PP y PSOE temen que la guerra de Siria reviente la campaña

Mariano Rajoy intenta ahuyentar el fantasma de Irak y busca el consenso político ante el ISIS

Pedro Sánchez trata de evitar que Podemos capitalice el «No a la guerra» de la izquierda en 2015

Mariano Rajoy intenta ahuyentar el fantasma de Irak y busca el consenso político ante el ISIS

A un mes del 20-D, el líder del PP trata de no repetir la postura de Aznar con la guerra de Irak y busca el consenso sobre Siria

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, intenta ahuyentar el fantasma de Irak cuando falta tan solo un mes para las elecciones generales y con la guerra contra el Dáesh irrumpiendo de lleno en la agenda política tras los atentados de París.

Rajoy busca el consenso entre los diferentes partidos políticos para trazar cuál será el papel de España en este conflicto y se ha comprometido a informar sobre «cualquier petición» en la lucha contra los terroristas a los principales partidos, que han reiterado su voluntad de colaboración con el Gobierno.

Según informa el diario El País, Rajoy tiene estos días el recuerdo de las consecuencias del comportamiento unilateral de Aznar ante los atentados del 11M y la guerra de Irak. Durante su viaje procedente de la cumbre del G20 en Turquía, rememoró «las funestas consecuencias» (escribe el diario) de las decisiones de su predecesor, lo que le ha llevado a perseguir un consenso con el resto de partidos políticos.

En los dos últimos días, el presidente del Gobierno con los líderes del PSOE, Pedro Sánchez; Ciudadanos, Albert Rivera; Podemos, Pablo Iglesias, y el lehendakari, Íñigo Urkullu.

Según fuentes del Ejecutivo citadas por EFE, en estas conversaciones telefónicas se ha comprometido a informarles de «cualquier petición» a España en la lucha contra Dáesh (acrónimo en árabe del Estado Islámico).

LAS BOMBAS Y LOS VOTOS

Los bombardeos sobre Siria tras los atentados de Estado Islámico en París y la posibilidad de que España acabe viéndose implicada, de una manera u otra, han traído la inquietud al PP y el PSOE cuando queda un mes para las elecciones del 20-D.

A los populares les pone los pelos de punta el recuerdo de los millones de españoles que en marzo de 2003 se echaron a la calle a expresar su rechazo a José María Aznar y la guerra de Irak; con el colofón de los atentados del 11-M de 2004, a tres días de unos comicios que perdió Mariano Rajoy frente a José Luis Rodríguez Zapatero.

Y a Pedro Sánchez y la dirección socialista les intranquiliza verse atrapados electoralmente entre la responsabilidad de Estado y la demagogia de Podemos; que, once años después de aquellos hechos, el sentimiento pacifista, en general, y el «no a la guerra» lo acabe rentabilizando en exclusiva Pablo Iglesias tras desmarcarse del Pacto contra el Yihadismo y los ataques franceses sobre Raqqa (Siria). Porque, entre el reto soberanista catalán y, ahora, la amenaza yihadista, Sánchez lleva un mes sin poder separarse de Rajoy, a beneficio de éste último, y le quedan veinte días para electrizar un proceso que en precampaña está siendo muy plano debido a los acontecimientos.

Los dos lo saben. Por eso, el presidente del Gobierno ha ordenado a los suyos perfil político bajo; nada de sobreactuación patriótica contra la Yihad. El lunes, en Turquía, con los misiles «Patriot» desplegados por España a modo de fondo de escenario, advirtió de que hay que «pensar bien» una mayor implicación española en el teatro de operaciones sirio porque nuestro país ya contribuye con 300 soldados en formación en el conflicto iraquí y en la zona africana de El Sahel.

Y, ayer, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, fue mucho más explícito al asegurar que, salvo imprevistos, la decisión la tomará el gobierno que salga el 20-D.

Para el PSOE el escenario es de máxima incomodidad y electoralmente letal. «Tiene que salirse de ahí cuanto antes y hablar de economía, de Bárcenas o de lo que sea», señalaba ayer a ABC un exdirigente. A la dificultad de zafarse del abrazo del oso del discurso «de Estado», se une que Pedro Sánchez fue demasiado lejos este lunes al asegurar que es partidario de una mayor intervención militar en Siria si llega avalada por la ONU.

Eso lo deja políticamente varios pasos por delante de Rajoy y a mucha distancia del discurso tradicional antibelicista de la izquierda española. Ayer, intentó salirse a «codazos» dialécticos.

Por un lado, volvió a exigir al jefe del Ejecutivo que deje tanta prudencia y «explique» a los españoles cuál es su postura porque tienen derecho a saberla; a Pablo Iglesias le exhortó a dejar de hacer «partidismo» con este tema y que se una al Pacto contra el Yihadismo, como va a hacer Ciudadanos.

La formación de Albert Rivera defendería una intervención militar de tropas sobre el terreno en Siria para combatir al ISIS siempre que sea bajo una coalición dirigida por la OTAN y la ONU. «No podemos permitir que ISIS siga avanzando», planteó ayer el líder naranja, a la vez que defendió actuar «dentro del marco de la ONU que permite defenderse».

Rivera dijo que su ambición no es enmendar la plana a las actuaciones de Hollande en un momento tan delicado para la sociedad francesa, pero dejó claro que no es partidario de su intervención unilateral en Siria. «No podemos hacer la guerra por nuestra cuenta.

Es momento de defender una alternativa exterior», defiende. «Creo que tenemos que ir de la mano. Ir cada uno por su cuenta a acción-reacción es un error. Si queremos acabar con estos bárbaros necesitamos una acción conjunta».

El «no a la guerra» del cursi Pablo Iglesias

Pablo Iglesias, que sabe que lidera un partido de marcado carácter antibelicista, quiere enarbolar la bandera del «no a la guerra» que sacó a los españoles a las calles tras Irak en 2003.

En cada intervención, vuelve a traer al discurso al «Aznar de las Azores», pero ayer introdujo una novedad: lo comparó con Rivera y alabó la actitud de Rajoy, a quien -tras una conversación telefónica de 25 minutos- dijo ver «mucho más consciente de la gravedad, complejidad y delicadeza de la situación» que al líder de Ciudadanos.

Aunque sigue queriendo desvincularse del pacto antiyihadista, Iglesias hace esfuerzos para no descolgarse de la posición de estado y ayer rebajó el tono, sin querer aclarar si se replantearía su posición:

«Lo importante no son las etiquetas, sino las soluciones que toca aportar. Lo que habrá que hacer es reunirse».

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