EN PUERTAS DE LAS GENERALES

Luces rojas: la desmotivación de las bases del PP da problemas a Rajoy

Llega el momento de habilitar estrategias y de hacer recuento de fuerzas para afrontar las elecciones. Pero el jefe de filas de los populares no lo tiene fácil para levantar los ánimos

Luces rojas: la desmotivación de las bases del PP da problemas a Rajoy
Mariano Rajoy con militantes del PP. D. Mudarra

Las aguas estancadas esconden siempre peligrosos imprevistos. El Partido Popular aparece con la capacidad de conexión con la ciudadanía mermada, su imagen deteriorada, las estructuras en cuarentena y la militancia desmotivada. Disputar unas elecciones en estas condiciones es estimular al público a preferir otras opciones.

El PP tiene así difícil confiar en sus posibilidades sobre las que construir las bases de una nueva mayoría.En el partido hay una fundada sensación de provisionalidad, de estar a la espera de un nuevo tomo de su historia por escribir.

Al fin y al cabo, las municipales y autonómicas han perpetrado un reparto del poder con los populares arrinconados en cuatro comunidades (Madrid, Castilla León, Murcia y La Rioja), además de Galicia, y en una veintena de capitales de provincia. Una situación que debía haber orientado con urgencia el cambio de rumbo que el centro-derecha está obligado a imprimir para reñir la batalla electoral que apunta en el horizonte.

Una guerra a cara de perro en la que el PP tendrá enfrente a numerosos presidentes con mando en plazo. En efecto deberán intentar arrastrar a las urnas a sus respectivos electorados y por añadidura sortear a políticos como el extremeño Guillermo Fernández Vara, el manchego Emiliano García-Page, el cántabro Miguel Ángel Revilla o, qué decir, de la andaluza Susana Díaz.

Lo más aconsejable para ello hubiera sido extender la renovación de mensajes y de rostros en congresos regionales a lo largo y ancho del país. Mariano Rajoy ha frenado cualquier posibilidad de regeneración interna posponiendo todo cambio a después del Congreso nacional a celebrar en enero de 2016. Pero de esa fidelidad al inmovilismo emana también una de sus debilidades.

Poco le ha importado al jefe del Ejecutivo que barones de la talla del castellano y leonés Juan Vicente Herrera, de la aragonesa Luisa Fernanda Rudi o del balear José Ramón Bauza espoleasen la necesidad de sacar la marca del hoyo y volver a ponerla en valor. En definitiva, el cambio.

En el seno de Génova se minimizan los disensos, haberlos haylos, y, de hecho, el presidente del Gobierno les ha venido a responder a los «rebeldes» con un «No pasa nada». La cuestión es que hay muchas personas dentro de la formación que creen que sí pasan cosas. Y demasiadas para no verlas.

Despojados de sus cargos institucionales, la hecatombe del 24-M ha supuesto un verdadero «shock» que atenaza las estructuras internas, las mismas que deben mantener engrasadas las maquinarias, movilizadas e ilusionadas a las bases.

En los alrededores de los actos populares, fruto del pase a la dura oposición, se visualizará un paisaje de escasos coches oficiales. De momento, casi todo el mundo está quieto y callado. Pero, ¿qué pasará si también se pierden las generales?, ¿seguirán los populares tan sumisos como ahora?

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