CIUDADANOS HACE EQUILIBRIOS DE VIEJA POLÍTICA

El acróbata Rivera coquetea con Sánchez mientras el PSOE le monta otro cordón sanitario al PP

¿Qué espera Rivera para decirle a Sánchez que con Podemos no irán a ningún lado?

El acróbata Rivera coquetea con Sánchez mientras el PSOE le monta otro cordón sanitario al PP
Albert Rivera y Pedro Sánchez. EP

Borges odiaba los laberintos pero a Albert Rivera le encantan porque son como su partido: se sabe dónde empieza pero nunca cómo acaba.

El líder de Ciudadanos utiliza la coartada de la centralidad política para decir una cosa y la contraria. Se les está poniendo cara de Pablo Iglesias. En dos meses ha pasado de decir su formación no iba a ofrecer su voto a favor para investir a Mariano Rajoy o a Pedro Sánchez a pedir pactar con ellos un acuerdo de legislatura –Albert Rivera, el yerno deseado: su cintura política sorprende a PP y PSOE-.

Y según el tiempo que haga, un día dicen que «no vamos a formar parte de un Gobierno que no encabecemos» (el arriolista Fernando de Páramo) y otro lo dejan en aire diciendo como hizo Rivera en esRadio «en principio, no». Ni carne ni pescado. Ciudadanos en estado puro.

Planas y Vara le calaron muy bien en su libro ‘Entre bambalinas’: «Mejor definirse por lo que no se es que por lo que se dice ser». Así Rivera se evita mancharse los manos y las posiciones comprometidas. Prefieren ser árbitros antes que jugones. Ciudadanos está a punto de caer en los brazos del PSOE y resulta que la culpa la tiene una partido cadáver como el PP.

Se lo recuerda bien a Rivera el editorial de La Razón: El líder socialista no puede aspirar a presidir el Gobierno de España haciendo gala de esa animadversión hacia el PP, que, le guste o no, ha ganado las elecciones y sigue representado a más de siete millones de votantes.

Con estos mimbres no puede haber renovación de la «vieja política». Pero tampoco se puede pasar por alto que Rajoy ha quedado desactivado por el estercolero valenciano y su propia incapacidad para aunar acuerdos –Al PP le cae la «mierda a punta pala» del estercolero valenciano en las televisiones que Moncloa protegió-.

El PP sigue escudándose en las 21 veces que Sánchez les dijo que no, pero tampoco fueran capaces de tejer un mínimo acuerdo con C’s con el que podrían haber arrinconado a Sánchez.

Lo insólito es que en el PP están cabreados con el Rey por no haberle ofrecido la investidura a Rajoy cuando ha sido el propio líder conservador el que se ha inmolado.

Lo que resulta sospechosa es la actitud indulgente de Rivera con Podemos. Si Sánchez ya ha dicho que «no me planteo en absoluto pedirle el voto ni a favor ni la abstención», en referencia directa al PP y que «no vamos a pedir el apoyo al PP porque eso sería indultarlo por la corrupción» en palabras de César Luena, ¿qué espera Rivera para decirle que no a Sánchez? ¿Qué es lo que tiene que negociar con el PSOE cuando el PP ya ha dicho que no se abstendrá.

El estratega de C’s, Juan Carlos Girauta, mandó varios recados a los populares. «Pensamos que el PP se sentará a negociar por su sentido de Estado, por su seriedad.

Si a la vista de una hoja de ruta reformista para un Gobierno de transición que evita que en España gobierne el PSOE junto a una fuerza rupturista [en referencia a Podemos]». No sería de extrañar que el acróbata Rivera esté preparando una nueva pirueta para hacer presidente a Sánchez con el apaño de Podemos. Y si no es así, que lo diga ahora. Porque no definirse también es posicionarse –El harakiri comunicacional de Albert Rivera: Ciudadanos reconoce sus errores en la campaña-.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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