Pelea por los puestos en las listas, el 'afecto' de Rajoy y el alma del Partido Popular

La batalla en el PP entre las viejas glorias ‘peperas’ y los jóvenes ‘riverizados’

La batalla en el PP entre las viejas glorias 'peperas' y los jóvenes 'riverizados'
Mariano Rajoy y José María Aznar. PD

Aznar ha vuelto a hablar este 5 de octubre de 2015 poniendo el acento en la gran amaneza que suponen para el centro-derecha los resultados obtenidos el 27S en Cataluña.

En el PP, de momento, prefieren no hablar, o como mucho decir que los de Rivera son de centro-izquierda. Además, los de Génova 13 tienen un trabajo arduo: elaborar las listas en medio de una batalla entre las viejas glorias del partido -los hombres abigarrados al poder desde hace décadas-, y los jóvenes riverizados.

La falta de ilusión, el nuevo discurso del PSOE, o el estado positivo de C’s suponen otras amenazas. Los planes de Rajoy para las generales

Como subraya ‘El Economista’, al final será Mariano Rajoy el que decida quién va y dónde va en las listas generales del Partido Popular. Él, antes que su partido, tiene esa facultad de elaborar la relación de nombre y apellidos, y su orden, una práctica que suscita críticas, pero que todos los partidos llevan a la práctica como se ha podido comprobar la semana pasada en el PSOE con las listas de Madrid, y la inclusión en las mismas de Meritxell Batet y de la exmilitar Zaida Cantero.

Rajoy es un hombre previsible. Al menos eso dice él. Siempre que tiene ocasión haca gala de ello. Así pues, y si no da una espantada antes de las elecciones generales, tal como sugieren los últimos cotilleos del mundo político, en breve despejará el tono de su equipo.

Un tono, una dirección que pasa por mantener en los puestos de salida a viejas glorias del partido como Ana Mato, Javier Arenas, Jesús Posada, Jorge Fernández, Teófila Martínez, Celia Villalobos… o apostar por jóvenes riverizados, entre ellos secretarios del partido, que claman por un discurso más amable, menos sujeto a las indicaciones de la iglesia, menos acomplejado con cuestiones de Estado, y postula a líderes sin mochila, con un currículum inmaculado en cuestiones como la corrupción, o lo que es lo mismo jóvenes riverizados, para no perder el voto del centro-derecha.

Ciudadanos, ser o no ser

En ese sentido, Cristina Cifuentes, una política emergente que goza de empatía con los medios y admiración creciente entre los afiliados y simpatizantes del PP, advierte de la importancia de las buenas relaciones con Ciudadanos. Cifuentes no ha ocultado su amistad con Albert Rivera.

Fiel al discurso oficial, la presidenta de Madrid sabe que si conserva el poder en esta comunidad es gracias al apoyo de la formación naranja. Su imagen centrada ha sido parte de su éxito en las urnas y de que posteriormente haya logrado la presidencia madrileña.

Su liderazgo ha pesado en las negociaciones. Sin embargo, si PSOE y Cidudanos firmaran un acuerdo de Gobierno después de las generales, el pacto entre los populares y los de Rivera en Madrid podría peligrar, lo que no acabaría de entender su electorado.

Pero la plática de Cifuentes o de otros líderes, que en privado coinciden con el último diagnóstico de Aznar, y en público lo reprueban, no es el que rige de manera oficial entre los populares. Este lunes, sin ir más lejos, Javier Maroto ha afirmado que el PP no tiene por qué temer a Ciudadanos, ya que es un partido que se bate por el espacio del «centro-izquierda».

Lo cierto es que los cambios producidos en la dirección del PP tras el batacazo de las municipales y autonómicas no han llegado a calar en el electorado. Al menos en Cataluña donde hay más de un roce entre Génova 13, el Gobierno, el partido allí -presidido todavía por Alicia Sánchez-Camacho-, y el equipo que quiere conformar Xavier García Albiol.

