GUANTE DE SEDA

Cifuentes abre la puerta a otro PP en un estreno sobresaliente

Se lleva a casa la sensación de que, en su puesta de largo, ha logrado algo que no parecía sencillo: disputar a sus contrarios la oficiosa copa de campeón de la sensibilidad social

Cifuentes abre la puerta a otro PP en un estreno sobresaliente
Cifuentes y Aguirre PD

Aunque la manida tradición acostumbra a adjudicar a Maquiavelo la inspiración de toda estrategia política moderna -en Borgen muchos de sus capítulos comienzan con una frase suya-, a Cristina Cifuentes hay que buscarla en la enseñanzas de Sun Wu, el general y filósofo de la China antigua que para los iniciados es más conocido como Sun Tzu, sobrenombre que en realidad engloba también a su sucesor en las tareas de repensar el poder, ese escritor de menor éxito pero igual de fino en sus análisis que respondía por Sun Bin. No sólo los Strauss y no sólo en la música se producen de cuando en cuando sagas gloriosas.

En El Arte de la Guerra, citado por igual por Pablo Iglesias que utilizado sin citarlo por el Francis Underwood de House of Cards, una sola frase resume toda la trayectoria de Cifuentes desde que hace un año se vio de candidata del PP hasta que ahora ya se viste como presidenta: «Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas».

No es casualidad que la nueva presidenta lleve su cuerpo tatuado con cinco creaciones de inspiración oriental -dos por sus hijos, Cristina y Javier; los otros tres sólo ella sabe la razón- para intuir hasta qué punto la filosofía de aquel chino adelantado a su tiempo explica lo que ya se visualizó en su discurso de investidura y va a ser marca de la casa en los próximos años: si hay que matar al enemigo… que sea a besos.

Cambiar la crispación por diálogo hace bueno aquel dicho de McLuhan de que el medio es el mensaje y, de algún modo, descoloca a quienes tal vez buscaban un cuerpo a cuerpo desde el primer momento que no encontrarán.

Cierto es que la personalidad y educación de Ángel Gabilondo y de José Manuel López (del que tanto podrían aprender algunos de sus colegas de Podemos) sugerían ya más florete que barro, pero sus respectivas formaciones podrían querer una batalla cruenta que la nueva presidenta va a evitar por convicción y necesidad: el pacto anticorrupción ya sugerido ocupará una parte de la agenda inicial del nuevo Gobierno, y con la educación y la sanidad se hará lo imposible por sustituir las mareas bravas de los últimos años por lánguidos paseos de consenso por la orilla.

Especialmente se va a notar esa actitud con la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, con quien va a librar un involuntario pero inevitable concurso de popularidad para ver quien, con distinto método, acaba resultando más dulce en la forma y dialogante en el fondo: no será la Puerta del Sol quien dirija sus cañones a la Casa de la Villa, donde no faltan artilleros por mucho que a su general no le gusten los misiles: puede permitírselo, otros lo harán por ella.

Cómo afectará esa actitud pacifista a su relación con Aguirre -de mentora junto a Villapalos a emblema de lo que quiere cambiar, con Génova aplaudiéndola- y cuál es el itinerario para alcanzar el liderazgo del partido en Madrid son, tal vez, las dos grandes incógnitas internas que sólo el tiempo despejará. Y conviene no hacer demasiados presagios cuando coinciden en el tiempo dos personalidades tan distintas pero tan marcadas como la presidenta que se va, pero nunca del todo, y la presidenta que llega, pero no se sabe su límite.

El jueves por la tarde se conocerá el primer Ejecutivo de Cifuentes, para el que no se descarta alguna sorpresa de campanillas ni tampoco, del todo, la continuidad de algún viejo conocido de la política popular madrileña; aunque lo normal es ver caras nuevas casi desconocidas para el gran público y dispuestas a recibir leña desde el primer momento, causa tal vez del rechazo de nombres ilustres a entrar en política.

De la solidez del pacto con Ciudadanos, que para Cifuentes ha sido fácil por afinidad con las propuestas aunque una parte del PP consideraba necesario plantarse en algunas de las propuestas; dependerá el rumbo de una legislatura incierta en toda España, donde los amigos de hoy pueden ser mañana rivales y los rivales de ahora pueden transformarse en enemigos.

Para empezar, Cifuentes se lleva a casa la sensación de que, en el estreno, ha logrado algo que no parecía sencillo: disputar a sus contrarios la oficiosa copa de campeón de la sensibilidad social. Si la Comunidad de Madrid ya gastaba siete de cada diez euros en esta materia, por mucho que los mantras hayan repetido hasta la saciedad lo contrario, ahora además lo sabrá todo el mundo.

Aunque Cifuentes no vaya en bici o en Metro al trabajo, va a intentar ser el antídoto a esas imágenes tan exitosas. O como diría de nuevo Sun Tzu, «el supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar».

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