternativo, político, intelectual y social, al abrumador pero eficaz despliegue de demagogia del llamado populismo: cuando más falta hacía un Padre de la Patria, usted ha hablado y se ha comportado como el supuestamente eficaz gerente de una mercería. Ese papel lo ha ejercido, y no se enfade, Pablo Iglesias, lo que dice mucho de la patria, de los padres y de las madres que nos alumbraron.

Por resumir su itinerario en esta legislatura, el dinero lo ha sacado de donde no había para seguir gastando en lo que no debía; con la transparencia le ha pasado como a Edurne en Eurovisión y se le ha visto todo pese al esfuerzo por no enseñar nada y con los principios, todo ha sonado cuartelero más que sólido: muy burros con las formas, muy tibios en el fondo y muy torpes a la hora de elegir dónde ser tibio y en qué ser burro.

Se lo digo yo, que veo cómo la defensa de lo sustantivo en decenas de tertulias queda a menudo en manos de sus delegados más zafios, incapaces de explicar con contundencia conceptual, educación formal y modernidad lo que está en juego y de reflexionar con solvencia sobre ello, pero raudos a la hora de encarnar todos los tópicos más casposos sobre la derecha en asuntos en realidad irrelevantes: es verdad que en España padecemos una izquierda paleolítica que vive fenómeno del pasado o contra el pasado y le adjudican al PP hasta los muertos de la cuenta; pero sus portavoces se comportan a menudo como si les hubieran pillado con la pala de excavar fosas comunes en las manos. Otra metáfora, ya sabe.

Y no le eche la culpa a la televisión. Es verdad que Cuatro y La Sexta han encumbrado a monjas tertulianas, bomberos toreros cántabros, brasas universitarios que hasta ayer sólo podían pontificar con grafitis en los retretes de la facultad y una recua de vendedores de crecepelo que en el mejor de los casos perpetran gansadas y en el peor siembran tempestades; pero ya podrían darle el triple de canales a Floriano y a Hernando juntos y nada cambiaría: son como el general Patton, chulo y bocazas como pocos, pero a diferencia de él, sus segundones libran siempre las batallas equivocadas y disparan a los civiles en lugar de al enemigo.

Siendo ustedes de lo más melifluo en lo estructural (han preferido cobrar a una vieja por las muletas que prohibir el pago del dentista y las gafas en cientos de convenios municipales; han criminalizado el talento, el esfuerzo y el riesgo; han avalado la queja y el victimismo como lenguaje social al no saber responder con hechos y palabras a los paladines de la protesta; han tolerado que Cataluña se sienta Escocia; han pedido disculpas por todo lo que hacían en lugar de hacer otra cosa mejor y defenderla; han prolongado el analfabetismo intelectual y educativo de una sociedad taruga y gremial necesitada de una reforma profunda que, sin embargo, aceptó y casi reclamó a voces al darles a ustedes una mayoría tan absoluta; han aceptado que la paz merece la pena aunque acabe con un empate entre muertos y asesinos que en lugar de avergonzar a los segundos les da más votos que a los primeros y, en fin, han resultado de lo más casposo, antiguo, cursi o pijo en lo superfluo: un crucifijo en las aulas por aquí, un insulto al pobre Bardem por allá.

Han echado cojones donde debían poner cabeza y no han puesto ni cojones ni cabeza donde hacían falta ambos, y perdone la expresión. Por eso un señor que anteayer aspiraba a unas pelillas como tertuliano, una ex jueza simpática pero de ideas antiguas, imposibles o contraproducentes rodeada por Erasmus llorones o una activista rumbera les han mojado la oreja a pesar de que, bien mirado, hablan como una Miss -«Mi sueño es la paz en el mundo»- tras dar un cursillo de demagogia impartido a la vez por Marine Le Pen, Jesús Gil y Evita Perón: no son ningún peligro para la democracia, sino la respuesta lógica al peligro que supone un Gobierno empeñado en demostrar que la alternativa a la muerte sólo puede ser el susto: al final tendremos susto y muerte, si seguimos así.

Todo esto se ha llevado por delante o se llevará o dejará maltrechos a gente que, le guste o no al respetable, acumula trienios de gestión y puede exhibir resultados: Rudi, Bauzá, Aguirre, Feijoo (de Valencia me olvido; allí el caloret ya era insoportable), Cospedal y un sinfín de respetables alcaldes han caído por razones ajenas a su propia gestión, expulsadas a nada sutiles pero muy hábiles patadas por Iglesias tras amortizar en sus traseros la coz que en realidad iba dirigida a usted.

Y se lo habrán ganado si, consumado el estropicio, siguen callados para ganarse un futuro personal y emular a ese Javier Arenas que, con tal de no bajarse del coche oficial y mangonear en el partido, le da igual si tiene tres millones de votos más o menos: mientras la empresa le haga un hueco, da igual que venda menos lavadoras.

Así que, por terminar, señor Rajoy, piense en dejarlo: si tanto le importan sus ideas, no será capaz de sacrificarlas por vanidad personal. Herrera le ha dicho que se mire al espejo y decida, pero me temo que eso lo hace a diario y no le quita el sueño: tal vez crea que esto es recuperable, que una vez sacrificados los capitanes el general ganará la batalla, que no pasa nada por provocar esperpénticos episodios como el de Aguirre explicando de manera hilarante un problema real -sin dramatismos, sin insultar a nadie, sin dudar de que Carmena es un respetable cordero aunque lleve un lobo al lado-, pero se estará engañando.

Lo de Podemos y el PSOE tiene pinta de durar o acabar con el segundo engullido por el primero (cortesía de Sánchez, dispuesto a coger poder territorial para disimular sus derrotas y frenar así a Susana Díaz), CiU y el PNV difícilmente le darán un vaso de agua y hasta a Ciudadanos empiezan a temblarle las piernas por la asfixiante presión de la izquierda y el contagioso mal olor que ahora mismo ustedes emiten. Son cada vez menos, y cada vez más solos.

Agárrese a esta cifra: desde que en 2011 les votaran 10.8 millones de personas, ha perdido usted más votantes que parados hay en España y, en esas circunstancias, preguntarles a ellos qué demonios quieren hacer con su partido es la única salida decente. Tiene otra, pero se parece demasiado a la historia del reverendo Jim Jones, responsable en Guyana del suicidio colectivo más masivo de la historia reciente: la ingesta de cianuro fue al final el único billete al paraíso prometido.

Deje, en fin, que sus militantes y simpatizantes decidan qué hacer con su partido, que pese a todo sigue siendo fundamental para entender España y básico para perfeccionar su democracia sin caer en aventuras griegas. Permita que Cifuentes, Casado, Alonso, Semper, Soraya, Feijoo y quienes quieran y sepan den un paso al frente y se midan consigo mismo y con sus alicaídos seguidores para hacer una propuesta nueva y planteársela a la sociedad, sin la tediosa capa del asamblearismo orwelliano ni el infumable tapón del nepotismo vertical de los grandes partidos.

Y quizá le elijan a usted, una ocasión estupenda para rearmarse y dejar de pensar que cualquier operación de maquillaje que tenga en mente será suficiente: no lo será, mientras el primer responsable en todo siga comportándose como si fuera el único inocente de todo.

Piense en ello. Asuma que lo está haciendo lo suficientemente mal como para que «la gente» empiece a creer que la resaca se cura con más güisqui servido por camareros borrachos. Eso es Grecia; pero ustedes no dejan de ser Sodoma. Ya me entiende, y no le hago más metáforas.

Salude a Pedro Sánchez, que tiene un pulso también como para robar panderetas.

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