DIARIO DE CAMPAÑA

Pablo Iglesias criminaliza el debate mientras las hordas de Colau asaltan las sedes de los partidos

El podemita intenta rentabilizar el bronco debate entre Sánchez y Rajoy cuando sus socios toman las calles con violencia

Pablo Iglesias criminaliza el debate mientras las hordas de Colau asaltan las sedes de los partidos
Pablo Iglesias en la COPE.

No extraña que exijan la liberación de Arnaldo Otegui y se citen en herriko tabernas con Sabino Cuadra

La camorra entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy en el cara a cara moderado por una figura de yeso del felipista Manuel Campo Vidal ha merecido la sopesada reflexión de Pablo Iglesias, líder de Podemos en la COPE: «Estamos cansados del ‘y tú más’, hartos de un estilo de debate que forma parte del pasado». —Escucha la entrevista a Pablo Iglesias en ‘Herrera en COPE’

Esa la nueva versión zen de Iglesias, al que ahora le gusta acabar sus mítines entre lágrimas con mensajes de amor: «La ternura es la llave del cambio». Es la máquina del amor de Podemos con Ada Colau como madrina del cambio.

Es otra perfomance de Podemos, un partido experto en camuflajes. Porque mientras Iglesias cantaba villancicos en la Caja Mágica, Colau lanzaba a las hordas de la PAH contras las sedes centrales del PP, PSC y Ciudadanos de Barcelona en furiosos escraches de cuchillos largos.

Los activistas llenaron de pegatinas las cristaleras de las sedes con el lema #Las5delaPAH y corearon el famoso «Sí se puede». Además, portaron un número cinco de cartón gigante para visibilizar las demandas que le hacen a las formaciones mientras cantaban: «Dicen que no caben [las medidas], pero las vamos a meter [en los programas]».

Asaltar las sedes de los partidos con escrache es un acto propio de camisas pardas en las antípodas de esa ternura que pregonan los podemitas. Pero lo cierto es que lo llevan en su adn: escraches eran los que Pablo Iglesias y su tropa organizaban en la Complutense para reventar los actos de Rosa Díez.

Somosaguas es el germen de los escraches, una protesta teñida de fascismo importada de la Argentina del corralito. Ahí ocurrió el asalto a la capilla a manos de una Rita Maestre desatada gritando que «el Papa no dejaba comerse las almejas».

Y allí se gestó el infame ‘Pásalo’ por sms para asediar las sedes del PP tras el atentado de Atocha en 2004 como el mismo Iglesias presumió ante Iñaki Gabilondo.

La máquina del amor de Podemos es en realidad una apisonadora de todo aquel que piensa diferente a Podemos. El escrache de la PAH evoca a los métodos batasunos por los que podemitas sienten admiración y simpatía.

No es casualidad que una decena de personas haya entonado el lema «Jo Ta Ke irabazi arte» de los simpatizantes de Batasuna minutos antes del inicio del mitin del partido morado en el País Vasco.

Sus enemigos son el orden, el pluralismo y la convivencia. Esa es la razón por la que Manuela Carmena impide a sus antidisturbios vigilar manifestaciones y desahucios. Ahora se dedicarán a vigilar conciertos, venta ambulante y verbenas.

El motivo es ideológico: la izquierda radical legitima la violencia física, la intimidación grave y el insulto personal. No extraña que exijan la liberación de Arnaldo Otegui y se citen en herriko tabernas con Sabino Cuadra.

«El debate me pareció demasiado bronco», afirma Iglesias ante un amable Carlos Herrera. Menos lecciones, Caperucita. Que sus lecciones de regeneración se las apliquen ellos mismos condenando el asalto a las sedes de partidos y los pactos con los proetarras de Bildu. Porque eso no es bronco sino sencillamente intolerable.

@lbalcarce

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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