El exalcalde de Badalona es menos vehemente con Ciudadanos. Tras conocer los resultados del 27S, ha apoyado la iniciativa de Inés Arrimadas de formar un bloque constitucionalista contra el bloque soberanista del nuevo Parlament.

El eterno número dos

Pero la primera batalla de todas, antes de entrar en la rivalidad claramente retratada entre viejas glorias y jóvenes riverizados, donde también se pueden incluiar a los sorayos -como también se conoce al círculo que apoya a la número dos en el Gobierno-, es la lista de Madrid.

La gran cuestión es, ¿quién va a ser el número dos? ¿Quién va a ir justo detrás de Rajoy? o, ¿quién podría ser el delfín de Rajoy -ya que los números dos parecen reservados para tal menester-?

Hace apenas unas semanas, el nombre de Dolores Cospedal estaba en alza. En algunos medios se deslizaba la posibilidad de que Santamaría podría encabezara la lista por Valladolid, dejando un hueco a la castellano-manchega, una hipótesis que pierde adeptos, pues hoy especula con que sea Isabel García Tejerina, actual ministra de Agricultura, quien abandere esta lista por la capital castellana.

Ahora las tornas han cambiado, y Santamaría coge fuerza. Su nombre se postula como número dos. La incógnita es qué puesto tiene reservado Rajoy a Cospedal, quien más pronto que tarde podría cambiar su actual residencia en Toledo por una vivienda en el madrileño barrio de Salamanca.

Entre tanto, entre viejas glorias que quieren abigarrarse a los primeros puestos de las grandes provincias, entre los compromisos que a última hora han decidido continuar en la primera línea de la política (ministros, secretarios de Estados, presidentes de instituciones), el clamor de la renovación encuentra su espacio en medio de una división interna patente y con los casos Gürtel y Rato a su espalda, día sí y día no.

Pablo Casado aparece en el área liderada por los jóvenes emergentes del PP. El portavoz y secretario de Comunicación se posiciona en buen lugar en las quinielas por Madrid.

No obstante, cunde el temor entre varios barones territoriales y nuevos dirigentes del PP de que los cambios solo sean de chapa y pintura. Se quieren nuevas caras, pero ni siquiera el cabeza de cartel es una persona joven.

Lleva muchos años en la política, y en los debates se enfrentará a líderes mucho más jóvenes que él (60 años). Pedro Sánchez tiene 43 años, Pablo Iglesias 36 y Albert Rivera 34. Todos pertenecen a otra generación distinta a la de Rajoy.

Por otra parte, el mensaje de «una econonomía con alma», como ahora propugna la nueva dirección de PP no parece suficiente para combatir esta debilidad. Esta señal no le ha llegado a Rajoy.

Según El País, el presidente todavía se resiste a la presión interna para retirar a su vieja guardia, en unas elecciones, que como todo parece indicar, dará menos asientos a diputados y senadores, y por ende menos cargos que repartir.

Experiencia frente a ilusión, esa será una de las claves. El aislacionismo del PP de Rajoy también será sustancial.

Confusión a puerta cerrada

En el PP ahora reina la confusión. Algunas voces dan por amortizada a Cospedal, otros dicen que Rajoy está cansado de Santamaría. Se teme un fracaso en las urnas de proporciones bíblicas.

Existen especulaciones varias por la existencia de una encuesta interna que deja al PP en el tercer lugar del arco parlamentario, por detrás de PSOE y Ciudadanos.

Además se comenta la marcha de Rajoy para la próxima primavera, y el relevo en el dos o la dos de su lista. Otros conservan la esparanza. Confían en lograr alrededor de 140 diputados , en poder pactar con alguna fuerza política pero con el PP presidiendo el Gobierno.

Y hasta hay quienes piensa que de aquí a las generales, el PP cosechará más votos y el electorado optará por ellos como voto útil.

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