LO QUE OMITIÓ GONZÁLEZ EN SU CARTA A LOS CATALANES EN ‘EL PAÍS’

El protector de Pujol llora ahora por Cataluña

El felipismo fue el mejor aliado que tuvo el pujolismo para convertir el oasis en un vertedero de basura. Fue mucho más: su hoja de ruta

El protector de Pujol llora ahora por Cataluña
Felipe González. EP

El expresidente Felipe González nos ha emocionado hasta las lágrimas con una carta publicada en el diario de su amigo Cebrián dirigida a los catalanes en la que les pide «que no se dejen arrastrar a una aventura ilegal e irresponsable que pone en peligro la convivencia entre los catalanes y entre estos y los demás españoles» –Felipe González abre los ojos a los catalanes con cuatro verdades sobre la ‘locura’ de Artur Mas-.

Rebobinemos. ¿Es el mismo González que protegió a Jordi Pujol en el caso Banca Catalana, un expolio que le costó al Estado 20.000 millones de las antiguas pesetas? ¿Es el mismo González que le prometió a Pujol «que habría querella pero que no iría contra él» como afirmó el ex fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, José María Mena en ‘Más Claro Agua’? ¿Es el mismo González cuyo Gobierno libró en 1990 de una querella criminal al todopoderoso pujolista Lluís Prenafeta, secretario general de la Presidencia de la Generalidad, ‘por compatibilizar ese cargo con el de consejero de Iberia de Seguros S.A.’?

¿Es el mismo González que permitió a Pujol construir erigirse en representante de la burguesía catalana mientras su partido actuaba con total impunidad cobrando comisiones, como dijo (y luego se desdijo) el socialista Pasqual Maragall en el Parlament? ¿Es el mismo González que cuando su amigo Pujol confesó tener un nidito fiscal en Andorra le defendió diciendo que no era ningún «corrupto» y que todo era «una operación de cobertura» para proteger a sus hijos?

El mismo. El mismo González que ahora le pide a los catalanes que no se vayan de España es aquel presidente que presionó para librar a Pujol de la cárcel dejando secuelas de impunidad que permitieron que la corrupción se instale en la vida pública. De ahí en adelante hubo licencia para comisionar. El felipismo fue el mejor aliado que tuvo el pujolismo para convertir el oasis en un vertedero de basura. Fue mucho más: su hoja de ruta.

«Las razones del éxito hay que buscarlo en la cultura administrativa que implantó el pujolismo. Si en los primero años de la era Pujol, los aires de cambio, el paso de la dictadura a la democracia suavizó los perfiles de los negocios al calor de las administraciones y de la clase política que sustituía al funcionariado franquista, en el periodo central de su mandato afloró el lado oscuro de los negocios de su entorno» [‘La Pujol Corporation’, libro de José Alejandro Vara y Pablo Planas]

De Banca Catalana a las ‘mordidas’ de 300.000 euros de Teyco, pasando por el caso Pretoria y el expolio del Palau, el socialfelipismo se permitió, como diagnosticó Umbral, «hacer soluble las instituciones para manejarlas desde dentro». González descubrió que el poder no lo daba la ideología sino el dinero. Y esa máxima la aplicó a rajatabla en sus relaciones con el pujolismo.

Y si no escuchen esta escalofriante confesión de Alberto Flores, antiguo gestor de Filesa, a El Confidencial, en la que consigue atar los cabos sueltos que faltaban de la exculpación de Pujol por el felipismo:

«Cuando estalló el caso Filesa en los ‘90 en el PSOE cundió el pánico, tanto en Ferraz como en Moncloa. Pero para mi sorpresa lo que se buscaba desesperadamente era a ‘un amigo’ que pusiera una querella igual en Madrid. Yo no comprendía nada de nada, y después de darle muchas vueltas, me lo acabó explicando nuestro abogado Pablo Jiménez de Parga de esta manera: «Cuando apareció la quiebra de Banca Catalana, Jiménez Villarejo, en 1986, quiso actuar contra Pujol y fue tu amigo -me dijo en referencia a Felipe González- quien le mandó parar. En lugar de trasladarlo a Madrid, lo dejó en Barcelona, con lo que tuvo que soportar los embates de los nacionalistas».

Luego vendría Aznar, que cuando necesitó el apoyo de Pujol se dedicó a hablar catalán en la intimidad. Pero esa ya es otra historia.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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