Antonio Martín Beumont

Na­die po­día sos­pe­char que a Ma­riano Ra­joy se le su­biría la san­gre a la ca­be­za

Na­die po­día sos­pe­char que a Ma­riano Ra­joy se le su­biría la san­gre a la ca­be­za
Antonio Martín Beaumont. PD

Quién lo iba a de­cir. Na­die po­día sos­pe­char que a Ma­riano Ra­joy se le su­biría la san­gre a la ca­be­za. En sus cua­tro años en La Mon­cloa, el pre­si­den­te ha de­mos­tra­do ser un hom­bre pre­vi­si­ble, de com­bus­tión len­ta.

De ahí que na­die ima­gi­na­se que se fue­ra a echar a un la­do y, con to­dos los ojos pues­tos en él, pa­sa­se el turno del de­ba­te de in­ves­ti­du­ra. De he­cho, lo tu­vo que ru­miar mu­cho. Con­vo­có a va­rios di­ri­gen­tes del PP, en­ca­be­za­dos por Cospedal, y, se­gún tras­la­dan fuen­tes sol­ven­tes, los reunió al­re­de­dor de una me­sa con Soraya Sáenz de San­ta­ma­ría y Jorge Mo­ra­gas, en­tre otros.

El aná­li­sis de la si­tua­ción con­du­jo a es­te pri­mer círcu­lo del pre­si­den­te a re­cha­zar pro­vi­sio­nal men­te el pa­so al fren­te. A Ra­joy, a la pos­tre, só­lo le es­pe­ra­ba la hu­mi­lla­ción de la de­rro­ta. Ade­más, esa cir­cuns­tan­cia se­ría lo que más re­for­za­ría el fren­te an­ti-PP. Hu­bo en esa ci­ta quien lle­gó a re­cor­dar una fa­mo­sa sen­ten­cia del che­co Vá­clav Havel:

«La im­pa­cien­cia po­lí­ti­ca es co­mo pre­ten­der de­rri­bar un árbol ti­ran­do de sus ho­jas».

Ha­bía que chu­tar la pe­lo­ta a otro te­ja­do. El tiem­po de Rajoy, del que con tan­ta in­sis­ten­cia ha­bla el PSOE, es ahora el de Sán­chez. La ju­ga­da es de ries­go, cla­ro, pe­ro de­ja al lí­der de los so­cia­lis­tas con me­nor mar­gen.

Y es que Ra­joy ha tras­to­ca­do sus pla­nes. El pre­si­den­te del Gobierno no pre­ten­de pa­rar­se ahí. Va a se­guir mo­vien­do las pie­zas del ta­ble­ro.

«Sin dar na­da por per­di­do», ase­gu­ran los con­sul­ta­dos.

Ra­joy desea apro­ve­char es­tos días pa­ra con­cre­tar su oferta, sus par­ti­cu­la­res Pac­tos de La Mon­cloa, y de­jar­la caer, al me­nos a tra­vés de la pren­sa, so­bre el Co­mi­té Fe­dral del PSOE del día 30. El do­min­go ya Cos­pe­dal ha­bló de una «Se­gun­da Tran­si­ción».

En el PP con­si­de­ran que el cón­cla­ve so­cia­lis­ta se­rá ten­so y ofre­ce­rá so­bre­sal­tos.

Ra­joy y su en­torno man­tie­nen con­tac­tos con re­fe­ren­tes del PSOE que­jo­sos de la ego­la­tría en que se ha ins­ta­la­do Sánchez.

Se la­men­tan por la suer­te que co­rre­rá su par­ti­do de aceptar el abra­zo de Po­de­mos e in­de­pen­den­tis­tas, a quie­nes na­da les une.

Esas vo­ces pre­fe­ri­rían ver­se en la opo­si­ción, con un Gobierno mi­no­ri­ta­rio del PP, en una le­gis­la­tu­ra muy cor­ta y que pro­pi­cia­se los cam­bios ins­ti­tu­cio­na­les que pre­ci­sa Es­pa­ña. Y, so­bre to­do, no desean ver­se apea­dos de sus princi­pios ni del li­de­raz­go en la iz­quier­da.

No hay que ser muy ima­gi­na­ti­vo pa­ra dar­se cuen­ta del calvario que le es­pe­ra al PSOE de Pe­dro Sán­chez yen­do de la mano de un Pa­blo Igle­sias que desea rom per el sis­te­ma. El PP, con Ra­joy o con cual­quier otro al fren­te, ni debería car­gar las tin­tas pa­ra ha­cer­le una opo­si­ción de­mole­do­ra.

Por­que es­ta­ría dur­mien­do con el enemi­go.

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Autor

Antonio Martín Beaumont

Antonio Martín Beaumont, politólogo y periodista, es el actual director de ESDiario.com.

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