PSOE y Podemos afrontan la cita de sus líderes en medio de la suspicacia mutua

Pedro Sánchez intenta un pacto ‘contra natura’ y sigue ignorando al PP

Pablo Iglesias no se moverá de la oferta que ya hizo a Sánchez porque quiere ser vicepresidente a toda costa

Pedro Sánchez intenta un pacto 'contra natura' y sigue ignorando al PP
Pablo Iglesias (PODEMOS) y Pedro Sánchez (PSOE). EP

Salvo que la desesperación por conquistar La Moncloa antes de que el PSOE celebre su congreso federal en mayo, lleve a Sánchez a una de sus habituales fintas y desande hacia la izquierda el camino recorrido a la derecha, nada se espera

Hoy, 21 de marzo de 2016, se cumplentres meses desde que se celebraron las elecciones generales y España sigue aún con un Gobierno en funciones.

La imposibilidad de llegar a un consenso entre las principales fuerzas parlamentarias pone en evidencia la falta de responsabilidad de Estado de una clase política que prefiere condenar al país a una situación de provisionalidad antes que renunciar a sus ambiciones partidistas.

Ni el PP está dispuesto a facilitar un gobierno de Sánchez apoyado por Ciudadanos ni la crisis orgánica de Podemos ha hecho mella en el «no» de Iglesias a facilitar con su abstención un ejecutivo de centro-derecha sobre la base del acuerdo suscrito por los socialistas con la formación de Albert Rivera.

Y todo pese a que las encuestas hoy apuntan que PP y Podemos pierden posiciones respecto al 20-D. Claro que también retrocede un PSOE, que no parece que haya sacado rédito de la decisión de un candidato empeñado en mantener a toda costa la iniciativa política. Sólo Ciudadanos parece haber salido reforzado de este impás al que los ciudadanos asisten entre la fatiga, la pereza y el hartazgo.

Como subraya ‘El Mundo’ en su editorial, este lunes, España no puede seguir mucho más tiempo en esta situación sin poder dar una respuesta firme al desafío que supone el separatismo catalán y sin tomar medidas para hacer frente los inquietante signos de desaceleración económica.

Todo ello requiere de una estabilidad política para mantener la confianza de los mercados y los inversores extranjeros.

Y lo que es más grave, se está poniendo en riesgo nuestra imagen exterior, condicionada por los compromisos internacionales a los que está sujeta España como miembro de la UE y de la OTAN, con una crisis humanitaria a las puertas de Europa y con la amenaza del terrorismo yihadista.

Un Gobierno con las capacidades de acción limitadas no puede estar a la altura de lo que de él esperan ni sus aliados ni los españoles.

Porque esta situación kafkiana que ha convertido la vida política en un bucle de declaraciones que ignora repetidamente la evidencia aritmética ha frustrado las esperanzas de una ciudadanía que creyó ver en la superación del bipartidismo una promesa de cambio.

Pero en lugar de eso, parece que el problema se ha multiplicado por dos. Y no hay un ejemplo más claro de ese empecinamiento en lo imposible, que le lleva a estrellarse continuamente contra un muro, que la actitud de Pedro Sánchez.

El líder del PSOE tras comprobar lo que ya sabía de antemano, que su pacto con Ciudadanos carecía del apoyo parlamentario necesario, inicia esta semana una nueva maniobra en su desesperada carrera hacia La Moncloa (Señores del PSOE, no es lluvia; es pis).

La dirección socialista ha anticipado que el próximo miércoles podrían volver a reunirse Sánchez e Iglesias sin la presencia de ningún miembro de Ciudadanos.

El objetivo no sería tanto reconsiderar la idea de una coalición de izquierdas, sumando a Compromís e IU, sino la de convencer a Podemos de que se incorpore al pacto firmado entre los socialistas y Albert Rivera.

Sánchez continúa dando vueltas sobre su propio eje como un derviche ajeno a cualquier otra realidad que su propia letanía. Este nuevo acercamiento a Podemos, después de todos los desencuentros que ha protagonizado con el líder de la formación ‘morada’, no puede tener por tanto otra finalidad que la de seguir ganando tiempo de cara a unas posibles elecciones en las que él cree que saldría reforzado. Y ello por dos razones.

La primera, la incompatibilidad manifiesta entre los programas políticos y económicos de Ciudadanos y Podemos. Iglesias, partidario de una economía sostenida por el gasto público y defensora del Estado como principal agente económico, ha declarado en más de una ocasión su rechazo al planteamiento liberal de Ciudadanos (ENCUESTAS Y SONDEOS: PP y Ciudadanos suman mayoría absoluta por primera vez tras el 20-D).

Rivera, por el contrario, considera un error desandar el camino emprendido por el PP, que ha conseguido iniciar la senda de la recuperación y convertir a nuestro país en uno de los que más crece de toda la UE.

Por más que Sánchez se empeñe en presentar como compatibles ambos programas, la verdad es que no lo son. Es más, si una pequeña posibilidad de entendimiento era posible hace unas semanas, lo ocurrido estos días en Podemos ha terminado por anular cualquier expectativa.

La purga interna llevada a cabo por Pablo Iglesias, para apartar de la dirección a los sectores más moderados del partido, ha enrocado a Podemos en sus posiciones más intransigentes.

Con un Errejón debilitado, Iglesias y el nuevo ‘número tres’, Pablo Echenique, se negarán a cualquier acuerdo que no pase por darles a ellos el protagonismo en un hipotético gobierno de coalición.

Sánchez, por tanto, debe olvidarse de esa posibilidad e iniciar un proceso de diálogo con el partido que más votos obtuvo en las elecciones del 20 de diciembre. Sobre la base de su acuerdo con Ciudadanos, que en un alto porcentaje podría ser aceptado por el PP, debe facilitar un gobierno de unidad nacional entre los tres partidos que defienden el marco constitucional vigente como el más adecuado, con las reformas que se consideren necesarias, para garantizar la estabilidad política del país.

Tanto él como Rivera saben que negar esa posibilidad nos abocaría irremediablemente a repetir las elecciones. Y eso alargaría la situación de provisionalidad política en la que España lleva varada ya tres meses.

Con respectyoa lo que se avecina y a las reuniones Podemos-Psoe, salvo que la desesperación por conquistar La Moncloa antes de que el PSOE celebre su congreso federal en mayo, lleve a Sánchez a una de sus habituales fintas y desande hacia la izquierda el camino recorrido a la derecha, nada se espera.

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