TENÍA QUE PASAR

Pedro Sánchez se cae del guindo: la bilis de Iglesias le hace oler el peligro

Casi todo es posible con el líder del PSOE, incluso ser incapaz de salir de su asombro. Como si él no hubiese allanado el camino a Podemos

Pedro Sánchez se cae del guindo: la bilis de Iglesias le hace oler el peligro
El líder del PSOE, Pedro Sánchez. PD

El PSOE necesitaba recuperar poder institucional para hacer más creíble su proyecto de liderar el cambio. Esa premisa llevó a Pedro Sánchez a lanzarse sin red, a tumba abierta, a acuerdos múltiples con Pablo Iglesias. Le bastó al secretario general del PSOE compartir con el líder de Podemos una cena en el reservado de un hotel de Madrid para trajinar pactos que les sitúa irremediablemente como posibles aliados en el asalto definitivo a La Moncloa.

Ahora, sin embargo, es cuando Sánchez calibra la auténtica hondura de las consecuencias que puede tener su cabriola para el futuro de ayuntamientos y comunidades, pero también para él mismo. Mucho vértigo, cuando no pánico, ha debido sentir el jefe de filas de los socialistas. Y serios le deben estar pareciendo los crueles ramalazos de Iglesias. Tanto como para, en petit comité, caerse espectacularmente del guindo ante el reparto de bilis de su socio.

Efectivamente, Pedro Sánchez recibió con espanto unas controvertidas declaraciones de Pablo Iglesias contra IU. Sin piedad. El de Podemos dejó claro que gusta irrumpir cual elefante en cacharrería, resolutivo y con cuajo, provocando toda clase de estropicios. El caso es que entró a matar contra sus antiguos compañeros:

«Consideráis que la gente es idiota, que ve televisión basura y que no sé qué y que vosotros sois muy cultos y os encanta recoceros en esa especie de cultura de la derrota. El típico izquierdista tristón, aburrido, amargado…, la lucidez del pesimismo. No se puede cambiar nada, aquí la gente es imbécil y va a votar a Ciudadanos, pero yo prefiero estar con mi cinco por ciento, mi bandera roja y mi no sé qué». Iglesias dixit.

Compleja compañía cogió Sánchez cuando se encadenó a Iglesias. «Ha sido brutal, brutal», ha repetido más bien con la boca pequeña el secretario general socialista al leer las palabras del líder podemita. De hecho, ha buscado conocer al detalle todos los extremos de tal andanada. Es el de Sánchez un temor muy fundamentado. Su liderazgo no es aún lo sólido que él quisiera e Iglesias, ambicioso donde los haya, va a por todas y a por toda la izquierda.

Habiendo quedado descubierto en su ceguera, Pedro Sánchez busca regresar a la centralizad y vende un «proyecto que vuelva a unir» a los españoles, que no «irá contra nadie, sino «a favor de los ideales que comparten la mayoría de los españoles». Los esfuerzos del líder socialista por sacudirse de encima su parte de responsabilidad en el acceso de Podemos a los mandos de instituciones resulta tan surrealista como insultante.

Hay ocasiones en las que mirar para otro lado con tal de acaparar poder puede servir para la huida hacia adelante. Pero cuando la evidencia está tan torpemente camuflada, tal salto al vacío puede carecer de escapatoria posible. Es tentar demasiado a la suerte.

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