Los partidos políticos españoles dan por agotada la etapa de la negociación

Pedro Sánchez y Albert Rivera corren camino del divorcio

Solo Pablo Iglesias puede evitar nuevos comicios si Podemos apoya al PSOE, pero lo tiene cada día más complicado

Pedro Sánchez y Albert Rivera corren camino del divorcio
Mariano Rajoy (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Pablo Iglesias (PODEMOS) y Albert Rivera (CIUDADANOS). PD

Mariano Rajoy trabaja ya en las próximas elecciones en el mes de junio

Han pasado ya tres meses desde las elecciones generales del 20-D, y las posibilidades de poner en marcha una gran negociación que ponga el contador a cero se han agotado.

En todo este tiempo, el único esfuerzo por levantar un pacto de legislatura amplio y completo ha sido el realizado por el PSOE y Ciudadanos, pero a estas alturas todo huele a ‘divorcio’ y a nuevas elecciones el 26 de junio de 2016.

Eso no quiere decir que el tiempo que queda por delante, hasta que el mandato constitucional haga irremediable la convocatoria de nuevas elecciones, sean minutos basura.

Los socialistas no dejarán de intentar el acuerdo con los partidos minoritarios y con los aliados territoriales de Podemos más proclives a facilitar un Gobierno de Sánchez. De ahí las reuniones con Izquierda Unida, con Compromís y con el PNV.

O los encuentros, algunos no aireados públicamente, con agentes sociales, económicos y hasta con el ‘sursum corda’.

La decisión de Pablo Iglesias de promocionar a Pablo Echenique como nuevo secretario de Organización de Podemos no solo tiene una lectura en clave interna, que pretende zanjar la crisis en el partido a cuenta del choque con Iñigo Errejón.

Su nombramiento y el nuevo impulso que le otorga a Iglesias recolocan a todos los actores para unas negociaciones que se espera que se aceleren tras la Semana Santa.

Sin embargo, la reunión que Pablo Iglesias pretende mantener con Pedro Sánchez la próxima semana puede suponer un impulso a una nueva fase de la negociación, con escasas posibilidades de éxito.

El ascenso de Echenique, que es una forma de acercarse a los tradicionales críticos de Izquierda Anticapilista, tiene una lectura clara de distanciar a Podemos con cualquier posibilidad de participar en una fórmula de Gobierno que incorpore a Ciudadanos.

No obstante, hay elementos que corroboran que Iglesias está dispuesto a una negociación en la que ha reducido algunas de las pretensiones que ponía de partida.

Ya no existe por ejemplo una exigencia al PSOE de que rompa su acuerdo con Ciudadanos antes de ponerse a negociar con ellos.

El viernes, Iglesias se limitó a decir que la imposibilidad de ir junto a Ciudadanos se iría certificando con el tiempo.

«Voy a plantear a Pedro Sánchez un programa de Gobierno. Cuando tratemos de avanzar en materias económicas y de rescate social estoy convencido de que se plantearán algunas incompatibilidades. Si él se acerca más a los que defendemos una política más social, eso por sí solo hará que haya que buscar acuerdos parlamentarios con Compromis e IU».

Confía mucho el PSOE en que las tensiones internas que está sufriendo Podemos, apenas dos meses después de que hayan pisado por primera vez la moqueta del Congreso de los Diputados, les empujen a replantearse su negativa a permitir un Gobierno de Pedro Sánchez.

Quizá porque conocen bien el debate ideológico, territorial y organizativo que atraviesa la nueva formación. Les suena familiar en la historia del socialismo, y confían en que pueda acabar triunfando la tesis de los que prefieren un periodo en la oposición que les permita construir un partido compacto, centralizado y homogéneo.

El Partido Popular también observa con atención todo lo que está sucediendo en Podemos, pero es mucho más escéptico respecto a una hipotética fragmentación del partido emergente.

Creen que tienen más capacidad de resistir de la que se les presume, a pesar de las informaciones que leen y escuchan en las últimas semanas. En cualquier caso, es el único factor que podría alterar una estrategia que hoy contempla un único horizonte: unas nuevas elecciones generales.

La posibilidad de negociar una gran coalición PP-PSOE, más allá de las reiteradas convocatorias de Rajoy en sus actos públicos, está descartada. Los socialistas quemaron esa nave en su primer comité federal tras el 20-D. Igual de imposible que un apoyo de los populares a un Gobierno de coalición PSOE-Ciudadanos.

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